viernes, 31 de julio de 2009

Fijarse en las cosas

Voy tarde a todas partes, y eso que voy con prisas (sigo llegando algo tarde, aunque no tanto como “píter”). En épocas de mucha carga de entreno, me he dado cuenta de que me resulta más fácil ponerme de mal humor y seguir empecinado (y prácticamente obsesionado) con seguir haciendo lo que, por abusar, me empieza a poner de mal humor. Los de Orange me timan y me endosan una factura 7 veces mayor de lo normal que no tendré más remedio que pagar, porque el pequeño individuo no tiene nada que hacer contra las grandes empresas, y estaré disgustado a ratos por eso, hasta que recuerde que se trata sólo de dinero. Y me ocurrirá lo mismo, mientras voy en bici, después de que varios conductores me pasen a milímetros a 150Km/h y, encima, alguno de ellos me insulte (intentaré tener tiempo para replicar con un "¡Que pasé Vd. un buen dia, señor!" como bien indica el Gran Doval), y tardaré un rato en darme cuenta de que no te puedes enfadar con ciego porque no te ve, con un sordo porque no te oye, ni con un imbécil por ser así. Seguiré, azorado, aún teniendo tiempo de sobra para tener una palabra amable con quien se cruce por mi camino, seguiré, digo, con mi rutina diaria como si estuviera enajenado (etimológicamente hablando). Veré mil programas estúpidos por la tele antes de ponerme a leer un rato o escuchar un buen disco, haciéndome más idiota a cada instante (entrenando mi idiotez, que también se me da bien), y me excusaré a mí mismo diciendo que estoy cansado de entrenar o que estoy descansando y me apetece hacerlo todo, por eso, más fácil. Me podrá doler el estómago algunas noches, como cuando estudiaba tantas horas por la noche y abusaba del café, y olvidaré la posibilidad de contemplar la belleza por un rato (o precisamente me dolerá más el estómago por eso). Echaré de menos a alguien con pesar, en vez de sentir tener la suerte de poder echar a alguien en falta, de ser capaz de albergar ciertos sentimientos que me alejan de ser el autómata como el que me comporto muchos dias en los que no recuerdo, o no comprendo, la suerte que tengo de que las cosas sean como son, aunque otros piensen que podrían estar mejor.

Quizá tenga la suerte, en algún momento inspirado que otro, de darme cuenta de que se me olvida fijarme un poco en cómo son las cosas (sobre todo las pequeñas cosas que podría decir DD –al que, aunque no deje comentarios por vago, leo-), fijarme en las cosas que creo que merecen la pena, aunque exista la posibilidad remota de que sean una ilusión, y hacerme un poco el loco con aquellas que no la merecen tanto, por si me da “la loca” de pensar que son importantes. Quizá tenga esa suerte, como la acabo de tener hace unos minutos, aunque luego se me pase, como me ocurrirá de aquí a un rato, como quizá me está ocurriendo ya...


Por eso:




Venga, hecho ya el chiste, ahora en serio:

viernes, 24 de julio de 2009

Basta con disfrutar de todo este tinglado... (y así para todo)

Me dice X que tengo que ser más profesional. No se refiere a cuidar más temas de sponsors, única faceta en la que me esfuerzo por ser más detallista para intentar corresponder. Pero las cosas a las que se refiere a mí me cansan y suponen un esfuerzo mental que no me compensa ya. Llevo muchos años en esto, he llegado a la conclusión de que lo único que me compensa es disfrutar.

En Gran Canaria, llevamos unos dias con calima (ni siquiera sé si se escribe así). No es algo que se vea a simple vista (salvo en esas ocasiones en las que se da en los noticiarios de ámbito nacional, cuando no se ve “un pijo, acho”), pero uno llega por la noche con una molestia en la garganta que no sé sabe de dónde sale. A la mañana siguiente, al pasar el dedo, a falta del algodón, por encima del cuadro, éste se queda negro... cómo quedaré yo por dentro. He aguantado tres dias entrenando así; al final caí con fiebre y lo que empezó en la garganta acabó extendiéndose a los oídos también. Ser profesional hubiera implicado ser listo, cuidarme de la calima y no caer enfermo. Ayer tuve que parar del todo y hoy me había empeñado en entrenar con normalidad.

Me contaba otro amigo, tiempo atrás, que hace años, entrenando por Granada (léase “Graná”), coincidió con una gran grupeta de ciclistas (unos 20), en la que iba Antonio Miguel Díaz (espero no equivocarme con el nombre), un profesional del Mx Onda que se autodenominaba “un jornalero de la gloria”, ese tipo de ciclistas que necesitan de muchísimo esfuerzo y aún más suerte para tener un mínimo éxito en una de tantas escapadas que empiezan, ese tipo de ciclistas de los que injustamente no se acuerda nadie luego porque nunca es el esfuerzo lo que se admira, por desgracia. En un momento dado, este ciclista se echó al otro lado de la carretera y espetó al grupo: “Yo no conozco ningún trabajo en el que no se pare para tomar café”, y acto seguido los invitó a todos a café. Desde que me contaron esta historia es bastante frecuente que yo pare a tomar café (o refresco si hace calor) si tiro para más de 100Km.

Hoy seguía habiendo calima y quería entrenar con normalidad. Después de bajar La Atalaya, empecé a subir desde Telde por Valsequillo y Tenteniguada hasta San Mateo con un calor “de cojones” (he pasado tanto calor que la cabeza no me da para encontrar un calificativo mejor), sintiendo la debilidad y el dolor de piernas típico de haber estado enfermo. Después he bajado, dirección Santa Brígida, con intención de tirar para San Lorenzo y Tamaraceite y de ahí a Teror y Valleseco. Ya noté que la adherencia del asfalto no era la misma estos días que un mes atrás, supongo que, igual que se deposita la calima en mi pecho y mi cuadro, lo hace también en el asfalto. Anteriormente, bajando la Atalaya ya metí un buen derrape de estos que te hacen sonreir y decir “Ándate con ojo, que está peor de lo que pensabas”; vamos, que no te asustas, pero que te hace prevenir posibles sustos, sustos de verdad. Según bajaba, pensaba que no conseguía quitarme la sensación de calor con el aire al bajar y me sentía un tanto mareado. Bajando sólo “juego” con mi carril, pero esa bajada es un tanto estrecha y en una curva me he encontrado un camión de frente en mitad de la carretera y, al tratar de frenar y corregir mi trayectoria, la bici ha vuelto a derrapar y me ha hecho un extraño de esos que se ven en las motos cuando éstas descabalgan a los motoristas (aquí nos salvan los pedales automáticos) y cuando ya me veía estampado contra los árboles y la pared a 50Km/h, de alguna misteriosa manera que no consigo explicarme –pues por el instantáneo camino me hice a la idea de que me la iba a dar y sólo pensaba qué me tocaría en suerte, árbol o pared-, he conseguido controlar la burra (léase “tuve potra y no me la di”). He seguido dejándome caer, cuesta abajo, unos segundos, pálido y con ganas de vomitar del susto y del mareo que traía por el calor.

Como decía, X insiste en que debo ser más profesional. Aprecio mucho a X, más de lo que él piensa probablemente, pues tengo la sensación de ser poco expresivo con mis afectos. Por eso no replico nada cuando me lo dice a pesar de que pienso que le falta información. Información en lo referente a intentar ser "profesional" en este deporte y en este país, e información en lo que se refiere a en qué consideracion tengo yo las cosas, que ya he dicho alguna vez que no tengo muy claro que haya un orden natural para las cosas. Yo he forzado al máximo mis posiblidades, he entrenado tanto y sobreentrenado tanto -que ya es más difícil- que sé donde están mis límites haciendo el burro con los entrenos, estando sólo dedicado a ellos. X, más que trabajar, practica una especie de sacerdocio, por lo que entrenar como él lo hace supone ya un éxito, pero cualquier estudio sobre su rendimiento tiene que hacerse desde la perspectiva de sus circunstancias personales, donde, para mi, todo deporte es ganancia y los tiempos y los puestos son lo de menos. Por tanto no sabe lo que es jugárselo todo a una sola carta y que no te salga bien (y por tanto que quizá, tal y como está el deporte en este pais, no poder seguir), como nos puede pasar a los que nos dedicamos sólo a entrenar (en este deporte llamar a esto profesionalismo me parece una exageración, aparte de una inexactitud).

Soy el único triatleta español que, teniendo opciones, se ha quedado fuera de tres olimpiadas. Y esto esforzándome al máximo, tanto que rendía hasta menos (es de los pocos “trabajos” donde se paga menos ser más currante). Por tanto, y sobre todo a estas alturas ya, yo no necesito ser más profesional, sólo necesito disfrutar de esto, que no es poco.

Cuando por fin pude reaccionar, después de mi amago de accidente, pensando en todo esto que cuento, me he dicho: “¡A tomar por culo! Hoy no entreno más... cuando no se puede, no se puede”. He parado en la primera terraza que he visto, me he tomado una clara y he decidido ser profesional en cuanto a tomarme un descanso “en el curro”, en cuanto a entrenar con cabeza y no perder la sonrisa; para todo lo demás... seguiré dándole prioridad a disfrutar de esto mientras dure, sea por poco o por mucho tiempo, que no es sólo lo que me basta, si no que además es lo imprescindible.

(pedi a la camarera que me sacara una foto, una evidencia gráfica de cómo he entrenando hoy, y aunque en la foto no se me ve brindando, va por todos a los que sólo les vale con disfrutar...)

miércoles, 1 de julio de 2009

ZARAUTZ-NIZA: "Voy mal; ¿qué puedo hacer bien?

Suelo necesitar unos dias para escribir una entrada para el blog, no porque me la quiera currar –pues he visto que gustan más las entradas que me curro menos y, además así, me doy menos tiempo a mí mismo para enrevesarme-, si no porque para hablar de algo necesito cierta perspectiva, no ya porque vaya a cambiar de opinión en algo, si no más bien porque suelen aparecer nuevas apreciaciones, matices que antes pasaron desapercibidos y que enriquecen, o eso pienso yo, la visión de conjunto que pueda acabar teniendo de las cosas. Sin embargo estoy de un vago subido para escribir para el blog; estoy vago hasta para dejar comentarios, que leer sigo leyendo más o menos los mismos, pero no veo que tenga mucho que decir. Así que voy a intentar hablar de Zarautz y de Niza “relativamente pronto”, no sea que pase tanto tiempo que ya no me apetezca ni merezca la pena hablar del tema; además la tónica ha sido similar en las dos y la lección “buena” es la misma también en ambas.

Digo que la situación es parecida porque he llegado al final de esta primera mitad de temporada algo pasado de forma (no “pasado” que te arrastras: “pasado” que no vas igual que hace un mes). El último mes se me hizo muy cuesta arriba.

Por un lado subestimé la mella que hicieron en mí los dos meses que preparé la maratón de Sevilla por eso de haberla preparado sólo rodando. En primer lugar obvié que, de cara a ponerme las pilas en bici, iba a partir de uno o dos escalones por encima (fueron dos), lo que me hizo pensar que a Lanzarote no llegaba y que debía debutar en Niza (6 semanas después de la maratón ya estaba subiendo como en mis “mejores tiempos” de 27’30 en Morcuera). En segundo lugar, por esa prisa de ponerme bien en bici, no descansé lo suficiente y arranque más o menos fuerte con la bici a la semana de Sevilla, no dando tiempo suficiente a mi cuerpo a recuperar. En tercer lugar, al empezar con la bici, el contador de kilómetros estaba a cero en marzo, pero la reserva fisiológica no: llevaré contadores independientes para estas dos cosas, trataré de tener este aspecto más controlado: a un IM hay que llegar fresco.

Por otra parte, mi situación económica me obligaba a correr pruebas con intención recaudadora. Sé que es hipotecar en parte la preparación, pero como ya me había gastado las becas que recibo de los entes públicos salmantinos (que no particulares y “humildes” como el Club Triatlon Salamanca, que ha hecho un gran esfuerzo que agradezco para que pueda volver a correr en casa) y de Castilla y Leon (que ascienden a la cuantiosa cifra de 0Eur –igual que cuando gané el último Cto. de España de LD-), pues no me quedaba otra. A todas fui con una descarga parcial e insuficiente. La idea era que formarán parte de la preparación, como un entrenamiento de calidad, pero con un dorsal puesto uno siempre exprime la máquina y lo que pasa de cierto umbral no te entrena, te destruye en cierta medida. Así, que si vas sin recuperar del todo, vas destruyendo de entrada y, por tanto, tardas el doble en recuperar: se acaba convirtiendo en un círculo vicioso. Ergo, cada vez corría más cansado y tras Maresme empezó, poco a poco, el declive de mi forma (en bici sobre todo, que ha sido lo que más me empeñé en trabajar; nadando y corriendo he alcanzado mínimos históricos de volumen e intensidad… espero que ese trabajo en bici salga en la segunda mitad de la temporada).


ZARAUTZ

Así, pues, llegaba a Zarautz, con 800Km de miércoles de la semana anterior a martes de la semana en cuestión… ¡para qué!, así se me hizo larga hasta la natación. Además, para acabar de completar la cosa, llegué hora y cuarto antes de la prueba por pasar dos horas en un atasco desde Donosti a Zarautz: tenía pensado calentar de lo cansado que me veía, pero no pudo ser. Nada más empezar a subir Meagas me avisé a mí mismo “Prepárate, porque hoy va a ser un dia de esos de sufrir sin parar en la bici”. Sin fuerza, sin cadencia, sin ritmo: mal.

En situaciones de estrés o peligro vital los animales pueden reaccionar de dos formas: huida o ataque. Es por eso que a veces, cuando las cosas se ponen feas, uno oye una voz interior que te pregunta qué haces ahí, que te recomienda (te pide, te ordena) que te retires o que aflojes… no suelo hacer mucho caso de esa voz, pero me importuna sentir que está ahí, que es la muestra evidente de una debilidad interna (aunque sea sofocada), de impotencia, de falta de coraje, de no estar a la altura de las circunstancias, de que existe la posibilidad de que la cobardía se apodere de uno, es decir, de no estar a la altura de lo que uno espera de sí mismo, que, en resumidas cuentas, uno es casi la única persona a la que hay que intentar no decepcionar.

“Vale voy mal, es un hecho, pero qué puedo hacer bien, qué me queda”. Acabé la bici como pude con la intención de bajar de 1h10’ en los 20Km (ya hice 1h10 “algo” el año que gané). Con la remesa de minutos que me habían caído el puesto sería el mismo, pero qué era lo que podía hacer a esas alturas: correr, y entregarme: lo que hago, esforzarme por hacerlo bien.



Después de Zarautz tenía ya la mosca detrás de la oreja de si había tensando demasiado la cuerda, de si no estaría medio rota ya. Con dos semanas de puesta a punto (o tapering) uno nunca sabe si va a levantar el vuelo; ahí la incertidumbre otra vez. Cuando alguien me preguntaba qué tal, mi respuesta era “pregúntame el domingo a la tarde”.


NIZA

¡Qué ganas de empezar un triatlón a las 6h30 “du matin”! Es lo que peor llevo, nunca me gustó madrugar, por mucho que me sienta bien luego cuando he aprovechado la mañana. Gracioso ver como nos acercamos todos al agua andando como ese gran olvidado, Chiquito de la Calzada, sobre los cantos rodados de la Côte d’Azur, cantos que nos recuerdan cómo vamos a terminar al cabo del dia; es gracioso si se ve después, en competición cómo corremos por encima de esas piedras como si fueran de goma y cómo cojeamos al dia siguiente por eso, sin saber bien de dónde viene el dolor de pies.



La salida me pareció algo rápida. Fui en cabeza sin forzar de más (porque no calenté) hasta el 1500 más o menos, donde me pasó Marceau; yo abri la brecha y él puso ritmo para aumentar la diferencia hasta el 3300 más o menos, momento en el que aflojó bastante y yo me pusé en cabeza casi sin querer y apreté para intentar aumentar la ventaja: cuanto más tarde me cogieran mejor, me daría tiempo a entrar en el puerto a mi ritmo e intentar ir progresando: ¡qué iluso! No tenía intención de seguir a Marceau e hice la transición con calma, calcetines y todo (primera y última vez). Fui sólo hasta el 25, donde algunas cosas de la prueba empezaron a parecerme vergonzosas.

Faure, el principal rival de Marcel Zamora, se había llevado un “sparring” a Niza que no iba a correr a pie y que “le iba a ayudar en la bici a desestabilizar a Marcel” (palabras textuales publicadas en “Nice Matin” el dia de la prueba: ¡con dos cojones!). A lo lejos (pues me acercaba y alejaba de ellos yendo a mi ritmo) podía ver cómo se iban dando relevos mirando para atrás a ver si venía el juez, que estaba ocupado riñiéndome por invadir un poco el carril contrario en una curva en la que entré pasado. Vergonzoso lo de estos dos triatletas y su crono por equipos (iban con la misma ropa) y lo del juez encargado (que hasta le cogía los bidones a Faure). ¡Hay que intentar tener algo más de clase, hombre! Yo llevaba peor ritmo subiendo el primer puerto y les iba perdiendo de vista. Marcel en el 55 me pasó como una flecha, sin crisparse y sabiendo que iba a cogerlos, me impresionó. Detrás vendrían Galindez y el francés Billeau, que me pasaron en mi peor momento. Se fueron y me lamenté de no tener contacto visual con ellos para poder apurar mejor las curvas en la bajada… “Vale, voy mal, ¿qué puedo hacer bien?”: Aguantar y a por cadáveres luego (si tú no eres uno).

En Niza hay que guardar un cartucho para los últimos 25 que son de llano y entra mucho aire, yo no lo tenía y me debió caer más tiempo ahí; la verdad es que yo ya iba pensando en correr.

Después de otra transición tranquila empecé a correr con las piernas mejor de lo que esperaba, pero con la sospecha de que tenía que haber metido más geles en la bici. La primera me la di para entonarme, la seguna y la mitad de la tercera corriendo a buen ritmo (Marcel y yo nos cruzábamos prácticamente en el mismo sitio). Poco antes del 30, cuando por el ritmo que llevaba veía la posibilidad incluso de alcanzar al 2º, me di cuenta de que no había comido lo suficiente en bici y que me tocaría aguantar.

Digo aguantar, porque sufrir es más cuando el ritmo es intenso o la destruccción muscular grande, yo sólo iba vacío, y tocaba aguantar como en los raids cuando ya vas vendido. He estado con problemas gastrointestinales (asociémoslo a un tránsito excesivamente rápido y líquido para no entrar en más detalles) que quizá tuvieran que ver con mis últimos 12Km a pie. Una vez superados me siento muy recuperado y con la molesta sensación de que no pude exprimirme del todo a pesar de estar contento con el resultado: supongo que esa será mi novatada.

Al final pasé a Marceau en el 34, pero no tenía de donde sacar para ir a por el podium. Otro 4 puesto como en Zarautz. Marcel no ganó, dominó. Marceau con un par: chapeau.

¿Lo malo? Ver en ambas pruebas que la gente no respeta la legalidad por una competitividad “poco escrupulosa” y desvirtúa la prueba por uno o dos puestos más. Pienso que a uno quizá le compensa pensar que intenta hacer las cosas con bien, con elegancia y deportividad (entendida en el sentido británico de la palabra “que no va a ser malo todo lo inglés”, incluso si es un medio escocés el que lo dice). ¿Lo de los “pro” franceses en Niza y en el mundial LD del año pasado? Debe ser que no piensan que lo que hacen está mal, que es ilegal (tanto como saltarse una boya) o que simplemente queda feo; eso o que no tienen vergüenza.

¿Lo bueno? Todo lo demás. Principalmente cosas que aprendí de cara al entrenamiento para IM, a comer y beber en IM, y el enfoque mental que consigo sacar en competición a pesar de las malas sensaciones.

Ahora toca descansar. Después de algo que preparas durante tanto tiempo, la sensación es un tanto rara; me ocurrió lo mismo al terminar la universidad: "pues ya está ¿y ahora qué?" En octubre debutó en Kona (por cierto, mi compañero de viaje, Pablo Israel Rodriguez, AKA “John Cufas”, que consiguió levantar el vuelo de Elche a Niza, hizo un carrerón y también se hizo con una plaza para Hawai: ¡¡Enhorabuena!!).

“BENEFICIOS COLATERALES”

Zarautz: poder quedarme en la increible casa de Cris y Berti, añorado compadre, en Donosti. Disfrutar de Donosti con la “vespuca” del compadre, unos dias tranquilos con la mejor compañía, que tanto echo en falta.

Niza: “Píter”, mi mejor compañero de entrenamiento y gran amigo, Pedro, “cuchillero” de toda la vida y gran amigo, raider y fenómeno, y la bestia parda de mi hermano, Michael, se metieron la “calcetinada” (esto es terminología cuchillera) automovilística de ir desde Salamanca en coche hasta Niza el sábado, estar allí unas 30h, salir de fiesta, animarme durante el IM como si todo lo demás nunca ya más fuera a importar, tanto que se ponían los pelos como escarpias, y volverse el lunes de madrugada para Salamanca: otro ejemplo claro de vitalistas prácticos. Muchas gracias chavales, sois unos fenómenos: ¡PARA VOSOTROS ES LA VIDA!


* * *

El IM tiene algo de solitario y de silencioso. Yo debo llamadas y correos a mucha gente, ultimamente estoy poco hablador e internet me cansa mucho, por eso, hablando de Marcel y de Marceau, yo me conformo con hacer mi carrera en silencio, envidiando el sobrenombre que le dieron a M.M., el Maestro del Silencio.




(este vídeo del Maestro del Silencio va para Isadora, que también guarda últimamente silencio, para que dome aquello que le hace querer estar callada y que nosotros la echemos de menos)