jueves, 27 de noviembre de 2008

La tradición oral. Blind Willie Johnson

El otro día, por algún motivo, me acordé de el añorado y efímero follonero de este blog y de la mención que hizo a mi afición al párrafo largo; nunca más hizo acto de presencia y enseguida me olvidé de él. Yo tengo claro que es un defecto mío tener como unidad estructural la idea y sus matices (entiéndase, consecuentemente, la "superoración" y sus subordinadas), y, con eso, no ser capaz de acercarme lo más mínimo a Cicerón. Sería mucho más legible si estructurase frases cortas, concisas y contundentes. Sería más expresivo en cuanto a que transmitiría mejor la verdad que quiero comunicar y se me entendería mejor (no en cuanto a acercarme a representar con exactitud esa verdad tal y como yo la concibo). Sea como sea, intentaré, a partir de hoy, que haya consenso entre ambas posturas.

De este tema, de la expresividad, de la comunicación (tal cual es hoy dia), etc., pasé a pensar en el origen último de estas cosas que han hecho del hombre lo que es. Obviando la comunicación primitiva (fuera ésta cómo y cuándo fuese), he pasado después a pensar en la tradición oral. Siempre he sido un defensor de la tradición oral. Y hablo de defensa y tradición como quien habla de algo que se pierde, como pasa últimamente con tantas tradiciones. Cada vez escuchamos menos y peor, y, por tanto, cada vez hay menos gente que cuenta bien una historia. También podríamos concluir que hay menos gente que habla y cuenta cosas (entendiendo por hablar una fonación previamente pensada). Siempre he sido más de estar de charla con los amigos en una tasca que en un tugurio donde no oigo ni lo que pienso. Por eso también en parte, al estar en el mismo marco, me gustan las novelas narradas en primera persona o con narradores implicados más o menos en la historia, como en las novelas de Conrad (el narrador omnisciente solamente puede ser Dios, y como ateo respetuoso sólo voy a decir que me cuadra menos la idea: es licencia artística).

La tradición oral. La expresividad. Contar una historia y transportar al oyente (o, si acaso, al lector) a la escena de la historia, casi involuntariamente. La meta última de esta tradición oral llegaría incluso a la transmisión de emociones puras. Y aquí es donde entra, para mí, un verdadero salto en la evolución (humana, ojo): la música y el canto. Una combinación que lleva a la expresividad y a la emoción a cotas nuevas, gracias al arrebato de la música, que nos rapta y nos desarma para que seamos totalmente permeables a la historia (la letra) cantada. Es por lo que pueden, quizá, calar tanto las canciones de Dylan, Cohen, Waits, etc. en el poco tiempo que dura cada tema. Por ejemplo, si quisiera hablar del dolor y de la pérdida (en general) podría escribir libros enteros para intentar transmitiros (hablo de emociones, no de conceptos, ni de análisis, ni de una anatomía del dolor) la décima parte de lo que puede transmitir esta versión de Cash de la canción de NIN "Hurt":




Las personas con formación musical son probablemente las que más envidia me dan. Sólo con la primera estrofa de la canción se le quitan a uno las ganas de expresar lo que se cuenta por escrito. La música es una de mis frustraciones.

Ahora, torturando directamente desde la wiki, os voy a hablar de Blind Willie Johnson. Nació en 1897 cerca de Brenham, Texas. Su madre falleció cuando aún era muy joven, volviéndose a casar su padre al poco tiempo. Johnson no nació ciego. Se cuenta que, cuando Willie tenía siete años, su padre pegó a su madrastra al encontrarla con otro hombre, después, la madrastra cogió lejía y se la tiró a la cara al joven Willie: parece ser que pensaba que era el chivato; ésta es la explicación más popular y extendida de su ceguera. Johnson vivió en la pobreza hasta su muerte, predicando y cantando en las calles de Beaumont, Texas, a cualquiera que quisiera escucharle. En 1945, la casa de Johnson se quemó, por lo que el músico terminó viviendo en las ruinas de la misma y durmiendo en una cama mojada, hasta que falleció debido a una neumonía. En una entrevista posterior, su mujer relató que intentó llevarle a un hospital pero que le fue denegada la entrada al mismo debido a la ceguera de su marido. La música de Johnson ha influído en una gran cantidad de artistas posteriores, realizando versiones de algunas de sus canciones músicos como Led Zeppelin (el cual incluyó una foto de Johnson en su segundo disco), Bob Dylan, The 77s, Beck, Phil Keaggy y The White Stripes, los cuales han versionado la canción "John the Revelator"; artistas del delta blues, como Son House y Fred McDowell, también grabaron versiones de canciones de Johnson...




En la nave espacial de la misión Voyager (la que sale al final en una de las películas de Star Trek) se acopló un disco con información sobre el ser humano, pues esa nave estaba destinada a perderse en el espacio y, quién sabe, quizá a ser encontrada remotamente por vida inteligente, si es que ésta realmente existe en algún sitio. Sagan -el de los documentales "Cosmos"- era uno de los responsables de esta idea. Se dibujó una silueta del ser humano (hombre y mujer) y luego se grabaron una serie de sonidos de la naturaleza, incluído el latido de un corazón. En ese disco se incluyó la canción de Blind Willie Johnson "Dark was the night, Cold was the ground" como una de las herramientas para expresar la esencia del ser humano (instrumentos musicales y música, la voz y el canto, la espiritualidad -la canción trata de Cristo, pero no es esa la cuestión-, etc); esta canción apenas tiene letra.



Me apetecía hacer hincapié en la creciente incapacidad que vamos adquiriendo, como colectivo, para comunicar y para expresar cómo ocurren las acciones y los eventos que nos rodean. Me pareció que era una buena forma de representar la expresividad y una parte de la tradición oral (aunque prácticamente ni se hable en la canción) como una forma particular de comunicación y de paso hablar de este músico.

Yo, por tanto, haré mi parte (sin música, tranquilos ¡eh!), y me esforzaré por ser de los pocos que quieren mantener un tanto la tradición oral o, al menos, lo intentan, aunque sea yo, por naturaleza, reservado...

lunes, 17 de noviembre de 2008

Estados de ánimo

Ya llevo un par de semanas con tratamiento para mis problemas de salud. Seguro que no es el peor tratamiento con el que los matasanos podamos condenar al malestar (y por tanto al “malser”) y, desde luego, es sólo temporal. Los beta bloqueantes intentan atenuar la actividad del sistema nervioso simpático para dos de sus cuatro tipos de receptores (los beta 1 y los beta 2) y, en particular el atenolol –que estoy obligado a tomar yo ahora-, es bastante selectivo para el corazón (beta 1). El problema es que al ponerse a “atenuar”, aun siendo fármacos selectivos, yo también quedo algo apagado como persona. Es algo parecido a lo que alguno –desconociendo el verdadero siginificado de la palabra “depresión”- llamaría “estar deprimido”. Es decir, ando con el ánimo algo decaído, pero no le doy mucha importancia porque lo achaco a un accidente temporal, que es este tratamiento.

Sin embargo, estos cambios me hacen pensar en los estados de ánimo, estados que yo suelo asumir con la misma resignación o gratitud que siento por una fría y triste niebla que nos condena a la soledad visual o por unos calidos rayos de sol atravesando la melancólica nostalgia del otoño. La única diferencia ahora, quizá, es que intento no incomodar a nadie con esta insuficiencia anímica que me limita y me enfada conmigo mismo, y busco la comodidad conforme y autocomplaciente de la compañía y voz propias, donde todo lo demás, como decía Monterroso, es silencio.



Ayer fuimos a hacer un pateo por Gredos, cosa que me pedía el cuerpo desde hace un tiempo. Subimos al Morezón por el refugio del rey (que no estoy para muchos trotes), bajamos por la canal directamente a la laguna, sin necesidad de crampones (la nieve estaba perfecta) y volvimos por la ruta de los domingueros, cruzándonos con un convoy de señoras bien maquilladas y peinadas que se dirigían al refugio sin mochila, ya que tenían porteadores que se encargaban de subirles hasta la laguna sus secadores de pelo, sus cajas de música de las alhajas y sus equipaciones completas (recién adquiridas) del Corte Inglés, listas para esa nueva vocación montañera, que pretende huir de la vacua vanidad de la ciudad y el club de campo para establecerla en la montaña…



Subiendo, paciente, iba físicamente hecho una pena, psíquicamente penando, pero olvidando un tanto “la pena” que traía. No es que pasara a un estado de excitación alegre como es normal en muchos de nosotros cuando vamos a la montaña, pues tengo la sensación de que los fármacos no me lo permiten. Pero al menos sí pasé a un estado de alegre tranquilidad en la que me di a pensar, como he dicho, en los estados de ánimo, ya que tengo la fea costumbre de ponerme trascendental a veces, generalmente cuando menos viene a cuento.




Me entristecía un tanto la precariedad física con la que subía, recordando la plenitud que la actividad física sin taras me ha hecho sentir en el pasado. El recuerdo de cómo he sido, de cómo me he sentido hasta hace nada, confrontado con la minusválida realidad, me hacía pensar en lo fugaz de los buenos momentos y en lo ralentizado (aunque por suerte fácilmente olvidable) de los malos. Con una sonrisa trabajada, por el esfuerzo, he conseguido negarme a mí mismo que nada importa echando un vistazo al paisaje.



Tranquilamente hemos vuelto a Salamanca Chuchi, Andrés y yo; los tres contentos, cada uno a su manera, con algunos chistes por el camino y sus correspondientes risas. Con la suavidad de la noche y un rubor de sol agradecido en la cara, me he puesto a dar cabezazos en el asiento de atrás, siendo téstigo imparcial y desinteresado de la lucha almohadillada entre sueño y vigilia, abandonándome al olvido de los sueños soñados.
Cuando he despertado sonaba “Yesterday” en el coche de Andrés y he recordado lo bueno que fue aquel disco, no siendo una concesión a los autores de la canción (que nunca llegaron a ser de mi agrado), si no una concesión a la verdad, si es que ésta necesita concesiones.



He echado un vistazo a las fotos que he tomado, las fotos del “hoy”. No sé si “Nada importa”, que accesos nihilistas tengo a ratos; ni sé si importa el futuro o tan siquiera, si acaso, el “hoy”; no, de momento no es el ahora, es el ya. Y sí, oyendo la canción he sonreído y también he llegado a la conclusión de que el ayer tampoco tiene nada para mí…
Y por ahora es mejor así; yo estaré esperando a que salga un poco el sol para sonreir algo más.

(Para el que vaya más flojo con el inglés:
Yesterday, there was so many things
I was never told
Now that I'm startin' to learn
I feel I'm growing old
'Cause yesterday's got nothin' for me
Old pictures that I'll always see
Time just fades the pages
In my book of memories
Prayers in my pocket
And no hand in destiny
I'll keep on movin' along
With no time to plant my feet
'Cause yesterday's got nothin' for me
Old pictures that I'll always see
Some things could be better
If we'd all just let them be
Yesterday's got nothin' for me
Yesterday's got nothin' for me
Got nothin' for me
Yesterday, there was so many things
I was never shown
Suddenly this time I found
I'm on the streets and I'm all alone
Yesterday's got nothin' for me
Old pictures that I'll always see
I ain't got time to reminisce old novelties
Yesterday's got nothin' for me
Yesterday's got nothin' for me
Yesterday's got nothin' for me
Yesterday...)