lunes, 21 de diciembre de 2009

Nuevos horizontes creativos

Hoy vislumbro nuevos horizontes creativos. Venimos de conocer un poco más a Pessoa, pero hasta llegar ahí el viaje es largo. No pretendo llegar tan lejos, y aunque no sé hasta dónde soy capaz de llegar, hoy inicio mi andadura creativa desde abajo del todo, con toda humildad, olvidándonos de que hemos tratado aquí alguna vez a Shopenhauer o de que hayamos mencionado alguna vez de pasada a Wittgenstein. Vamos a intentar hacer cima, pero partiendo del campo base...

Creo que soy capaz de componer yo sólo mis propias canciones, e intentaré desaforadamente ser capaz de poner título a mis propias canciones, por difícil que resulte; creo que puedo:



Podría hablar de si soy más raro que un perro verde o tan normal como una rana verde, y reivindicarme y disfrutar de mí mismo como hace Kermit:



O podría hablar de si soy bueno, malo o peor, de si hay un monstruo en el espejo o no:



Y al final, terminando de montar este campo base,intentar bailar yo mis propias canciones, aún a riesgo de faltar al respeto con esto a los demás (de la última vez aún hay gente que no me habla), con mayor o menor éxito, pero sólo, sólo, de una manera exagerada que manifieste claramente cómo hay que tomarse la vida:



Creo que dejo así, de esta manera tan sobria y tajante, clara y firmemente asentadas las bases desde las que partiré en pos de nuevos horizontes creativos...

miércoles, 16 de diciembre de 2009

El invierno y Pessoa, Pessoa otra vez.

Me he vuelto a topar de golpe contra el invierno; cosas de la vida moderna. Ayer revisión en el cardiólogo, según parece, todo cosas por tener demasiado corazón, dejémoslo así, que me gusta cómo suena. Pero hoy yo lo que estoy es cabezón (entiéndase estúpidamente trascendental) y si el médico me viera esto (o pudiera observarse en un Holter emocional, valga el susto) me diría que yo lo que necesito es un poco de Pessoa/Alberto Caeiro. Y aunque queda en portugués, como realmente suena bien, aquí van algunos versos, los que mejor me van (entiéndase que me esfuerzo por ajustar la dosis del medicamento):

[...]

Mas a minha tristeza é sossego
Porque é natural e justa
E é o que deve estar na alma
Quando já pensa que existe
E as mãos colhem flores sem ela dar por isso.

[…]

Pensar incomoda como andar à chuva
Quando o vento cresce e parece que chove mais.

Não tenho ambições nem desejos
Ser poeta não é uma ambição minha
É a minha maneira de estar sozinho.

[…]

O meu olhar é nítido como um girassol.
Tenho o costume de andar pelas estradas
Olhando para a direita e para a esquerda,
E de, vez em quando olhando para trás...
E o que vejo a cada momento
É aquilo que nunca antes eu tinha visto,
E eu sei dar por isso muito bem...
Sei ter o pasmo essencial
Que tem uma criança se, ao nascer,
Reparasse que nascera deveras...
Sinto-me nascido a cada momento
Para a eterna novidade do Mundo...

Creio no mundo como num malmequer,
Porque o vejo. Mas não penso nele
Porque pensar é não compreender ...

O Mundo não se fez para pensarmos nele
(Pensar é estar doente dos olhos)
Mas para olharmos para ele e estarmos de acordo...

Eu não tenho filosofia: tenho sentidos...
Se falo na Natureza não é porque saiba o que ela é,
Mas porque a amo, e amo-a por isso,
Porque quem ama nunca sabe o que ama
Nem sabe por que ama, nem o que é amar ...
Amar é a eterna inocência,
E a única inocência não pensar...

[…]

Há metafísica bastante em não pensar em nada.
O que penso eu do mundo?
Sei lá o que penso do mundo!
Se eu adoecesse pensaria nisso.

Que idéia tenho eu das cousas?
Que opinião tenho sobre as causas e os efeitos?
Que tenho eu meditado sobre Deus e a alma
E sobre a criação do Mundo?

Não sei. Para mim pensar nisso é fechar os olhos
E não pensar. É correr as cortinas
Da minha janela (mas ela não tem cortinas).

O mistério das cousas? Sei lá o que é mistério!
O único mistério é haver quem pense no mistério.
Quem está ao sol e fecha os olhos,
Começa a não saber o que é o sol
E a pensar muitas cousas cheias de calor.
Mas abre os olhos e vê o sol,
E já não pode pensar em nada,
Porque a luz do sol vale mais que os pensamentos
De todos os filósofos e de todos os poetas.
A luz do sol não sabe o que faz
E por isso não erra e é comum e boa.

[…]

Leve, leve, muito leve,
Um vento muito leve passa,
E vai-se, sempre muito leve.
E eu não sei o que penso
Nem procuro sabê-lo

[...]

lunes, 16 de noviembre de 2009

Hace un rato

Vuelvo en tren de Salamanca a Madrid para coger un avión a Las Palmas. Prefiero con mucho el tren, no sólo porque en el pasado los de la línea de bus me hayan puteado con la bici (también). Siempre cojo ventana, como en el avión. Me encanta ir mirando por la ventana. Y siempre cojo asientos con mesa, porque me dan la oportunidad de mirar a la gente del vagón. El trayecto tiene unos paisajes muy bonitos (y siento lo desgastado de este adjetivo, pero es así), primero con llanuras castellanas, ahora intentando recuperarse de encontrarse agostados, después el sinuoso paisaje que se ve después de Avila, con todos esos peñascales de granito y esos pardos que quieren teñir la retina de melancolía, y más tarde, antes de entrar en la urbe, las arboledas de Las Navas del Marques y del Escorial, que con su gama de colores otoñales acaban de ponerle a uno nostálgico, si es que no lo estaba ya.



En el vagón, tras sufrir un rato a un grupo de tertulianos conservadores con un sinfín de ideas para solucionar el mundo y, a ser posible, dejarlo como cuando Franco vivía, he visto como se quedaba éste relativamente tranquilo. Varias personas llaman mi atención. Hay un estudiante de medicina que prepara una exposición de casos clínicos en el ordenador; curioseo mirando entre los dos asientos, hasta que me aburro. Hay una señora tricotando con un afán que sólo he visto en algunas personas comiendo pipas. Un joven intenta aprender inglés leyendo una novela que es demasiado difícil para él: tarda mucho en pasar página y, sin darse cuenta, mueve los labios intentando adivinar como se pronuncian ciertas palabras.

Delante de mi tengo a una chica joven que se ha subido en Avila, lleva muchas pulseras en la muñeca y un gran anillo de ópalo en el que puedo verme reflejado desde aquí (tengo mala cara). Lee una novela de Patricia Highsmith. También le hace gracia la señora que tricota. Lleva unas converse All-Stars con citas escritas a bolígrafo en los cantos de la suela, como si aún tuviera fe en ciertos ideales imposibles. Se ha dado cuenta de que la he estado observando, pero no de que he estado observando a todo el vagón. No es fea, ni tampoco muy guapa, lo suficiente para pensar que cualquiera puede mirarla e interesarse. Desde que me he puesto a escribir esto ha levantado la vista varias veces para ver si miro. Parece agradable

Miro una vez más por la ventana. Nos acercamos a las Navas. Recuerdo cuando iba de Salamanca a Madrid en mis dos primeros años de carrera. Recuerdo como estudiaba un rato, tampoco mucho, mis apuntes de medicina. Recuerdo tener la edad de la chica de enfrente, con todas las cosas que me faltaban por aprender, con toda la incertidumbre, tan pendiente de lo novedoso de la vida, aparentemente recién descubierta, y con la sensación de que queda toda la vida por delante, tanto que hacer, tantísimo tiempo.

Lo recuerdo como si hubiera pasado un rato desde que lo viví, lo recuerdo y no he hecho tanto desde entonces, aunque supongo que he hecho lo suficiente y, sobre todo, que he aprendido bastante de todo y me empeño por seguir haciéndolo. Lo recuerdo, sólo ha pasado un rato, han pasado casi trece años en este rato. Hay veces que me parece que me he hecho “mayor”, que he envejecido de golpe. Son los colores del otoño: ya me he puesto meláncolico otra vez.



Por suerte dentro de un rato lo olvidaré, me olvidaré, y volveré a tener ese extraño ánimo, ánimo un tanto cansado quizá, volveré a tener esa idea vaga y persistente de que sigo teniendo 20 años, aunque, a ratos, por cosas que se me escapan la mayoría del tiempo, no tenga la misma vitalidad ni la misma ilusión ingenua.

viernes, 30 de octubre de 2009

domingo, 25 de octubre de 2009

Perth, un mal dia.

Se acabó la temporada, con el peor dia del año, mucho viento en Perth, el agua con muchas olas propició una natación "guarra" e incómoda. En la bici no me encontré en ningún momento bien, pero creo que pude salvar más o menos los muebles. En la última vuelta de bici ya sospechaba que no iba a correr. Correr ha sido un penar, no quiero engañar a nadie, la comida no pasaba, iba con flato (quizá por eso no pasaba), me costaba respirar (¿alérgico a algo de por aquí?), me dolía a rabiar la rodilla de Hawai y no me encontraba bien (vamos que voy de "pupas"). Lo luché como pude, lo di todo, aunque no había mucho que dar, todo hay que decirlo. Marcel se ha lesionado y le molestaba hasta en bici, no ha podido correr (no le dejaba ni intentarlo). Al final entré el 11, acabé mejor que empecé, quizá algo de lo que comí empezo a pasar. Se acabó la temporada con la carrera más mental del año, he sufrido mucho; supongo que más por orgullo torero. Perogrullo: "cuando no se puede, no se puede". Era para haberlo hecho bien con un dia normal.



Nos las prometíamos muy felices antes de salir... (Oscar, el traje de cine, eh)



Petado...

Ahora toca no hacer nada unas semanas.

PS: Habituales, la entrada se acabó, ¡de verdad!

miércoles, 14 de octubre de 2009

CANGAS Y KONA

Ya casi no quedaban entrenos, esta foto es de la última vueta a la isla que di, antes de Cangas. Venía lo bueno... Ahí va una de tacómetro, cuidado con el ladrillo.

Ya pasó un tiempo desde que corrimos en Cangas. Sigo estando algo desencantado con el circuito; en el único sitio donde se podía hacer algo (poco) no había nadie viendo. No creo que se pueda decir que no era un lugar para hacer un circuito duro y ameno para triatletas y espectadores (un circuito que no propicie ver pasar a un pelotón a 40Km/h, donde el triatleta se aburre –algunos esperan a la carrera a pie para sudar- y el público no tiene tiempo de ver nada). Alguno me dirá que hubo jaleo en bici, que me falta razón en lo que digo. Hubo jaleo porque algunos de los que estamos hartos de revivir Verano Azul (por muy buenos recuerdos que traiga de nuestra infancia) habíamos hablado de hacer lo posible por animar la cosa. Por mi parte era de la siguiente manera: del 2º al 8º tenía prácticamente todos los puestos en anteriores ediciones y me daba lo mismo hacer el 10º que el 50º, por lo que prefería hacer una bici dura . Yo, de entrenar para Kona, iba cansado “de todas, todas”: iba a correr al mismo ritmo con bici dura que sin ella. Esa era la idea, pero no sería la primera vez que uno quiere y no puede.

La experiencia es un grado. Para la natación lo veía algo negro, llevaba desde mayo sin hacer un 100 más rápido de 1’15. Puesto que no tenía buen dorsal preferí coger un sitio en el centro, donde la densidad de buenos nadadores sería menor y “me pegaría menos” . Sabía que no podía pretender salir fuerte. Al ser rápido corría el riesgo de ganarme una acidosis láctica de las de petar definitivamente. Salí a marcheta con la intención de intentar remontar. Nadé mejor de lo esperado y remonté en la segunda vuelta, pero cuando pase al checo (no recuerdo su nombre), éste ya se había cortado de los de cabeza. Aún así 12º, contento porque estaba en carrera.

Los Llanos terminaron su ciclo de carga de entrenamiento el viernes anterior a la prueba. Si me toca hacer esto otra vez pienso hacer lo mismo. Yo terminé el martes, pero con 3 dias de descanso te da para perder tono muscular, pero no para recuperar del todo: sensaciones, peor imposible.

Hicimos lo que pudimos para animar la cosa, pero no pude escaparme en bici (me pareció –y así me confirmaron luego “testigos presenciales”- que había algunos marcándome), aunque hice el indio y corrí como un junior (sin cabeza, pero divirtiéndome el que más).

Corriendo sabía que tenía que esperar al segundo cincomil. No hay mucho que contar. Pude remontar bastante en ellos. Para como iba de cargado de entreno, creo que es de mis mejores campeonatos de España. Como siempre en los últimos años, a excepción del 2007, una pena de Campeonato con la actitud de muchos en bici. Sobre todo algunos muy buenos nadadores (unos cuantos) que no corren a pie en los mejores tiempos y prefieren esconderse en bici, dejarse coger y correr para hacer el 40, antes que echarle “bemoles” y bajarse a correr en un grupo de 10 con cierta diferencia. No sé si les dará por echar cuentas un dia de estos.

Por mi parte estoy más que contento con Paquillo. Sin ánimo de menospreciar a ningundo de sus rivales sub-23, creo que estaba para correr de tú a tú con ellos dadas las condiciones de la prueba. Sin embargo, estuvo en la pomada, en los ataques y consiguió hacer corte con Iván. Corrió muy bien hasta el Km8, vale, nos sobraron esos dos últimos y a mí me hubiera gustado no pasarle o, al menos disputar el sprint con él (“¡Paquillo, aquí no se regala nada!” le dije al pasarle para ver si se me pegaba), pero en lo que se refiere a su actitud, yo, personalmente, muy orgulloso, muy contento. Desde que empezamos a trabajar juntos nos marcamos 4 pruebas especialmente: El Medano, Cuenca (éstas dos ganando a pie), C.E. Tri Cross –dónde hizo 5º, pero puede hacer mucho mejor- y Cangas, donde hizo tercer sub23 con un diez en actitud –algundo dirá “poco listo”; a mí me gusta la gente que va a por lo que quiere, la gente que compite, que para algo lleva un dorsal puesto-. Agradecido también que confiara en mí para entrenarle. (Por cierto, Paquillo, dos semanas después ha quedado Campeón extremeño de contrarreloj).

***

Kona, ¡por Dios, ya, que me quede como estoy!



Al montar la bici 5 dias antes de la prueba, los amables estibadores del aeropuerto me habían roto la maneta de freno del acople Vuka de Zipp. Empezábamos mal las cosas. Tras patearme las tiendas, comprobé que el mejor sitio del mundo en estas fechas para comprar cosas de triatlón no tenía manetas de repuesto. En la feria, los de Zipp me aseguraron que estaría a más tardar el viernes por la mañana, 17h antes del IM. Así que pude entrenar sólo con el freno de atrás e intenté estar tranquilo con ese tema. (en la foto está pegado con pegameno epoxi, por si no llegaba la pieza, pero no aguantó)

El ambiente con la gente que viajó con nosotros, hemos conocido gente muy maja y agradable, compartiendo apartamento con dos nuevos amigos, dos fenómenos, Iván y Harry. Hemos tenido mucha suerte con ellos (¡no creo que ellos puedan decir los mismo!). Aparte “los Mikel”, Aimar, Javier, Ruth (+Eneko,+Hektor), etc., más respectivos acompañantes; vamos que la mitad del tiempo no me acordaba a qué había venido.

El viernes por la mañana a las 11 aún no se sabía nada de mi maneta de freno. A las 14 tenía que dejar mi bici en boxes. A las 12 llegó y a la 13:30 ya había dejado todo en boxes. Se acabó la mala suerte… ¿se acabó?. Yo suelo decir que no hay mala surte, pero a veces la casuística desfavorable se acumula de más; entonces lo llamamos mala suerte.

La tarde antes del IM me di un baño, al salir pillo un ola para que me lleve a la orilla y me pasé a mí mismo por la piedra con la única roca que debía de haber por allí en medio. Todo el costado magullado y raspado, sangrando algo. Mientras me dejaba la piel, pude oir como me decía a mí mismo: “¡Por gilipollas!”. Salí a trotar después un rato y cojeaba un poco, pero nada que con la adrenalina de la carrera me fuera a molestar. Tampoco se acabó ahí la mala suerte. No.

La salida de la natación sin más. Bueno, tuve que pasar por debajo de la tabla de surf de uno de los socorristas que controlaba la salida, pero no voy a decir que eso fuera mala suerte: nos pasó a muchos. No nadé muy fino, no me sentí muy bien, pero vi que iba con Eneko, así que muy mal no iba, pero descarté en seguida intentar nadar fuerte para gestionar una ligera ventaja en los primeros Km de bici. Iba a ser un dia largo.

Salí a cola del grupo de favoritos con la sensación de haber hecho nado contínuo 3800m, pero sin fuerza para apretar más. Ese grupo se me fue algo en la transición, pero sobre el Km 20 estaba en la estela de ese grupo. Todo el grupo rodaba al límite de lo legal, en algunos momentos demasiado cerca. Iba cómodo, no veía por qué no iba a aguantar con los mejores.

En una de las bajadas, en ese efecto acordeón que se da en esas hileras de este IM, me acerqué demasiado al que iba delante mio. Me abrí para no chupar rueda unos 5-10”. Me volvía meter en la hilera y un juez llegó y me sacó una roja, según él porque inicié un adelantamiento que no terminé. Me tocaría parar 4’ en un penalty box sin saber cómo ni cómo no. Sigo sin saber qué es lo que vio ese hombre exactamente, pero del brutal sobrepeso que tenía deduzco que no debe saber mucho de montar en bici (o si alguna vez supo algo se le debió olvidar ha ce ya bastante). Por donde yo transité 10” iba todo el tiempo Craig Alexander y el juez general, el ex –triatleta Riccitello, lejos de sancionarle le iba animando, dando una clara muestra de imparcialidad anglosajona, como ocurre también en la ITU.

Paré 4’ en Hawi. El grupo se iba y un segundo grupo que pasó con nadadores más lentos también se fue. Arranqué de nuevo. Iba bastante fuerte, cazando a gente que se quedaba de esos grupos. De repente la cadena empezo a saltar y se me pasaba al plato pequeño. En cuanto apretaba fuerte los pedales saltaba más. Un eslabón andaba medio suelto. Esas cadenas de Shimano con el cono que tienes que partir, nunca me gustaron. Siempre uso Conex, que se ponen con tronchacadenas de toda la vida. Paré una primera vez y metí el eslabón con una piedra, a golpes (cualquiera que me viera…). Tuve que parar a hacer lo mismo otra vez. La gente que acababa de cazar me cogía y me dejaba: no podía poner desarrollo duro, debía intentar ir a vueltas y no podía ponerme de pie en la bici en los muchos repechos que hay.

Así iba, acoplado mirando la cadena, cuando me pasó un grupo de 3 que se cerró. Según la normativa antidrafting que los impresentables que esta prueba han desarrollado debe uno frenar (pues no vale salir de la hilera/rebufo: eso es otra roja), frenar es contrario al espiritu de la competición (no logro entender esto de ninguna forma). Cuando ese grupo de 3 se cerró iba yo mirando mi cadena a menos de los 10 metros exigidos, en ese momento llegó un juez y me saco otra tarjeta, esta por drafting (con lo talibán que soy yo con este tema). “Pero Gilipollón, yo lo que quiero es un mecánico, no chupar rueda, tonto del culo!”. Menos mal que uno no dice todo lo que piensa. En fin, que estos juececillos que deben ver un triatlón al año y quieren poner fama de dureza metiendo minutadas en sanción sin aviso alguno quizá debieran sancionar de esa forma a Craig Alexander o a Macca cuando van a 5m como iban (como muchos durante tantos Km en el grupo de cabeza) si quieren que la gente piense que las normas son iguales para todos, no sólo para los desconocidos. Así, sí tendrían fama de ser estrictos, pero para eso deberían tener agallas, no sólo pose. Estos jueces no están a la altura de la prueba que regulan, ni de la herencia para el triatlón que ésta representa, no están a la altura del mito, ni siquiera, al menos, de los 400Eur que cuesta la inscripción. Cuando se tiene una responsabilidad hay que intentar estar a la altura de ella y de la gente que depende de ella, cosa que yo no vi y me dejo bastante descontento y, sobre todo, decepcionado.

Empece a correr, pero sin mucho convencimiento. Paré dos minutillos a pedir consejo, “¿sigo o no? Tengo el mundial en dos semanas”. Arranqué a correr, pero no aguanté mucho, paré a andar y al baño (me tomé muy en serio lo de la hidratación). Asi unos diez minutos. Decidi intentar correr fuerte hasta el 20, como entreno para el mundial de larga. Al cruzarme con los que volvían ya por Alii Drv. vi que todo el mundo iba tocado; en el 15 ya sabía que correría hasta el final. Del 7 al 37 volé. Poco después de pasar la media pensé que iba corriendo realmente rápido y al pasar al lado de Dave Scott oí que me decía “Nice stride!”… era definitivo iba bien. En el 37, poco después de pasar a Cameron Brown, tras los dos kilómetros más rápidos de todos, se acabó. Tuve que llegar como pude, casi me cogen dos de los que yo había pasado antes, que hicieron que dejara de cojear el último kilómetro y corriera como alma que lleva el diablo otra vez.

Sabor agridulce. Todo salió mal en la bici, perdí la cabeza de carrera y mis posibilidades, pero supe, más o menos, reponerme y correr a un ritmo muy bueno, que hace que quiera volver a intentar hacerlo bien. Me gusta esto, aunque piense que es una pena que Hawai’i pertenezca a los EEUU y que esta prueba, que se ha dado en llamar campeonato del mundo (injustamente si es más fácil clasificarse siendo americano, si hay plazas a sorteo) y que es probablemente la de más nivel en la distancia, sea llevada por esta gente. Volveré.

Por cierto, mucho calor en la carrera a pie, como veis en la última foto, tenía mucha sed luego…


viernes, 31 de julio de 2009

Fijarse en las cosas

Voy tarde a todas partes, y eso que voy con prisas (sigo llegando algo tarde, aunque no tanto como “píter”). En épocas de mucha carga de entreno, me he dado cuenta de que me resulta más fácil ponerme de mal humor y seguir empecinado (y prácticamente obsesionado) con seguir haciendo lo que, por abusar, me empieza a poner de mal humor. Los de Orange me timan y me endosan una factura 7 veces mayor de lo normal que no tendré más remedio que pagar, porque el pequeño individuo no tiene nada que hacer contra las grandes empresas, y estaré disgustado a ratos por eso, hasta que recuerde que se trata sólo de dinero. Y me ocurrirá lo mismo, mientras voy en bici, después de que varios conductores me pasen a milímetros a 150Km/h y, encima, alguno de ellos me insulte (intentaré tener tiempo para replicar con un "¡Que pasé Vd. un buen dia, señor!" como bien indica el Gran Doval), y tardaré un rato en darme cuenta de que no te puedes enfadar con ciego porque no te ve, con un sordo porque no te oye, ni con un imbécil por ser así. Seguiré, azorado, aún teniendo tiempo de sobra para tener una palabra amable con quien se cruce por mi camino, seguiré, digo, con mi rutina diaria como si estuviera enajenado (etimológicamente hablando). Veré mil programas estúpidos por la tele antes de ponerme a leer un rato o escuchar un buen disco, haciéndome más idiota a cada instante (entrenando mi idiotez, que también se me da bien), y me excusaré a mí mismo diciendo que estoy cansado de entrenar o que estoy descansando y me apetece hacerlo todo, por eso, más fácil. Me podrá doler el estómago algunas noches, como cuando estudiaba tantas horas por la noche y abusaba del café, y olvidaré la posibilidad de contemplar la belleza por un rato (o precisamente me dolerá más el estómago por eso). Echaré de menos a alguien con pesar, en vez de sentir tener la suerte de poder echar a alguien en falta, de ser capaz de albergar ciertos sentimientos que me alejan de ser el autómata como el que me comporto muchos dias en los que no recuerdo, o no comprendo, la suerte que tengo de que las cosas sean como son, aunque otros piensen que podrían estar mejor.

Quizá tenga la suerte, en algún momento inspirado que otro, de darme cuenta de que se me olvida fijarme un poco en cómo son las cosas (sobre todo las pequeñas cosas que podría decir DD –al que, aunque no deje comentarios por vago, leo-), fijarme en las cosas que creo que merecen la pena, aunque exista la posibilidad remota de que sean una ilusión, y hacerme un poco el loco con aquellas que no la merecen tanto, por si me da “la loca” de pensar que son importantes. Quizá tenga esa suerte, como la acabo de tener hace unos minutos, aunque luego se me pase, como me ocurrirá de aquí a un rato, como quizá me está ocurriendo ya...


Por eso:




Venga, hecho ya el chiste, ahora en serio:

viernes, 24 de julio de 2009

Basta con disfrutar de todo este tinglado... (y así para todo)

Me dice X que tengo que ser más profesional. No se refiere a cuidar más temas de sponsors, única faceta en la que me esfuerzo por ser más detallista para intentar corresponder. Pero las cosas a las que se refiere a mí me cansan y suponen un esfuerzo mental que no me compensa ya. Llevo muchos años en esto, he llegado a la conclusión de que lo único que me compensa es disfrutar.

En Gran Canaria, llevamos unos dias con calima (ni siquiera sé si se escribe así). No es algo que se vea a simple vista (salvo en esas ocasiones en las que se da en los noticiarios de ámbito nacional, cuando no se ve “un pijo, acho”), pero uno llega por la noche con una molestia en la garganta que no sé sabe de dónde sale. A la mañana siguiente, al pasar el dedo, a falta del algodón, por encima del cuadro, éste se queda negro... cómo quedaré yo por dentro. He aguantado tres dias entrenando así; al final caí con fiebre y lo que empezó en la garganta acabó extendiéndose a los oídos también. Ser profesional hubiera implicado ser listo, cuidarme de la calima y no caer enfermo. Ayer tuve que parar del todo y hoy me había empeñado en entrenar con normalidad.

Me contaba otro amigo, tiempo atrás, que hace años, entrenando por Granada (léase “Graná”), coincidió con una gran grupeta de ciclistas (unos 20), en la que iba Antonio Miguel Díaz (espero no equivocarme con el nombre), un profesional del Mx Onda que se autodenominaba “un jornalero de la gloria”, ese tipo de ciclistas que necesitan de muchísimo esfuerzo y aún más suerte para tener un mínimo éxito en una de tantas escapadas que empiezan, ese tipo de ciclistas de los que injustamente no se acuerda nadie luego porque nunca es el esfuerzo lo que se admira, por desgracia. En un momento dado, este ciclista se echó al otro lado de la carretera y espetó al grupo: “Yo no conozco ningún trabajo en el que no se pare para tomar café”, y acto seguido los invitó a todos a café. Desde que me contaron esta historia es bastante frecuente que yo pare a tomar café (o refresco si hace calor) si tiro para más de 100Km.

Hoy seguía habiendo calima y quería entrenar con normalidad. Después de bajar La Atalaya, empecé a subir desde Telde por Valsequillo y Tenteniguada hasta San Mateo con un calor “de cojones” (he pasado tanto calor que la cabeza no me da para encontrar un calificativo mejor), sintiendo la debilidad y el dolor de piernas típico de haber estado enfermo. Después he bajado, dirección Santa Brígida, con intención de tirar para San Lorenzo y Tamaraceite y de ahí a Teror y Valleseco. Ya noté que la adherencia del asfalto no era la misma estos días que un mes atrás, supongo que, igual que se deposita la calima en mi pecho y mi cuadro, lo hace también en el asfalto. Anteriormente, bajando la Atalaya ya metí un buen derrape de estos que te hacen sonreir y decir “Ándate con ojo, que está peor de lo que pensabas”; vamos, que no te asustas, pero que te hace prevenir posibles sustos, sustos de verdad. Según bajaba, pensaba que no conseguía quitarme la sensación de calor con el aire al bajar y me sentía un tanto mareado. Bajando sólo “juego” con mi carril, pero esa bajada es un tanto estrecha y en una curva me he encontrado un camión de frente en mitad de la carretera y, al tratar de frenar y corregir mi trayectoria, la bici ha vuelto a derrapar y me ha hecho un extraño de esos que se ven en las motos cuando éstas descabalgan a los motoristas (aquí nos salvan los pedales automáticos) y cuando ya me veía estampado contra los árboles y la pared a 50Km/h, de alguna misteriosa manera que no consigo explicarme –pues por el instantáneo camino me hice a la idea de que me la iba a dar y sólo pensaba qué me tocaría en suerte, árbol o pared-, he conseguido controlar la burra (léase “tuve potra y no me la di”). He seguido dejándome caer, cuesta abajo, unos segundos, pálido y con ganas de vomitar del susto y del mareo que traía por el calor.

Como decía, X insiste en que debo ser más profesional. Aprecio mucho a X, más de lo que él piensa probablemente, pues tengo la sensación de ser poco expresivo con mis afectos. Por eso no replico nada cuando me lo dice a pesar de que pienso que le falta información. Información en lo referente a intentar ser "profesional" en este deporte y en este país, e información en lo que se refiere a en qué consideracion tengo yo las cosas, que ya he dicho alguna vez que no tengo muy claro que haya un orden natural para las cosas. Yo he forzado al máximo mis posiblidades, he entrenado tanto y sobreentrenado tanto -que ya es más difícil- que sé donde están mis límites haciendo el burro con los entrenos, estando sólo dedicado a ellos. X, más que trabajar, practica una especie de sacerdocio, por lo que entrenar como él lo hace supone ya un éxito, pero cualquier estudio sobre su rendimiento tiene que hacerse desde la perspectiva de sus circunstancias personales, donde, para mi, todo deporte es ganancia y los tiempos y los puestos son lo de menos. Por tanto no sabe lo que es jugárselo todo a una sola carta y que no te salga bien (y por tanto que quizá, tal y como está el deporte en este pais, no poder seguir), como nos puede pasar a los que nos dedicamos sólo a entrenar (en este deporte llamar a esto profesionalismo me parece una exageración, aparte de una inexactitud).

Soy el único triatleta español que, teniendo opciones, se ha quedado fuera de tres olimpiadas. Y esto esforzándome al máximo, tanto que rendía hasta menos (es de los pocos “trabajos” donde se paga menos ser más currante). Por tanto, y sobre todo a estas alturas ya, yo no necesito ser más profesional, sólo necesito disfrutar de esto, que no es poco.

Cuando por fin pude reaccionar, después de mi amago de accidente, pensando en todo esto que cuento, me he dicho: “¡A tomar por culo! Hoy no entreno más... cuando no se puede, no se puede”. He parado en la primera terraza que he visto, me he tomado una clara y he decidido ser profesional en cuanto a tomarme un descanso “en el curro”, en cuanto a entrenar con cabeza y no perder la sonrisa; para todo lo demás... seguiré dándole prioridad a disfrutar de esto mientras dure, sea por poco o por mucho tiempo, que no es sólo lo que me basta, si no que además es lo imprescindible.

(pedi a la camarera que me sacara una foto, una evidencia gráfica de cómo he entrenando hoy, y aunque en la foto no se me ve brindando, va por todos a los que sólo les vale con disfrutar...)

miércoles, 1 de julio de 2009

ZARAUTZ-NIZA: "Voy mal; ¿qué puedo hacer bien?

Suelo necesitar unos dias para escribir una entrada para el blog, no porque me la quiera currar –pues he visto que gustan más las entradas que me curro menos y, además así, me doy menos tiempo a mí mismo para enrevesarme-, si no porque para hablar de algo necesito cierta perspectiva, no ya porque vaya a cambiar de opinión en algo, si no más bien porque suelen aparecer nuevas apreciaciones, matices que antes pasaron desapercibidos y que enriquecen, o eso pienso yo, la visión de conjunto que pueda acabar teniendo de las cosas. Sin embargo estoy de un vago subido para escribir para el blog; estoy vago hasta para dejar comentarios, que leer sigo leyendo más o menos los mismos, pero no veo que tenga mucho que decir. Así que voy a intentar hablar de Zarautz y de Niza “relativamente pronto”, no sea que pase tanto tiempo que ya no me apetezca ni merezca la pena hablar del tema; además la tónica ha sido similar en las dos y la lección “buena” es la misma también en ambas.

Digo que la situación es parecida porque he llegado al final de esta primera mitad de temporada algo pasado de forma (no “pasado” que te arrastras: “pasado” que no vas igual que hace un mes). El último mes se me hizo muy cuesta arriba.

Por un lado subestimé la mella que hicieron en mí los dos meses que preparé la maratón de Sevilla por eso de haberla preparado sólo rodando. En primer lugar obvié que, de cara a ponerme las pilas en bici, iba a partir de uno o dos escalones por encima (fueron dos), lo que me hizo pensar que a Lanzarote no llegaba y que debía debutar en Niza (6 semanas después de la maratón ya estaba subiendo como en mis “mejores tiempos” de 27’30 en Morcuera). En segundo lugar, por esa prisa de ponerme bien en bici, no descansé lo suficiente y arranque más o menos fuerte con la bici a la semana de Sevilla, no dando tiempo suficiente a mi cuerpo a recuperar. En tercer lugar, al empezar con la bici, el contador de kilómetros estaba a cero en marzo, pero la reserva fisiológica no: llevaré contadores independientes para estas dos cosas, trataré de tener este aspecto más controlado: a un IM hay que llegar fresco.

Por otra parte, mi situación económica me obligaba a correr pruebas con intención recaudadora. Sé que es hipotecar en parte la preparación, pero como ya me había gastado las becas que recibo de los entes públicos salmantinos (que no particulares y “humildes” como el Club Triatlon Salamanca, que ha hecho un gran esfuerzo que agradezco para que pueda volver a correr en casa) y de Castilla y Leon (que ascienden a la cuantiosa cifra de 0Eur –igual que cuando gané el último Cto. de España de LD-), pues no me quedaba otra. A todas fui con una descarga parcial e insuficiente. La idea era que formarán parte de la preparación, como un entrenamiento de calidad, pero con un dorsal puesto uno siempre exprime la máquina y lo que pasa de cierto umbral no te entrena, te destruye en cierta medida. Así, que si vas sin recuperar del todo, vas destruyendo de entrada y, por tanto, tardas el doble en recuperar: se acaba convirtiendo en un círculo vicioso. Ergo, cada vez corría más cansado y tras Maresme empezó, poco a poco, el declive de mi forma (en bici sobre todo, que ha sido lo que más me empeñé en trabajar; nadando y corriendo he alcanzado mínimos históricos de volumen e intensidad… espero que ese trabajo en bici salga en la segunda mitad de la temporada).


ZARAUTZ

Así, pues, llegaba a Zarautz, con 800Km de miércoles de la semana anterior a martes de la semana en cuestión… ¡para qué!, así se me hizo larga hasta la natación. Además, para acabar de completar la cosa, llegué hora y cuarto antes de la prueba por pasar dos horas en un atasco desde Donosti a Zarautz: tenía pensado calentar de lo cansado que me veía, pero no pudo ser. Nada más empezar a subir Meagas me avisé a mí mismo “Prepárate, porque hoy va a ser un dia de esos de sufrir sin parar en la bici”. Sin fuerza, sin cadencia, sin ritmo: mal.

En situaciones de estrés o peligro vital los animales pueden reaccionar de dos formas: huida o ataque. Es por eso que a veces, cuando las cosas se ponen feas, uno oye una voz interior que te pregunta qué haces ahí, que te recomienda (te pide, te ordena) que te retires o que aflojes… no suelo hacer mucho caso de esa voz, pero me importuna sentir que está ahí, que es la muestra evidente de una debilidad interna (aunque sea sofocada), de impotencia, de falta de coraje, de no estar a la altura de las circunstancias, de que existe la posibilidad de que la cobardía se apodere de uno, es decir, de no estar a la altura de lo que uno espera de sí mismo, que, en resumidas cuentas, uno es casi la única persona a la que hay que intentar no decepcionar.

“Vale voy mal, es un hecho, pero qué puedo hacer bien, qué me queda”. Acabé la bici como pude con la intención de bajar de 1h10’ en los 20Km (ya hice 1h10 “algo” el año que gané). Con la remesa de minutos que me habían caído el puesto sería el mismo, pero qué era lo que podía hacer a esas alturas: correr, y entregarme: lo que hago, esforzarme por hacerlo bien.



Después de Zarautz tenía ya la mosca detrás de la oreja de si había tensando demasiado la cuerda, de si no estaría medio rota ya. Con dos semanas de puesta a punto (o tapering) uno nunca sabe si va a levantar el vuelo; ahí la incertidumbre otra vez. Cuando alguien me preguntaba qué tal, mi respuesta era “pregúntame el domingo a la tarde”.


NIZA

¡Qué ganas de empezar un triatlón a las 6h30 “du matin”! Es lo que peor llevo, nunca me gustó madrugar, por mucho que me sienta bien luego cuando he aprovechado la mañana. Gracioso ver como nos acercamos todos al agua andando como ese gran olvidado, Chiquito de la Calzada, sobre los cantos rodados de la Côte d’Azur, cantos que nos recuerdan cómo vamos a terminar al cabo del dia; es gracioso si se ve después, en competición cómo corremos por encima de esas piedras como si fueran de goma y cómo cojeamos al dia siguiente por eso, sin saber bien de dónde viene el dolor de pies.



La salida me pareció algo rápida. Fui en cabeza sin forzar de más (porque no calenté) hasta el 1500 más o menos, donde me pasó Marceau; yo abri la brecha y él puso ritmo para aumentar la diferencia hasta el 3300 más o menos, momento en el que aflojó bastante y yo me pusé en cabeza casi sin querer y apreté para intentar aumentar la ventaja: cuanto más tarde me cogieran mejor, me daría tiempo a entrar en el puerto a mi ritmo e intentar ir progresando: ¡qué iluso! No tenía intención de seguir a Marceau e hice la transición con calma, calcetines y todo (primera y última vez). Fui sólo hasta el 25, donde algunas cosas de la prueba empezaron a parecerme vergonzosas.

Faure, el principal rival de Marcel Zamora, se había llevado un “sparring” a Niza que no iba a correr a pie y que “le iba a ayudar en la bici a desestabilizar a Marcel” (palabras textuales publicadas en “Nice Matin” el dia de la prueba: ¡con dos cojones!). A lo lejos (pues me acercaba y alejaba de ellos yendo a mi ritmo) podía ver cómo se iban dando relevos mirando para atrás a ver si venía el juez, que estaba ocupado riñiéndome por invadir un poco el carril contrario en una curva en la que entré pasado. Vergonzoso lo de estos dos triatletas y su crono por equipos (iban con la misma ropa) y lo del juez encargado (que hasta le cogía los bidones a Faure). ¡Hay que intentar tener algo más de clase, hombre! Yo llevaba peor ritmo subiendo el primer puerto y les iba perdiendo de vista. Marcel en el 55 me pasó como una flecha, sin crisparse y sabiendo que iba a cogerlos, me impresionó. Detrás vendrían Galindez y el francés Billeau, que me pasaron en mi peor momento. Se fueron y me lamenté de no tener contacto visual con ellos para poder apurar mejor las curvas en la bajada… “Vale, voy mal, ¿qué puedo hacer bien?”: Aguantar y a por cadáveres luego (si tú no eres uno).

En Niza hay que guardar un cartucho para los últimos 25 que son de llano y entra mucho aire, yo no lo tenía y me debió caer más tiempo ahí; la verdad es que yo ya iba pensando en correr.

Después de otra transición tranquila empecé a correr con las piernas mejor de lo que esperaba, pero con la sospecha de que tenía que haber metido más geles en la bici. La primera me la di para entonarme, la seguna y la mitad de la tercera corriendo a buen ritmo (Marcel y yo nos cruzábamos prácticamente en el mismo sitio). Poco antes del 30, cuando por el ritmo que llevaba veía la posibilidad incluso de alcanzar al 2º, me di cuenta de que no había comido lo suficiente en bici y que me tocaría aguantar.

Digo aguantar, porque sufrir es más cuando el ritmo es intenso o la destruccción muscular grande, yo sólo iba vacío, y tocaba aguantar como en los raids cuando ya vas vendido. He estado con problemas gastrointestinales (asociémoslo a un tránsito excesivamente rápido y líquido para no entrar en más detalles) que quizá tuvieran que ver con mis últimos 12Km a pie. Una vez superados me siento muy recuperado y con la molesta sensación de que no pude exprimirme del todo a pesar de estar contento con el resultado: supongo que esa será mi novatada.

Al final pasé a Marceau en el 34, pero no tenía de donde sacar para ir a por el podium. Otro 4 puesto como en Zarautz. Marcel no ganó, dominó. Marceau con un par: chapeau.

¿Lo malo? Ver en ambas pruebas que la gente no respeta la legalidad por una competitividad “poco escrupulosa” y desvirtúa la prueba por uno o dos puestos más. Pienso que a uno quizá le compensa pensar que intenta hacer las cosas con bien, con elegancia y deportividad (entendida en el sentido británico de la palabra “que no va a ser malo todo lo inglés”, incluso si es un medio escocés el que lo dice). ¿Lo de los “pro” franceses en Niza y en el mundial LD del año pasado? Debe ser que no piensan que lo que hacen está mal, que es ilegal (tanto como saltarse una boya) o que simplemente queda feo; eso o que no tienen vergüenza.

¿Lo bueno? Todo lo demás. Principalmente cosas que aprendí de cara al entrenamiento para IM, a comer y beber en IM, y el enfoque mental que consigo sacar en competición a pesar de las malas sensaciones.

Ahora toca descansar. Después de algo que preparas durante tanto tiempo, la sensación es un tanto rara; me ocurrió lo mismo al terminar la universidad: "pues ya está ¿y ahora qué?" En octubre debutó en Kona (por cierto, mi compañero de viaje, Pablo Israel Rodriguez, AKA “John Cufas”, que consiguió levantar el vuelo de Elche a Niza, hizo un carrerón y también se hizo con una plaza para Hawai: ¡¡Enhorabuena!!).

“BENEFICIOS COLATERALES”

Zarautz: poder quedarme en la increible casa de Cris y Berti, añorado compadre, en Donosti. Disfrutar de Donosti con la “vespuca” del compadre, unos dias tranquilos con la mejor compañía, que tanto echo en falta.

Niza: “Píter”, mi mejor compañero de entrenamiento y gran amigo, Pedro, “cuchillero” de toda la vida y gran amigo, raider y fenómeno, y la bestia parda de mi hermano, Michael, se metieron la “calcetinada” (esto es terminología cuchillera) automovilística de ir desde Salamanca en coche hasta Niza el sábado, estar allí unas 30h, salir de fiesta, animarme durante el IM como si todo lo demás nunca ya más fuera a importar, tanto que se ponían los pelos como escarpias, y volverse el lunes de madrugada para Salamanca: otro ejemplo claro de vitalistas prácticos. Muchas gracias chavales, sois unos fenómenos: ¡PARA VOSOTROS ES LA VIDA!


* * *

El IM tiene algo de solitario y de silencioso. Yo debo llamadas y correos a mucha gente, ultimamente estoy poco hablador e internet me cansa mucho, por eso, hablando de Marcel y de Marceau, yo me conformo con hacer mi carrera en silencio, envidiando el sobrenombre que le dieron a M.M., el Maestro del Silencio.




(este vídeo del Maestro del Silencio va para Isadora, que también guarda últimamente silencio, para que dome aquello que le hace querer estar callada y que nosotros la echemos de menos)

jueves, 28 de mayo de 2009

Raro, por suerte.

Hoy me levanté pronto y raro. Ya no es pronto, va pasando el día. Toda la mañana he seguido raro y ahora mismo estoy raro. Tenía medio preparada una entrada sobre Fuenteálamo y Maresme. Digo medio porque casi la tenía terminada hace un par de dias y mi ordenador, que pide a gritos una jubilación, se colgó: se me borró toda. Después de repasar el santoral, rematé con un "¡Que le den por...!", seguido de un "Me la suda" o "Me la pela", que prescribiría el Chulo, "Ya lo haré".

No lo haré. De qué me sirve hablar ahora de eso. Me he puesto a escribir sin más en un cyber, que ando sin conexión y no voy a parar a pensar mucho lo que pongo, que sale poco rentable. Ginés no necesita que otra persona más hable de lo cojonuda que es su prueba y yo ya le agradecí su ayuda y le felicité personalmente por superarse una vez más. Tampoco servirá de nada mencionar que, aunque la FETri se empeñe en intentar hacer sombra a FA poniendo Clasificatorios en la misma fecha y con más plazas para -p.e.- una copa de Europa, la gente prefiere los triatlones con personalidad: volverán a hacerlo y la gente seguirá prefiriendo las carreras con personalidad, como Fuenteálamo y Zarautz, y esa "fede" seguirá empeñada en alejarse de la gente. Ni que decir tiene, que tampoco será de ninguna utilidad decir que me parece que la pasividad en la bici desvirtúa este deporte, sin que por ello quiera despreciar a ningún rival en particular: sólo quiero hablar de lo que me gusta y cuánto me gusta y qué entiendo por "triatlón", pero el que quiera malentenderme seguirá haciéndolo aunque yo me explique para no parecer soberbio; aplicaré una vez más dicho del Chulo.

No hablaré de Maresme tampoco. No por evitar hacer una crónica tacométrica de esas en las que tanto me aburro a mí mismo y en las que me arriesgo a caer en la soberbia, una vez más, y en el culto al ego o el juego del YO-YO. Ni quiero hablar mucho del drafting, ni explicar que acatar las reglas empieza por uno mismo ni que hacerlo bien, haciendo trampas, no tiene mucho mérito más allá del de engañarse a uno mismo entrados ya en años. Ni decir de más que un juez sólo, serio, si se pone, deshace un pelotón (además puede parecer que no aprecio su labor), aunque me dé pena que una organización "novel" cargue con la culpa de todos y cada uno de los que han chupado rueda, cuando el esfuerzo y fruto de su trabajo han sido más que buenos (sólo detallitos por corregir a mi juicio)...


No voy a hablar de estas pruebas más de lo que ya he hecho brevemente, sobre todo, porque me han ido bien y cuando todo va bien no se aprende nada, se cae con facilidad en la autocomplacencia, el orgullo estúpido, en no respetar a los rivales, y en el hablar de lo pasado cuando uno prefiere esperar con ansia lo que está por venir: pretendo centrarme en trabajar y descansar, ambas cosas desde la prudencia.

Llevo unos párrafos y sigo raro, estoy contento no sólo porque las cosas han ido bien y, principalmente, me facilitan una tranquilidad económica, al menos temporalmente, que uno siempre ha sido un manirroto. Sigo raro, pero estoy bien, estoy feliz. Feliz a mi manera, tranquilo, callado y sonriendo para adentro. Ando por la calle, a veces con la vista perdida, y se me ocurren cosas que podría escribir aquí y sentirme relativamente satisfecho con el resultado, pues escribir es una manera de distanciarme de las cosas y de mí mismo. Pero no necesito distanciarme de nada porque estoy bien con todo lo que venga, evitando ese idea loca que tengo a veces de sospechar que todo está predispuesto por algo (me digo entonces que todo está "predisponible por algo o para nada"), evitando distancias con nada, porque me dejo a mí mismo vivir, con lo bueno y, qué remedio, con lo malo ("porque las cosas son así y, por eso, así están bien").


Mientras seguiré contento con reinvenarme y abandonarme al capricho propio de cuando en cuando, como si tuviera mil heterónimos y no unos pocos como Pessoa, y ser distinto a cada momento, "pra eterna novidade do mundo" (que diría Alberto Caeiro/Pessoa). Sigo raro de contento, tranquilo y sosegado, que, ya he dicho antes, es mi manera de estar así, aunque sea tan sólo porque estoy en el camino (no me refiero al camino a ningún sitio en concreto: disfruto de la travesía en sí). Por eso pienso que hablar de triatlón, más cuando las cosas han ido sólo bien y no se aprende casi nada, es dejar la vida de lado, dejarse a uno mismo de lado; quizá quiera ser algo egoista y adueñarme de mí mismo, para poder ser más generoso y desprendido con los demás, que con amigos es serlo con uno mismo.


Como en la foto, con la mirada perdida y pensando en mis cosas ya, Maresme y todo lo anterior quedan atrás en el camino...

* * *

Me han recomendado esta entrada que también recomiendo yo ahora. Es cotidiana y me gusta su forma de hablar de la realidad como si sólo fuera realidad (¡qué cosa cuando pensamos que no es así!), como esas entradas tan buenas que hace el Chulo, que de aquí a nada tendrá un club de fans de esos que no dejan comentarios.

http://elmundoderachel.blogspot.com/2009/05/la-colmena.html

miércoles, 29 de abril de 2009

Incertidumbre

Ya he dicho alguna vez que la música, las matemáticas y la física son algunas de mis vocaciones frustradas. La mar es otra, pero esas otras tres están relacionadas, pues su esencia es la matemática pura, la perfección limpia y redonda de los números y de lo que es (me refiero al “lo que es, es y es imposible que no sea”), que para mí es oscura e inalcanzable (y por tanto mucho más atractiva), por lo que no me siento muy capacitado ni para opinar ligeramente.


Sin embargo hay personajes históricos de la ciencia a los que se les tiene cariño sin tener conocimientos suficientes como para que ese cariño sea legítimo, si es que el cariño necesita tal cosa. Uno de ellos, aparte del Grigori Perelman, del que quizá haga una entrada algún dia, es Heisenberg, por su Principio de Incertidumbre (o de Indeterminación). Podría dar una definición chusquera de lo que supone dicho principio en lo que se refiere al movimiento y posición de las partículas, una definición de secundaria, pero a mí ya me gusta este hombre sólo por el nombre que le dio a dicho principio.

Se hace un enfoque distinto de la incertidumbre según la personalidad del que la juzga. A mí la incertidumbre me parece un condimento fundamental para la vida. Esta palabra tiene cierto peso filosófico y lo asociamos de una forma casi automática e intuitiva al existencialismo. A mí la incertidumbre no me parece una carga existencial pesada. Me parece un aliado fundamental de la ilusión. Cierto es que también lo es del miedo, de la desesperación. Podríamos decir, inventando términos, que es un potenciador de emociones, pero como hemos quedado aquí que somos vitalistas (o al menos yo pretendo serlo), vamos a aplicarnos el cuento de Monty Python en La Vida de Bryan de: “always look on the bright side of life”. No prepararía de la misma manera Niza, con la misma ilusión casi infantil, si supiera que me va salir bien, así como no es tan divertido ganar un juego sabiéndolo amañado. No nos llenaría tanto, p.e., aprobar un examen del que sabemos las respuestas, o encontrarnos con el amor, sea “eso” lo que sea, sin esa incertidumbre previa del “cortejo” (si me dejáis usar una palabra descastada), sin dudar qué pasará. Es la que baña de misterio lo que hacemos cuando lo hacemos, y le da cierta magia al resultado final.

Así pues, si nos ponemos con el triatlón, aunque sea sólo por un rato, la incertidumbre es un componente fundamental. Yo tradicionalmente me he pasado entrenando y tengo en mi “curriculum” petadas de campeonato por no respetar el descanso que mi cuerpo necesitaba. Últimamente voy siendo más prudente y programo descansos obligatorios aunque subjetivamente no crea necesitarlos; esos dias me subo por las paredes, pero, por el momento, parece que aguanto mejor y cuando entreno después me quito bien la espina del “dia perdido” (ahora digo “dia invertido”). No quiero pecar de soberbio diciendo que no volveré a reventar (de hecho, me “mosquea” haber ido tan bien el domingo en Elche), pero al menos estoy prevenido.


Me tomé Elche como un entreno de calidad, como colofón a tres semanas en Gran Canaria trabajando un bloque especifico de bici (casi todo extensivo salvo por los aeróbicos medios de las subidas de la zona), haciendo un par de sesiones de carrera y otro par de agua a la semana. Me lo tomé como un entreno de calidad no por falta de consideración a la prueba, que tuvo un nivel organizativo y de participación espectaculares, si no porque, por el momento de mi preparación, me parecía excesivamente ambicioso pensar que iba a estar competitivo con los entrenos que había hecho (me refiero a la intensidad, no al volumen). Así, acudí a Elche con cierta incertidumbre, sobre todo porque de lunes a miercoles metí el arreón final (no tanto como ha dicho Parrita en TriatlónChannel). Perdí el vuelo de vuelta y tuve que volar el mismo sábado. No le di muchas vueltas a eso porque iba con la idea de hacer un buen entreno e intentar colarme en el podium. Para mí, sin duda, el favorito era Mikel Elgezabal.


Aparte de todo esto que cuento, para acabar de hacer las cosas como no hay que hacerlas, estrené traje de neopreno (por cierto, muy contento con el Erox), que me acababa de llegar por correo: o sea, más globero e improvisado imposible.


Hablo de estas cosas porque creo que nos ha pasado a muchos alguna vez. Vas a una prueba pensando que “la vas a cagar” y ya te limitas de entrada. Yo en los 30 primeros kilómetros pensaba que no se podía ir peor (los "powertaperos" se me echarán encima y me dirán que no manejo datos objetivos, ggg ;-), yo les digo que por el momento sigo siendo algo hippy para esas cosas y prefiero conocer mis sensaciones igual que los marinos predicen el tiempo mirando el horizonte, sin que por ello deje de apreciar los potenciómetros como una herramienta útil). Miraba los desarrollos, la velocidad y, sobre todo, cómo me dolían las piernas, y el diablillo ese que sale en el hombro me empezó a decir: “¿Pero tú que te crees?, ¿Superman?, que llegas la noche antes, estrenas neopreno, te machacas toda la semana ¿y te extrañas de ir hecho una mierda? Retírate hombre, qué haces aquí!”. Menos mal que a este personajillo no le hago mucho caso (tan sólo cuando me dice en bici: “mira esa cuesta de allí, seguro que no es muy larga, ¿por qué no vamos a ver?”).


En la prueba, cuando llegamos a un punto de giro y empezamos a cruzarnos con otros triatletas, vi que las referencias se mantuvieron y que cada uno estaba en su sitio. Después de ir entonándome mantuve bastante bien y Mikel me cogió más tarde de lo esperado (Mikel va en bici que cuando te pasa te gusta mirar la planta que lleva, vamos que no es que te guste que te pase, pero casi). Corriendo, por esas cosas de la trasferencia de la bici y del fondo remanente de la maratón, me encontré bastante suelto y pude regular, porque tengo intención de correr (arrastrarme probablemente) en Fuente Alamo este sábado (ahora mismo lo veo muy complicado: no es incertidumbre, es por hoy una certeza).


La cosa es que por un lado estoy bastante contento, por otro algo mosqueado, porque no esperaba ir tan bien y no sé si habré adelantado sin querer mi preparación; pero eso ya he decidido meterlo en la buchaca de la incertidumbre, la misma que me hizo dudar los primeros kilómtros de bici, la misma que me hace estar tan contento de las horas de bici, y las que no son de bici, pasadas en Gran Canaria.


Quizá he rendido bien porque desde que trato mis arritmias me estoy notando mucho mejor y quizá por eso parece que he vuelto a rendir donde dejé de hacerlo después de 2004. Veremos en qué queda todo esto: incertidumbre.

* * *



Los halagos debilitan, así como tener la cabeza en los “exitos” en vez de en el trabajo previo realizado. Por eso, aparte de la foto de Heisenberg y la de la “incierta” salida de elche, las fotos son de mi concentración de bici en Gran Canaria, donde seguro que se arrepentirán de haberme tratado tan bien. Yo mientras, sólo puedo estar agradecido.

martes, 24 de marzo de 2009

Extrañas coincidencias


La verdad, no tengo ninguna gana de escribir. Generalmente cuando escribo se trata de un tema que llevo rumiando un tiempo, algo que me inquieta o me motiva. Entonces escribir me sale automáticamente.

Pero últimamente disfruto más con estar cansado, con comer con hambre, con hacer entrenos y pensar en ellos más que en los mios, pero escribir... no me apetece tanto.

Últimamente las cosas que pienso entrenando se diluyen en el olvido para siempre. Y es una pena, pero no porque piense cosas grandiosas, si no porque partes de mi se evaporan y, así, me pierdo algo de mí mismo.
De las cosas que he pensado entrenando recientemente destaca cómo me gustan las coincidencias. Coincidencias de cualquier tipo, da igual: el niño que resiste en nosotros nos hace pensar que hay algo de magia aún en ellas.


Me puede pasar con canciones, escritores, artistas, poemas, parajes, etc. que uno piensa que son íntimos tesoros. Al tiempo con amigos, uno se da cuenta de que que esos preciosos bienes son lugares comunes en el que nos encontramos a veces unos pocos.


Y no es raro encontrarse, al visitar a Pessoa, a Nacho o Atalanta, como tampoco es raro encontrarse en Flamenco Sketches al chulo, en la isla sur de NZ a David y a Miss Take, en Banksy a Miguel, en la Mar a Fernando Marián o a Toni Cendón, en el (riquísimo) B-side "metafísico" del deporte a Pablo o a mí mismo (que resulta que también me pasaba por allí), en Peter Pan a Pedro liderando a otros tantos miles... etc. No existe "mi tesoro", bueno no uno que sea sólo mio.


También me gustan las otras coincidencias más del azar, aunque sólo me hacen sonreir; no tanto pensar.

Sin embargo, como persona con formación en ciencia, hay otro tipo de coincidencias que me crean conflicto.


Me pasa a menudo (y ahora saldrá alguna sonrisilla), y tengo que considerar que son puras coincidencias, que pienso súbitamente en alguién y de repente me llama por teléfono, o me manda un mensaje. Se trata de personas con las que quizá llevo meses sin hablar, no son personas con las que hablo a menudo, lo que haría que la coincidecia sea más fácil.

Como "científico" no puedo afirmar que exista la telepatía. Sonrío y pienso que son coincidencias espléndidas y que no estoy "conectado" con algunas personas, aunque tenga la certeza a ratos de que así es.


Llevo un semana con esta sensación. Me acuerdo súbitamente del "compadre" mientras nado y cuando salgo de nadar veo una llamada suya a la misma hora a la que me acordé de él. Me acuerdo de ciertos amigos mientras corro y veo un mensaje suyo cuando llego a casa y veo el móvil.

Sigo sin ganas de escribir y me siguen encantando estas coincidencias. Todo esto para decir que mientras hacía elíptica en el gimnasio hoy a las 15h15 tuve la impresión de que la organización del IM de Niza había contestado ya a mi correo y cuando llegué a casa vi en el correo que haría mi primer Ironman en Niza, a finales de junio.

¿Las imágenes? Ya sé que no tienen nada que ver, simplemente me apetecía ver si aquí, en Bansky, me encontraba a alguien más. Si alguien quiere echar un vistazo a la web de este artista merece la pena: http://www.banksy.co.uk/

Por cierto, esta del perro es la que más me gusta a mí. A ver si el Taxero pone sus proyectos en su blog y si hay que ponerse un pasamontañas en un momento dado, por "amor al arte" lo que sea. (Corrección posterior: El Taxero ya publicó algún proyecto en su blog y se me había escapado: http://laweadeltaxero.blogspot.com/2009/03/proyectos-irrealizables-i.html ).


¡Salud!

jueves, 26 de febrero de 2009

42195m. Tin Man, la desconexión temporal y la otra mirada de los mil metros.



























Llevaba ya unos años con ganas de correr una maratón. De hecho estaba inscrito para correr en Donosti en 2005, recién llegado de Nueva Zelanda, pero perdí el avión en Londres y tuve que coger otro con destino a Granada, a casa de mi hermano. Mi maratón tendría que esperar.



Empecé a entrenar este año, tras tanto achaque y sedentarismo, después del puente de la constitución por orden expresa de mi cardióloga y al poco comencé a tomar el antiarrítmico que tomo actualmente a dosis muy pequeñas (flecainida). A finales de diciembre corrí la San Silvestre, haciendo de sparring, donde me vi francamente bien para llevar poco menos de tres semanas luchando por bajar unos kiletes. Se me calentó la cabeza y me pareció buena idea poner a prueba este antiarrítmico con una maratón, que supone bastante menos entrenamiento que un IM, como los dos para los que estaba inscrito el año pasado y que no pude correr en última instancia,después de haber machacado, por culpa de mis arritmias. Consulté fechas y me decidí por Sevilla; además de ser plana y del clima benévolo, sería campeonato de España y habría más grupetes intermedios, para evitar correr solo.

No voy a hablar mucho de los entrenamientos, que dos meses y medio no dan para mucho. Fui subiendo volúmenes e incluso hice un ciclo de impacto de volumen extensivo, por puro gusto y que no me sirvió de mucho más que para darme el capricho y reventarme un poco más de la cuenta. Aparte de rodar a 4’30 oyendo música, 2 ritmos, 2 umbrales y dos dias de cuestas y técnica. Aún así el último entreno de ritmo, a modo de test y algo largo, me hizo sentir seguro con la posibilidad de correr a cierto ritmo mucho tiempo, ritmo al que le sumé, por prudencia, 5” por Km para decidir mi ritmo de carrera.

La Maratón tiene algo especial. He tardado unos dias en ponerme con esta entrada, para ver si con la sedimentación de ideas e impresiones consigo saber qué es. Estoy poco más o menos, sigo sin saber exactamente qué es y quizá alguno pueda darme una idea. Pero sigo con la certeza de que tiene algo especial.

Voy a procurar no hacer un relato tacométrico porque he de confesar que incluso me aburro a mí mismo cuando lo hago. . Sin embargo, cosas que pasaron por mi cabeza tienen un paralelismo con lo que sucedía en carrera, y esas sí las quiero contar. Aún así seguro que será demasiado largo

En primer lugar, decir que creo que ha sido un acierto por mi parte hacer tantos rodajes sin reloj (sabía el kilometraje de mis circuitos), dedicado a escuchar a mi cuerpo. Creo que he llevado un ritmo de lo más uniforme, a pesar de que las marcas de kilómetro en el circuito de Sevilla no tenían todas 1000m, de las pocas pegas que le puedo poner a la prueba.

Los prolegómenos de la carrera, muy distintos, un ambiente muy distendido (el rival son 42195 metros), algo de frio y la suerte de haber coincido, ya durante todo el fin de semana, con dos personajes, cada uno a su manera, como son Atalanta y Santi Pons, jaramuguiles de espiritu. Empezabamos ya muy bien.

La carrera. Salí, sin saber muy bien cómo los dos primeros kilómetros, y me vi en el grupo de la primera mujer que llevaba dos sparrings e iba como una bestia. Ibamos corriendo a 3’23 más o menos. En el dos o el tres apareció Pablo Villalobos, que se había ofrecido generosamente el dia antes, viendo la pista cubierta, a acompañarme unos cuantos kilómetros (hasta su hotel en el 17). Aguanté con ese grupo hasta el Km5 aproximadamente. Iba sobrado, pero había decidido salir en torno a 3’28-3’30 hasta la primera media: les dejé ir. Para los que somos algo temperamentales corriendo no es nada fácil hacer esto. Pasados unos dias, sigo pensando que fue un error, visto a toro pasado, pero en ese momento era lo que tenía que hacer. Se me iban a unos 2”-3” por Km y yo, mientras, a pesar de que Pablo corría a mi lado, estaba expuesto al aire, que no era excesivo, pero todo suma.

Corríamos Pablo y yo, de no ser por la compañía que nos hacíamos, en total soledad por algunas calles y ya pasados algunos kilómetros, pues por delante el grupo llegó a sacarme 35” en el Km17 y por detrás no venía nadie. Pablo decidió acompañarme hasta la media y además se puso delante en la recta que va de Santa Justa a San Pablo (creo que es la Av. Kansas City, me encanta el nombre de esta calle de Sevilla) para taparme el aire, cosa que se notaba bastante y que agradecí mucho. A partir del 18 íbamos recortando, pero siempre con la misma sensación de esfuerzo, quizá nosotros empezabamos a entonarnos y el grupo aflojaba algo. Todo el tiempo “controlándome”.


Las sensación que tenía a partir del 18 era de control y automatismo, estaba aislándome de todo, a pesar de que Pablo iba a mi lado. Pablo me dejó en la media con un tiempo mejor del que yo esperaba. No voy a decir que no tuviera dudas, pues era mi primera maratón, pero estaba seguro de que ese era el “ritmo fisiológico” que había previsto antes de correr, quizá incluso más flojo de lo que había previsto.

Cogí al grupo otra vez en el 27, después de 25Km chupando algo de aire (“excepto en Kansas City”) y con una sensación de absoluta soledad, con la sensación de no necesitar nada, de no echar de menos nada, con la sensación de estar haciendo lo que quería hacer y como quería hacerlo. Aislado de todo, desconectado del tiempo y de la realidad. De diversas preocupaciones que pueda tener cotidiana y últimamente en mi cabeza sólo una asomó una vez y fue algo fugaz; “las partes de mi cabeza” que podían ayudarme a correr, lo hacían, las otras descansaban. Como dice la canción “Nothing Else Matters”. Puede que fuera a ratos en eso que hemos venido a llamar aquí alguna vez, estado “flow”; lo echaba de menos.

A partir del 29-30, creo que todo el mundo va con más o menos achaques. Yo debutaba y decidí aparcar las dudas, que creo que son naturales a ciertas alturas de carrera en un principiante, y me dedique a pensar kilómetro a kilómetro. Así me lo repetí alguna vez: “Tú, kilómetro a kilómetro”. Ya he comentado esto alguna vez, en “La chaqueta metálica” se habla de “la mirada de los mil metros”; aquellos que vuelvían del frente tenían una dureza en la mirada que parecía atravesar a las personas, como si miraran a mil metros vista: lo llamaban “la mirada de los mil metros”. Mi amigo Juanma, cetólogo en el Estrecho, se embarca a veces con los pescadores de la zona, de los que dice que tienen una mirada dura y agudísima para la mar, enfocada habitualmente al horizonte, como la que yo pienso que tienen todos los marinos. El domingo pasado descubrí otra mirada de los mil metros, ligeramente unas centésimas de segundo menos horizontal que la de los marinos, la mirada que del 30 al 40, de hace buscar el siguiente mil, “la otra mirada de los mil metros”. Tú, kilómetro a kilometro…


Seguí con el grupo hasta el 34, a pesar de que en el 30 sentía que podía correr facilmente a menos de 3’20. En el 34 eché mis cuentas y para bajar de 2h26 había que apretar. Tiré y me llevé a dos atletas catalanes (Sergi Rodriguez y Cristofol Castañer) que no pudieron relevarme en los tramos de más viento, pero que a la postre iban mejor que yo (de hecho luego me dejaron, aunque también me agradecieron que le echaramos valor al asunto). No fue impulsivo, yo estaba en “modo auto” y podía permitirme echar cuentas en marcha: para bajar de 2h26 había que apretar. Los últimos 4Km empecé a notar el cansancio, algo vacío. Nada del otro mundo, nada de muro. Pienso que tenía que haber llevado algún gel más (peso bastante más que los atletas). Simplemente baje de 3’22-23 a 3’30-32 y de mejorar unos 20” la segunda media pasé a perder unos 15”. No me importó nada, estaba más que satisfecho y había hecho todo lo posible.


No puedo decir mucho de lo que sentí al entrar en meta, dándome el lujo de apretar y disfrutar la pista (cosa que me hacía ilusión), creo que vale con ver la foto. En la alfombra azul decidí, a pesar de estar bastante emocionado, que no iba a llorar; eso lo dejo para cuando termine mi primer Ironman. Creo que sólo he estado más contento cuando gané Zarautz y, aunque no es una victoria total, para mí es un pequeño éxito parcial, a la espera de lo que esté por venir, que me gustaría dedicar, con humildad, a la Dra. Boraíta y colaboradores por la impagable atención prestada estos meses de atrás.
¿El corazón? Lleno, funcionando y echando de menos todo lo que está por venir...

Gracias por los apoyos de estos meses de atras: se agradecen de corazón.