Edu, Héctor (guiñando los dos ojos), Berti, Daggi, Andoni y Álvaro. Famoso "Donfri", primavera 2004.
Toni, Craig (mis amigos-familia kiwis) y "servidor". Cerca de la bahía de Sydney, Nov 2006
Volví hace poco de hacer una de mis visitas, de costumbre por estas fechas, a mi abuela. La visita suele consistir en afrontar un torrente de verborrea pacientemente contenida, como quien prepara un alud, aplicada generalmente a historias caducas, como una especie de consuelo temporal para esa vieja compañera, la soledad. Mi función es capear el temporal, permanecer de pie ante la avalancha. Ser una especie de figurante, un público más o menos implicado, más menos que más, que mucho tampoco importa. Me llama mucho la atención el enfoque que la soledad aplica a las cosas, enrevesamos mucho más las cosas. Pero es esa soledad la que nos da el espacio íntimo para reflexionar, como ahora mientras miro por la ventana cómo se ha deshecho toda la nieve de hace unos dias. Y es precisamente en esa soledad en la que empecé a pensar el otro día en los amigos, una vez más, recordando un reciente viaje a Las Palmas, donde nos hemos juntados unos cuantos que la casualidad y la necesidad han esparcido por la geografía española, para quedarnos en casa de Pedro.
Algunos de nosotros tenemos la mala suerte de haber presenciado la triste y progresiva diáspora de nuestros amigos, sobre todo los que venimos de una ciudad de provincias; provincias desgastadas, marchitas, destinadas a convertirse en lo que yo llamo un cementerio de elefantes (con una política que nada piensa en los jóvenes, por mucho que se trate, en mi caso, de una ciudad universitaria; se trata de una especie de gerontopolítica). Dicho cementerio condena al éxodo, en busca de oportunidades con futuro u oportunidades, a secas. De manera similar, algunos de los que nos quedamos, tenemos la sensación de estar en el exilio, aunque, como ya he dicho alguna vez, sean otros son los que se han ido. Quizá la opción sea marchar también.
Mientras volvía del pueblo de mi abuela, conduciendo bajo la lluvia, pensaba distraídamente en la necesidad de cambiar los limpiacristales, cosa que pospondré hasta el verano por dejadez, cuando ya no haga falta, y sin querer me perdí en mis divagaciones recordando el tiempo que llevábamos sin juntarnos antes de ir para allá. Aplicamos la palabra amigo para casi cualquiera, sean de verdad amigos, amiguetes o conocidos. Mi amigo Juanma suele afirmar que un amigo es aquel que puedes llevar años sin ver y, cuando lo vuelves a ver, es como si hubieras estado tomando unas cañas el día antes. Yo llegue un día más tarde a Las Palmas, mientras Jordi luchaba por volver a la vida después de salir la noche antes. A los cinco segundos yo era uno más diciendo tonterías, principalmente y por no desentonar, soltando pullas que encierran más cariño que el más sincero de los abrazos. Realmente el momento del reencuentro no fue nada extraordinario, porque la amistad es algo intemporal. Vino a encajar a la perfección la definición de Juanma.
Arturo y Juanma. Fuenterrabía 2005?
Arturo y Salvatore. Birdland, Salamanca, 2005?
La primera noche que salimos allí en Las Palmas, yo, en mi paranoia hipocóndrica cardiaca, me fui a dormir pronto porque no me encontraba del todo bien y andaba algo taquicárdico (probablemente andaba más bien taquipsíquico, es decir, pensando más de la cuenta; pero cada uno con su hipocondría). Eso, unido a la necesidad de hacer bailar a alguien que, como yo, no baila (por respeto al género humano), me espantó y aproveché mi elevado pulso para salir corriendo como el que le sube las vueltas al coche para salir quemando rueda. Me despedí a la francesa dejando un “Á bientôt!” a merced de la brisa marina y del olvido, y me fui dando un paseo por la playa de Las Canteras, desde la Cícer, silbando probablemente algo de Wagner o de George Dann y arrepintiéndome prematuramente de haber viajado hasta allí, pues por mi historia sanitaria reciente no estaba en condiciones mentales de acompañar al resto del equipo de fiesta por la noche. Sin embargo, lo bueno de los amigos es que las explicaciones son algo casi inútil; al menos no son algo imprescindible. Y de hecho, yo no me anduve explicando mucho, sencillamente al día siguiente me acoplé de nuevo a las actividades sin más trascendencia. Todo fácil. Y no anduve pensando más en cómo me encontraba y fui un número más. Todo fue perfecto simplemente porque no tenía la necesidad de serlo.
Jordi y Pietro, probablemente compitiendo por ver quién dice la tontería más grande. Agaete (GC) Dic 2008Transcurrieron un par de días como sólo en la mejor compañía pueden pasar: demasiado rápido, demasiado contento por el presente y , a veces, con un deje de tristeza desapercibida por lo inminente de la despedida.
El día antes de volver, subíamos para Tabadaba en un pateo descrito como una “payufada”, sea eso lo que sea, y yo iba pateando un poco por libre como es mi costumbre (y más desde que tengo que contener mi ímpetu en lo que a la actividad física se refiere). Después de haberme desviado un poco, subía sólo, oyendo el compás de mi respiración, intentando convencerme de que éste no era excesivo, haciendo altos para contemplar las vistas de Agaete y pensando, a ratos, en estas cosas que acabo de mencionar. No me resultaba particularmente especial llevar tres días de risas, de complicidad, de sentido del humor compenetrado, ni tampoco el reencuentro con los amigos perdidos al amparo de un clima benévolo que todo lo facilita, a pesar de las pocas horas de sueño. Lo que descubrí, como algo especial era sentir que uno pertenecía a ese sitio, fuera donde fuera, mientras fuera con los amigos, esa limitada sociedad.
Excursión a Tamadaba: Cris, detrás Nayra, Fer Cabellos, Piotr, "Fede" y Jordi. Dic 2008Me pareció un contraste algo triste el de la plenitud que la amistad puede proporcionar con la soledad de mi abuela, y me arrepentí, una vez más, de no haber tenido la paciencia suficiente con ella...
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"Servidor" asustado con el flash amarillo, Jose Antonio y Silbia. La latina, julio 2004
Ayer, ya en el marco de las vacaciones de Navidad, nos juntamos Arturo, Salva, Juanma (recién llegado de Tarifa) y yo como si nos hubiéramos visto el día antes y nos bebimos unas cervezas y charlamos con la normalidad de siempre, contentos (al menos yo), sabiendo que los amigos siempre van a estar cerca, por lejos que estén geográficamente. Nos dieron las tantas.
"Servidor", Edu, Bernar (posando de uno de sus dos lados buenos), Berti, Álvaro, Pilu y Rocio. Madrid, primavera 2004.
Cuando pasen estas fechas y nos separemos de nuevo, uno debiera estar un poco más melancólico, inmerso “solo” en los rigores del invierno castellano, en la austeridad emocional de la meseta. Pero de la misma manera que, cuando nos encontramos, parece que nos hubiéramos visto “ayer”, me contento pensando, al invertir los términos, que no pasa nada, porque, si acabo de verlos “hoy”, los voy a volver a ver “mañana”…
"Servidor", "Mery" y Evita "Dinamita". Volando a Panama al inici0 del Tour Honduras-Perú-Sto Domingo 2007
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Por cierto, ¿queréis una perla de sabiduría rural de mi abuela? Ahí va un pedazo de conversación con mi abuela el otro día:
- Todo lo que sale en la tele es mentira ¿verdad?
- Todo, abuela, todo menos el Pressing Catch.Ahí queda eso.

Pietro y yo, rodando, que no todo va a ser soledad entrenando. Verano 2007, Madrid.