jueves, 18 de febrero de 2010

Será que yo lo quiero todo

Sabida es la influencia que ejercen en mí los cambios estacionales. Estos días nublados le dejan a uno desubicado. Si estuviera en una ciudad que no conozco me perdería, seguro. Pero no es la cuestión geográfica la que me llama la atención. Tom Waits tiene un disco que se titula “Rain Dogs”, hace referencia a cómo se desorientan los perros callejeros los días de lluvia, en los que el agua se lleva los olores y con ellos el mapa olfativo de su ciudad canina. Y aunque estoy algo perro para entrenar a ratos con estos días grises de lluvia y barro y tengo una nariz que hace imaginar un olfato superlativo, yo me noto desubicado de otra manera.

Entro en facebook (maldito invento) a curiosear, miro fotos de amigos cuando me pregunto qué han hecho todos estos años en los que no nos hemos visto. Construyo para ellos una vida imaginaria (por inventada y por basarse en imágenes) en la que parece que siempre sonríen y están con sus amigos, en la que parece que siempre viajan a sitios exóticos y disfrutan de los placeres y los días, en la que parece que han creado una familia y han desarrollado su carrera con mayor o menor éxito, con mayor o menor satisfacción, donde parece que tienen la vida resuelta. Está bien si sirve para que recordemos sólo lo bueno; mientras, yo tengo la sensación de vagabundear, que me gusta, pero sólo a ratos.


Ayer bromeaba mencionando a Proust y ahora que lo pienso sigo estancado, por tercera vez en mitad del camino de Swan, es decir, que no he encontrado ni la catorceava parte (que sí, que es una fracción) del tiempo perdido. Tengo un cariño especial por Proust totalmente injustificado en base a lo que de él he leído (me refiero a lo que él ha escrito, no lo que de él se ha escrito). Pero recordando el título y volviendo a lo que me rondaba la cabeza en el párrafo anterior: ¿qué he estado haciendo yo todos estos años?, ¿que pasó con mi tiempo perdido?, ¿por qué no he leído tantos y tantos libros cuyo afán por leer fue intenso pero efímero?

Todo el mundo ha llevado una vida que imagino yo casi idílica en base a esas fotografías sonrientes, en base a esos recuerdos dorados... en base a unos segundos seleccionados al lado del inmeso tiempo desconocido. Está bien, me gusta creer que la gente está contenta con su vida. También lo estoy yo con la mía, ha sido lo que yo he hecho de ella, y con 31 años puedo decir que he hecho siempre lo que me ha dado la gana. Sin embargo, estos días, en los que tan sólo doblo a pie y me paso la mitad de las horas del día esperando a la siguiente sesión, contento por la concentración y el sacrificio que exige preparar una maratón, pienso que podía haber hecho más, que podría haber sido más. Desde que acabé la carrera me hubiera dado tiempo a hacer otra sin problemas, y no creo que hubiera rendido deportivamente menos (quizá al revés). No me hubiera llenado más tener otra carrera, la verdad es que no tengo en muy buen concepto la universidad española (menos aún el resto de la educación española que hace que muchos no distingan entre “acer” y “hechar”), pero al menos tendría la sensación de que he aprovechado el poco tiempo que tenemos, con tantísimo que hay por hacer y experimentar, y no me sentiría un tanto decepcionado conmigo mismo, a pesar de que son elección propia, tardes futiles como ésta.

Por tanto, ¿qué he hecho yo con mi vida? Supongo que he sido razonable en tener cierta indulgencia conmigo mismo, hubo años muy duros estudiando en los ratos en los que no entrenaba (yo no hice deporte mientras estudiaba, fue al revés), durmiendo muy poco demasiados días. No he leído todo lo que me hubiera gustado, pero quizá aprendí algo más de la gente de tú a tú. Quizá entrenar como lo hago yo, me ha dejado a temporadas demasiado cansado como para atender a estas necesidades vitales que parece que tengo. Quizá, pero qué le vamos a hacer, supongo que pienso que todo puede ser mejor, será que yo lo quiero todo.



Al menos me consuela, creo, que he estado fijándome en las cosas, intentando aprender, aunque haya olvidado a ratos que tener los dones de la voluntad y de la acción no es algo para elegidos, si no algo que podemos elegir. Podemos elegir eso o, por ejemplo -una tendencia que tengo cuando estoy muy cansado de entrenar- seguir viendo la tele sólo porque está lloviendo (aunque ponerse a ver llover y perderse en uno mismo fuera mucho más productivo).

Ahora me voy a entrenar, pero cualquier día de estos me pongo con Proust, que ya que no encuentro mi tiempo perdido, a ver ("haber" que se escribe ahora) si encuentro el suyo.