martes, 14 de febrero de 2012

ANÉCDOTAS: "Te crees tú que no puedes, pero puedes, ¿eh, león?"

Juan Carlos Higuero entró en la Blume un año más tarde que yo. Lo recuerdo bien porque la gente con personalidad se hace notar sin querer. El León de la Blume siempre ha sido un "personaje", en el buen sentido de la palabra (entiéndase "toda una personalidad"). No voy a entrar a describirle en detalle, pues es un atleta muy conocido y carismático, pero sí voy a contar un par de anécdotas suyas de hace ya unos cuantos años (hablaré de memoria, luego se agradecerán apuntes y correcciones si hicieran falta) y, seguramente, me iré luego por las ramas o, mejor, daré la entrada para el que quiera se vaya por las ramas y saque sus conclusiones. 

Gran campeón y gran persona, siempre accesible y amable con los aficionados.
 Recuerdo bien el primer día que hablé con Juan Carlos Higuero. Al poco de entrar él en la Blume, me crucé con él por el recibidor de la residencia. Me dijo: "Clemente Alonso... Tú tienes nombre de campeón". Yo no le conocía mucho, pero le atajé diciendo "Anda, Higuero, no me vaciles". Se puso algo más serio y me dijo, "No, no, hazme caso, que yo de estas cosas sé". "Venga, venga...", así lo dejé estar y quedó enterrado en mi memoria como una anécdota más, nunca más volvió a salir el tema. Nueve años después, en mi último año en la residencia, estábamos cenando unos cuantos de distintos deportes y empezamos a hablar sobre los nombres de algunos ciclistas vascos que eran muy sonoros. Que si Mikel Zarrabeitia, que si Lander Euba, etc. Higuero estaba a mi izquierda y me acerqué un poco y le dije "Jo, Lander Euba, ese tiene nombre de campeón, ¿verdad?" y seguí comiendo como si nada. Higuero asintió por inercia "Sí, sí...", siguió masticando y un segundo después, súbitamente, se inclinó hacia mi lado y, como si yo hubiera intentado "pillarle", me dijo "¡Como tú, como tú, que me acuerdo, eh!". Así pues conozco a Juan Carlos Higuero, no en profundidad, pero sí desde hace mucho. Con los años él sí ha sido un Campeón y yo sigo casi igual de flipado con esto, que no es poco, con los años que han pasado, y sigo con mi nombre de abuelo, a lo sumo, si consigo aguantar, de abuelo campeón.

Poco después de aquello ocurrió la historieta que realmente quiero contar. El Campeonato de España Promesa de Cross de 1999 se celebró en Torremolinos. Los 3 principales favoritos eran Juan Carlos Higuero, Jesús España y Miguel Angel Pinto, un gran atleta y amigo mío de Salamanca. Dio comienzo la carrera y, siguiendo un guión más o menos esperado, a falta de un par de Km quedaban ya los favoritos en cabeza. El podium se iba a repartir entre los 3 candidatos a priori para la victoria. A falta de 1500 en una ligera subida de entre 500 y 700m que acababa donde habían instalado unos inflables publicitarios, España y Pinto vieron como atacaba Juan Carlos Higuero con una seguridad y una fuerza sorprendentes para los 1500m que quedaban. Miguel Angel Pinto, cuando vio aquello, a tanto para el fin, decidió que aquel ritmo era una locura y no saltó a por él.

Jesús España. Una pena no haber encontrado ua buena foto de perfil: da gusto verle correr.
Así pues en torno a 700m más tarde, llegando ya Higuero casi a la altura de los inflables oyó a dos chicas animarle diciendo "¡Vamos Higuero, que te quedan 600m!". "¿¡Pero qué dices!?" pensó extrañado y, en aquel momento, tras ver al fondo la meta, fue cuando nuestro protagonista se dio cuenta de que lo que él había pensado que era el arco de meta no era otra cosa que publicidad inflable, situada en un emplazamiento bien visible, a unos 700m de meta.

La suerte estaba echada, tras un ataque así, levantar el pie para intentar tener otro "punch" al final no tenía sentido, la única salida era intentar rentabilizar la considerable ventaja hasta meta. Así pues tiró para delante y, según él mismo contaba, fue perdiendo paulatinamente su capacidad atlética, presa de esas concentraciones de lactato que sólo los grandes mediofondistas como él son capaces de alcanzar. Empezó a correr cada vez más lento, más pesado y por detrás "olieron la sangre". Higuero siguió luchando y empezó a llevar una carrera rígida, forzada e insegura. A medida que se acercaba a la línea de meta, ni tan siquiera podía ya doblar las rodillas e iba corriendo casi con las piernas tiesas como palos de escoba. A unos 15 metros de meta se le nublo la vista y el resto de la historia la tienen que contar otros ya.
Miguel Angel Pinto, dorsal 182, Mundial Junior Marrakech. Creo recordar que entró primer europeo.
Miguel Angel Pinto, atleta de grandísimo potencial (si hubiera dado continuidad al trabajo hecho y la calidad que tenía...), venía por detrás con unos metros de ventaja sobre Jesús España. Encarando la meta vio como, aparte de la alterada mecánica de carrera de Higuero, éste se acercaba al final tambaleándose para acabar desmayándose justo encima de la línea de meta, donde cayó boca abajo, medio cuerpo pasó la línea y el otro medio, donde estaba el chip, quedó por detrás. Pinto, con la inercia que traía de la persecución fue el primero que pasó íntegramente la meta y consta como ganador de aquella carrera, aunque en la entrega de premios quería que Higuero fuera nombrado vencedor (esto, aparte de mostrar la nobleza y deportividad de Pinto, es lo de menos, sobre todo si consideramos lo que iba a ser el inmenso palmarés de nuestro protagonista en años posteriores).

A esta entrada en meta sí nos tiene más acostumbrados.
 La historia, contada así puede quedar reducida a una simple anécdota, graciosa, donde un atleta que iba a ganar se desamayó encima de la línea de meta, sin más. Juan Carlos Higuero, cuando contaba la historia, la remataba, como sorprendiéndose, diciendo: "La cabeza, eh, te crees tú que no puedes, pero puedes, ¿eh, león?"; había llegado muchísimo más lejos de lo que había esperado al descubrir dónde estaba la meta de verdad . La calidad genética de estos campeones es indiscutible, pero lo que marca la diferencia, no sólo en competición, sino entrenamiento tras entrenamiento, forzando un plus de mejora a cada estímulo, un extra de exigencia y de ambición en cada serie, unos centímetros de más a cada zancada, es, sin duda alguna, la cabeza. Ya hemos dicho alguna vez (y no nos cansamos de repetirlo) que la cabeza siempre está sobre el cuerpo.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Artículos de la revista Triatlón: Tramposos.

Publicaré en este blog, de vez en cuando, los artículos que han ido saliendo en la revista Triatlón, por si alguien, que en su momento no pudo leerlos, pudiera estar interesado.

Siempre he pensado que los deportes de fondo son una metáfora perfecta de la vida. No se trata de ganar carreras, se trata de considerar llegar a tus metas en la vida a través del esfuerzo, del sacrificio, de la constancia, de levantarse tras caer. Cuando me comentan que “fulanito” ha dejado los estudios para entrenar, no es que lo apruebe ni que me parezca la mejor idea. Íntimamente pienso que si ha tenido o tiene los arrestos para mantener una disciplina espartana mañana y tarde, 7 días a la semana, 11 meses al año, para romper sus límites, para resurgir tras cada fracaso (trabajando esa tolerancia a la frustración tan útil para la vida), para conocer sus limitaciones, entrenarlas y sacar partido a sus virtudes, etc. Muy mal no le va a ir cuando “ingrese en la vida real”: sabrá arreglárselas.

En parte, el deporte es eso, y es un activo muy valioso que nos da unas herramientas excelentes para el resto de aspectos de la vida. Todo eso sin hablar de la salud, de los innumerables beneficios que tiene la práctica del deporte por sí mismo y por los buenos hábitos que ayuda a adquirir; sin hablar de la dimensión social del deporte. Resumiendo, al deporte, como forma de vida o como parte de la vida cotidiana, sólo le veo ventajas.


Aparte de lo que es justo, me preocupa qué valores puede transmitir el deporte

Ya he expresado públicamente más de una vez que en este país no se lucha contra el dopaje como es debido. No creo necesario ahondar en esto con ejemplos como el de Bezabeh. La opinión que se tiene fuera de nuestras fronteras sobre la tolerancia con el dopaje está justificada, nos guste o no, a raíz de lo (poco) que las autoridades hacen contra el doping. No digo con esto que nosotros como deportistas (y en general, todos como españoles) nos merezcamos esa opinión, aunque nos toque cargar con ella.

Un cuerpo que ha sido dopado mantiene una ventaja ilícita sobre los demás aun cuando ya no esté siendo dopado (pues ha podido entrenar de una manera que, de forma natural hubiera sido imposible, produciendo unas adaptaciones estructurales no naturales que siempre persistirán en el individuo), sin embargo, aun cuando lo justo sería que nadie participara con una ventaja ilícita, se entiende que todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad, que en mi opinión ésta podría ser a los cuatro años en vez de a los dos.

Lo que es indudable es que hay que perseguir la trampa y castigarla. No tiene ningún sentido que nuestro deporte termine convirtiéndose en el purgatorio temporal de aquellos tramposos que no aceptaban ni cumplían su sanción, en un ejemplo sangrante de impunidad.

Recientemente la FETri ha tomado medidas para que deportistas sancionados por dopaje en otros deportes no puedan competir en el nuestro. Me parece una medida acertadísima, con la que además, como colectivo, damos ejemplo. Por eso medidas como ésta me parece que están en el camino adecuado (aunque sea un camino en el que quedan más cosas por hacer).

Para mí el tema del dopaje tiene que ver más con la ética que con la salud, con esos valores que debe tener el deporte. O sea, se trata de una cuestión de principios. Es importante que el deporte siga enseñando a trabajar por lo que queremos, que nos enseñe a mejorar nuestras debilidades, a aceptar nuestras pequeñas decepciones, a relacionarnos con los demás de igual a igual con lo que la naturaleza y nuestro trabajo nos ha dado, a ver que la trampa o los atajos no tienen cabida, que no todo vale.

Publicado en en número 2 de la revista Triatlón (website www.eltriatleta.es)