jueves, 26 de febrero de 2009

42195m. Tin Man, la desconexión temporal y la otra mirada de los mil metros.



























Llevaba ya unos años con ganas de correr una maratón. De hecho estaba inscrito para correr en Donosti en 2005, recién llegado de Nueva Zelanda, pero perdí el avión en Londres y tuve que coger otro con destino a Granada, a casa de mi hermano. Mi maratón tendría que esperar.



Empecé a entrenar este año, tras tanto achaque y sedentarismo, después del puente de la constitución por orden expresa de mi cardióloga y al poco comencé a tomar el antiarrítmico que tomo actualmente a dosis muy pequeñas (flecainida). A finales de diciembre corrí la San Silvestre, haciendo de sparring, donde me vi francamente bien para llevar poco menos de tres semanas luchando por bajar unos kiletes. Se me calentó la cabeza y me pareció buena idea poner a prueba este antiarrítmico con una maratón, que supone bastante menos entrenamiento que un IM, como los dos para los que estaba inscrito el año pasado y que no pude correr en última instancia,después de haber machacado, por culpa de mis arritmias. Consulté fechas y me decidí por Sevilla; además de ser plana y del clima benévolo, sería campeonato de España y habría más grupetes intermedios, para evitar correr solo.

No voy a hablar mucho de los entrenamientos, que dos meses y medio no dan para mucho. Fui subiendo volúmenes e incluso hice un ciclo de impacto de volumen extensivo, por puro gusto y que no me sirvió de mucho más que para darme el capricho y reventarme un poco más de la cuenta. Aparte de rodar a 4’30 oyendo música, 2 ritmos, 2 umbrales y dos dias de cuestas y técnica. Aún así el último entreno de ritmo, a modo de test y algo largo, me hizo sentir seguro con la posibilidad de correr a cierto ritmo mucho tiempo, ritmo al que le sumé, por prudencia, 5” por Km para decidir mi ritmo de carrera.

La Maratón tiene algo especial. He tardado unos dias en ponerme con esta entrada, para ver si con la sedimentación de ideas e impresiones consigo saber qué es. Estoy poco más o menos, sigo sin saber exactamente qué es y quizá alguno pueda darme una idea. Pero sigo con la certeza de que tiene algo especial.

Voy a procurar no hacer un relato tacométrico porque he de confesar que incluso me aburro a mí mismo cuando lo hago. . Sin embargo, cosas que pasaron por mi cabeza tienen un paralelismo con lo que sucedía en carrera, y esas sí las quiero contar. Aún así seguro que será demasiado largo

En primer lugar, decir que creo que ha sido un acierto por mi parte hacer tantos rodajes sin reloj (sabía el kilometraje de mis circuitos), dedicado a escuchar a mi cuerpo. Creo que he llevado un ritmo de lo más uniforme, a pesar de que las marcas de kilómetro en el circuito de Sevilla no tenían todas 1000m, de las pocas pegas que le puedo poner a la prueba.

Los prolegómenos de la carrera, muy distintos, un ambiente muy distendido (el rival son 42195 metros), algo de frio y la suerte de haber coincido, ya durante todo el fin de semana, con dos personajes, cada uno a su manera, como son Atalanta y Santi Pons, jaramuguiles de espiritu. Empezabamos ya muy bien.

La carrera. Salí, sin saber muy bien cómo los dos primeros kilómetros, y me vi en el grupo de la primera mujer que llevaba dos sparrings e iba como una bestia. Ibamos corriendo a 3’23 más o menos. En el dos o el tres apareció Pablo Villalobos, que se había ofrecido generosamente el dia antes, viendo la pista cubierta, a acompañarme unos cuantos kilómetros (hasta su hotel en el 17). Aguanté con ese grupo hasta el Km5 aproximadamente. Iba sobrado, pero había decidido salir en torno a 3’28-3’30 hasta la primera media: les dejé ir. Para los que somos algo temperamentales corriendo no es nada fácil hacer esto. Pasados unos dias, sigo pensando que fue un error, visto a toro pasado, pero en ese momento era lo que tenía que hacer. Se me iban a unos 2”-3” por Km y yo, mientras, a pesar de que Pablo corría a mi lado, estaba expuesto al aire, que no era excesivo, pero todo suma.

Corríamos Pablo y yo, de no ser por la compañía que nos hacíamos, en total soledad por algunas calles y ya pasados algunos kilómetros, pues por delante el grupo llegó a sacarme 35” en el Km17 y por detrás no venía nadie. Pablo decidió acompañarme hasta la media y además se puso delante en la recta que va de Santa Justa a San Pablo (creo que es la Av. Kansas City, me encanta el nombre de esta calle de Sevilla) para taparme el aire, cosa que se notaba bastante y que agradecí mucho. A partir del 18 íbamos recortando, pero siempre con la misma sensación de esfuerzo, quizá nosotros empezabamos a entonarnos y el grupo aflojaba algo. Todo el tiempo “controlándome”.


Las sensación que tenía a partir del 18 era de control y automatismo, estaba aislándome de todo, a pesar de que Pablo iba a mi lado. Pablo me dejó en la media con un tiempo mejor del que yo esperaba. No voy a decir que no tuviera dudas, pues era mi primera maratón, pero estaba seguro de que ese era el “ritmo fisiológico” que había previsto antes de correr, quizá incluso más flojo de lo que había previsto.

Cogí al grupo otra vez en el 27, después de 25Km chupando algo de aire (“excepto en Kansas City”) y con una sensación de absoluta soledad, con la sensación de no necesitar nada, de no echar de menos nada, con la sensación de estar haciendo lo que quería hacer y como quería hacerlo. Aislado de todo, desconectado del tiempo y de la realidad. De diversas preocupaciones que pueda tener cotidiana y últimamente en mi cabeza sólo una asomó una vez y fue algo fugaz; “las partes de mi cabeza” que podían ayudarme a correr, lo hacían, las otras descansaban. Como dice la canción “Nothing Else Matters”. Puede que fuera a ratos en eso que hemos venido a llamar aquí alguna vez, estado “flow”; lo echaba de menos.

A partir del 29-30, creo que todo el mundo va con más o menos achaques. Yo debutaba y decidí aparcar las dudas, que creo que son naturales a ciertas alturas de carrera en un principiante, y me dedique a pensar kilómetro a kilómetro. Así me lo repetí alguna vez: “Tú, kilómetro a kilómetro”. Ya he comentado esto alguna vez, en “La chaqueta metálica” se habla de “la mirada de los mil metros”; aquellos que vuelvían del frente tenían una dureza en la mirada que parecía atravesar a las personas, como si miraran a mil metros vista: lo llamaban “la mirada de los mil metros”. Mi amigo Juanma, cetólogo en el Estrecho, se embarca a veces con los pescadores de la zona, de los que dice que tienen una mirada dura y agudísima para la mar, enfocada habitualmente al horizonte, como la que yo pienso que tienen todos los marinos. El domingo pasado descubrí otra mirada de los mil metros, ligeramente unas centésimas de segundo menos horizontal que la de los marinos, la mirada que del 30 al 40, de hace buscar el siguiente mil, “la otra mirada de los mil metros”. Tú, kilómetro a kilometro…


Seguí con el grupo hasta el 34, a pesar de que en el 30 sentía que podía correr facilmente a menos de 3’20. En el 34 eché mis cuentas y para bajar de 2h26 había que apretar. Tiré y me llevé a dos atletas catalanes (Sergi Rodriguez y Cristofol Castañer) que no pudieron relevarme en los tramos de más viento, pero que a la postre iban mejor que yo (de hecho luego me dejaron, aunque también me agradecieron que le echaramos valor al asunto). No fue impulsivo, yo estaba en “modo auto” y podía permitirme echar cuentas en marcha: para bajar de 2h26 había que apretar. Los últimos 4Km empecé a notar el cansancio, algo vacío. Nada del otro mundo, nada de muro. Pienso que tenía que haber llevado algún gel más (peso bastante más que los atletas). Simplemente baje de 3’22-23 a 3’30-32 y de mejorar unos 20” la segunda media pasé a perder unos 15”. No me importó nada, estaba más que satisfecho y había hecho todo lo posible.


No puedo decir mucho de lo que sentí al entrar en meta, dándome el lujo de apretar y disfrutar la pista (cosa que me hacía ilusión), creo que vale con ver la foto. En la alfombra azul decidí, a pesar de estar bastante emocionado, que no iba a llorar; eso lo dejo para cuando termine mi primer Ironman. Creo que sólo he estado más contento cuando gané Zarautz y, aunque no es una victoria total, para mí es un pequeño éxito parcial, a la espera de lo que esté por venir, que me gustaría dedicar, con humildad, a la Dra. Boraíta y colaboradores por la impagable atención prestada estos meses de atrás.
¿El corazón? Lleno, funcionando y echando de menos todo lo que está por venir...

Gracias por los apoyos de estos meses de atras: se agradecen de corazón.

martes, 17 de febrero de 2009

La deriva, la curiosidad y el "ahí tiene que haber algo"

Hoy voy a escribir por fin una entrada, una entrada de las mías, larga en cierta manera e imposible, poco compatible además para su lectura íntegra en el trabajo. Voy a hablar una vez más de música.

Con 14 años se puede decir que, aparte de una época con una devoción pasajera por Elvis, mi interés por la música era el interés de un ignorante. Por estas cosas del azar, la rebeldía adolescente y el estreno de la película de Oliver Stone "The Doors", tuve una enganchada fuerte con ese grupo. Una enganchada fortuita pero total, hasta hacerme con toda la discografía y un motivo más y un antecedente cultural para seguir siendo un rebelde, esa rebeldía peripuberal que ni padres ni hijos acaban de entender, sin saber que se pasa sola.

Siempre he sido muy curioso. Me cuesta entender que se pueda pedir disculpas por ser curioso (más bien debiera ser al revés). Ramiro, un profesor de inglés que tuve en 2º de BUP del que guardo muy buen recuerdo, me pasó una serie de discos entre los que estaba "Bossanova" de The Pixies. Como soy curioso le di una pegada y me encantó. Sin saberlo, Ramiro me abrió las puertas de la música, cortó la cuerda que me anclaba a la ignorancia musical; si no hubiera sido por él quizá hubiera sido más tarde, pero el caso es que fue él. A partir de aquel momento fui a la deriva, bendita deriva.

La deriva comenzó por toda esa cultura underground/grunge que estaba en el lado B de la moda de aquel entonces. No era nada del otro mundo. Lo bueno son los puntos de conexión con otras músicas y como por ahí, gracias a la curiosidad, tuve oportunidad de fugarme hacia nuevos mares.

Le comentaba hace poco a Diego, "el chulo", que me había pisado una entrada que iba a hacer sobre Miles Davis. Me pidió que la hiciera. No la voy a hacer, pero al menos hablaré un poco de cómo entra la música en nosotros, en función de nuestra historia, en función de nuestra personalidad, o incluso la de nuestros amigos; y sí hablaré un poco de Kind of Blue, pero poco.

Hablaba hace poco con Nacho, que aparte de triatleta también canta, sobre el handicap que resulta no tener formación musical, como es mi caso. Mis primeros coqueteos con el jazz fueron en COU. Me intrigaba. Oía cosas sin saber si me gustaba mucho o no, pero siempre con la sensación de que ahí había algo. Cayó en mis manos, por casualidad, la BSO de "Ascenseur pour l'echafaud", la película de Louis Malle cuya música compuso Miles Davis y que me harté de escuchar. De ahí, también algo por influencia de escritores beatniks que me dio por leer, pasé al be bop y ya a la deriva con el jazz también, con los años pasé a Coltrane, Billie Hallyday, Oscar Peterson, Django Reindhart, etc. Siempre con la sensación de que ahí había algo más que no lograba ver/oir. Es quizá que por eso siempre vuelvo y tengo una época jazz cada X tiempo. Es quizá por eso que he tenido la suerte de derivar hacia todo tipo de músicas, pasando incluso por encima de mis prejuicios, como con la música de baile (donde he podido ir desde Laurent Garnier, pionero, hasta cosas más comerciales como los Chemical). Todo por ser curioso, por tener la idea peregrina, obviando ideas preconcebidas, de que quizá ahí había algo.
Ahora mismo Flamenco Sketches, del disco Kind of Blue de Miles Davis es la música con la que empiezan mis sueños últimamente, el resto de la banda sonírica va a la deriva, como yo, y depende de mi caprichosa memoria.

Lo que tiene esto de especial, aparte del disfrute y el enriquecimiento personal, es que todos mis sentimientos y emociones tienen una banda sonora y la música que me llega será la banda sonora de los sentimientos y emociones de ahora y de un poco más tarde, que pensar mucho más allá hay veces que supone demasiado esfuerzo. Últimamente ando buceando en mis recuerdos, buscando canciones olvidadas, algunas son tristes, otras alegres, otras me gustan sin más. Pongo aquí algunas de esas canciones.
Como podéis ver, no me he cerrado tampoco a crooners, funky, obviamente rock, músicas exóticas o rarezas, etc., siempre amparándome en la sospecha de que quizá ahí había algo. Os pongo una pila larga de canciones a continuación, no con la intención de que las escuchéis, si no por si se da la casualidad de que alguien siente, súbitamente y sin saber por qué, curiosidad...


"Chez le photograf du motel", Miles Davis




"Bone Machine", Pixies



"Les mots d'amour", Edith Piaf



"L'Appuntamento", Ornella Vanoni




"Parlami d'amore Mariù" (no sé quién canta, es mejor la versión de Achile Togliani)




"Por qué te vas", Javier Álvarez




"Rosa María", Camarón




"Beki miri" Amadou et Mariam




"Weather Storm", Massive Attack




“Vesti la Giubba” de Il paggliachi, Pavarotti




"Days Go by", Dirty Vegas



"Flamenco Sketches", Miles Davis




"I've got you under my skin", Frank Sinatra




"The bottle", Gil Scott-Heron




"Hotel California", Gypsy Kings




Tom Waits, Blue Valentine



"Hey Joe" Jimmy Hendrix




"Powderfinger" Neil Young & Crazy Horse




"Baby", Os mutantes




"Redondo Beach", Patty Smith

Más que pedir disculpas por esta ristra de canciones prefiero alcarar que no he puesto ni la milésima parte de lo que me apetecía poner. Un saludo a todos.