miércoles, 29 de abril de 2009

Incertidumbre

Ya he dicho alguna vez que la música, las matemáticas y la física son algunas de mis vocaciones frustradas. La mar es otra, pero esas otras tres están relacionadas, pues su esencia es la matemática pura, la perfección limpia y redonda de los números y de lo que es (me refiero al “lo que es, es y es imposible que no sea”), que para mí es oscura e inalcanzable (y por tanto mucho más atractiva), por lo que no me siento muy capacitado ni para opinar ligeramente.


Sin embargo hay personajes históricos de la ciencia a los que se les tiene cariño sin tener conocimientos suficientes como para que ese cariño sea legítimo, si es que el cariño necesita tal cosa. Uno de ellos, aparte del Grigori Perelman, del que quizá haga una entrada algún dia, es Heisenberg, por su Principio de Incertidumbre (o de Indeterminación). Podría dar una definición chusquera de lo que supone dicho principio en lo que se refiere al movimiento y posición de las partículas, una definición de secundaria, pero a mí ya me gusta este hombre sólo por el nombre que le dio a dicho principio.

Se hace un enfoque distinto de la incertidumbre según la personalidad del que la juzga. A mí la incertidumbre me parece un condimento fundamental para la vida. Esta palabra tiene cierto peso filosófico y lo asociamos de una forma casi automática e intuitiva al existencialismo. A mí la incertidumbre no me parece una carga existencial pesada. Me parece un aliado fundamental de la ilusión. Cierto es que también lo es del miedo, de la desesperación. Podríamos decir, inventando términos, que es un potenciador de emociones, pero como hemos quedado aquí que somos vitalistas (o al menos yo pretendo serlo), vamos a aplicarnos el cuento de Monty Python en La Vida de Bryan de: “always look on the bright side of life”. No prepararía de la misma manera Niza, con la misma ilusión casi infantil, si supiera que me va salir bien, así como no es tan divertido ganar un juego sabiéndolo amañado. No nos llenaría tanto, p.e., aprobar un examen del que sabemos las respuestas, o encontrarnos con el amor, sea “eso” lo que sea, sin esa incertidumbre previa del “cortejo” (si me dejáis usar una palabra descastada), sin dudar qué pasará. Es la que baña de misterio lo que hacemos cuando lo hacemos, y le da cierta magia al resultado final.

Así pues, si nos ponemos con el triatlón, aunque sea sólo por un rato, la incertidumbre es un componente fundamental. Yo tradicionalmente me he pasado entrenando y tengo en mi “curriculum” petadas de campeonato por no respetar el descanso que mi cuerpo necesitaba. Últimamente voy siendo más prudente y programo descansos obligatorios aunque subjetivamente no crea necesitarlos; esos dias me subo por las paredes, pero, por el momento, parece que aguanto mejor y cuando entreno después me quito bien la espina del “dia perdido” (ahora digo “dia invertido”). No quiero pecar de soberbio diciendo que no volveré a reventar (de hecho, me “mosquea” haber ido tan bien el domingo en Elche), pero al menos estoy prevenido.


Me tomé Elche como un entreno de calidad, como colofón a tres semanas en Gran Canaria trabajando un bloque especifico de bici (casi todo extensivo salvo por los aeróbicos medios de las subidas de la zona), haciendo un par de sesiones de carrera y otro par de agua a la semana. Me lo tomé como un entreno de calidad no por falta de consideración a la prueba, que tuvo un nivel organizativo y de participación espectaculares, si no porque, por el momento de mi preparación, me parecía excesivamente ambicioso pensar que iba a estar competitivo con los entrenos que había hecho (me refiero a la intensidad, no al volumen). Así, acudí a Elche con cierta incertidumbre, sobre todo porque de lunes a miercoles metí el arreón final (no tanto como ha dicho Parrita en TriatlónChannel). Perdí el vuelo de vuelta y tuve que volar el mismo sábado. No le di muchas vueltas a eso porque iba con la idea de hacer un buen entreno e intentar colarme en el podium. Para mí, sin duda, el favorito era Mikel Elgezabal.


Aparte de todo esto que cuento, para acabar de hacer las cosas como no hay que hacerlas, estrené traje de neopreno (por cierto, muy contento con el Erox), que me acababa de llegar por correo: o sea, más globero e improvisado imposible.


Hablo de estas cosas porque creo que nos ha pasado a muchos alguna vez. Vas a una prueba pensando que “la vas a cagar” y ya te limitas de entrada. Yo en los 30 primeros kilómetros pensaba que no se podía ir peor (los "powertaperos" se me echarán encima y me dirán que no manejo datos objetivos, ggg ;-), yo les digo que por el momento sigo siendo algo hippy para esas cosas y prefiero conocer mis sensaciones igual que los marinos predicen el tiempo mirando el horizonte, sin que por ello deje de apreciar los potenciómetros como una herramienta útil). Miraba los desarrollos, la velocidad y, sobre todo, cómo me dolían las piernas, y el diablillo ese que sale en el hombro me empezó a decir: “¿Pero tú que te crees?, ¿Superman?, que llegas la noche antes, estrenas neopreno, te machacas toda la semana ¿y te extrañas de ir hecho una mierda? Retírate hombre, qué haces aquí!”. Menos mal que a este personajillo no le hago mucho caso (tan sólo cuando me dice en bici: “mira esa cuesta de allí, seguro que no es muy larga, ¿por qué no vamos a ver?”).


En la prueba, cuando llegamos a un punto de giro y empezamos a cruzarnos con otros triatletas, vi que las referencias se mantuvieron y que cada uno estaba en su sitio. Después de ir entonándome mantuve bastante bien y Mikel me cogió más tarde de lo esperado (Mikel va en bici que cuando te pasa te gusta mirar la planta que lleva, vamos que no es que te guste que te pase, pero casi). Corriendo, por esas cosas de la trasferencia de la bici y del fondo remanente de la maratón, me encontré bastante suelto y pude regular, porque tengo intención de correr (arrastrarme probablemente) en Fuente Alamo este sábado (ahora mismo lo veo muy complicado: no es incertidumbre, es por hoy una certeza).


La cosa es que por un lado estoy bastante contento, por otro algo mosqueado, porque no esperaba ir tan bien y no sé si habré adelantado sin querer mi preparación; pero eso ya he decidido meterlo en la buchaca de la incertidumbre, la misma que me hizo dudar los primeros kilómtros de bici, la misma que me hace estar tan contento de las horas de bici, y las que no son de bici, pasadas en Gran Canaria.


Quizá he rendido bien porque desde que trato mis arritmias me estoy notando mucho mejor y quizá por eso parece que he vuelto a rendir donde dejé de hacerlo después de 2004. Veremos en qué queda todo esto: incertidumbre.

* * *



Los halagos debilitan, así como tener la cabeza en los “exitos” en vez de en el trabajo previo realizado. Por eso, aparte de la foto de Heisenberg y la de la “incierta” salida de elche, las fotos son de mi concentración de bici en Gran Canaria, donde seguro que se arrepentirán de haberme tratado tan bien. Yo mientras, sólo puedo estar agradecido.