jueves, 7 de agosto de 2008

LARGO PIT STOP PARA ALONSO

Mucho tiempo ya sin escribir aquí. Soy de la opinión de que no hay excusas, pero sí motivos. La última vez que escribí me disponía a retomar los entrenamientos tras dos semanas de descanso forzoso tras el via crucis de Zarautz. Pero nada más empezar recibí los resultados de una analítica muy poco alentadora. Además me perseguían unos problemas de salud que lograron sumirme en la incertidumbre en lo que mi futuro deportivo se refiere. Y ha sido lo que me ha apartado un poco de escribir aquí.


Había tenido un episodio, corriendo a pie, de extrasistolia bastante marcada (para entendernos una extrasístole es como una pulsación que se salta su turno y palpita antes de lo que debiera, a veces con más fuerza: podéis ver algunas en el ECG). Había tomado un café (como tantas veces hice siendo yo un cafetero-valdés de los de toda la vida) y hacía mucho calor, por lo que no le di demasiada importancia. Pero al poco de recibir mi analítica con 38% Htco (tras dos semanas de descanso) me volvió a pasar y me pegué un par de dias con el corazón más sonado que las maracas de Machín (y con bastante menos ritmo). Y ahí, como se suele decir, se me pusieron de corbata.




Decidí ir a que me hicieran un reconocimiento cardiológico completo a Madrid (sí, donde le quitaron la licencia a Noya: imaginaos si andaba preocupado): ECG, Eco-Doppler, prueba de esfuerzo (hasta casi 22Km/h -"dos cuarentaíí" el mil en poco más de 13' tras un mes parado: no sé quien ha puesto esos protocolos, pero seguro que no corre) y ponerme un Holter, un registro de 24h en el que tienes que ir anotando lo que haces (¡todo!) para ver la correspondencia en el registro. La verdad, tengo que agradecer la atención, presteza y competencia de Zigor Montalvo, el médico de la FETRI, así como del servicio de cardiología del centro médico del CSD, predispuestos a ayudar y atenderme de un día para otro y a donde yo fui un poco a regañadientes -por tener el miedo metido en el cuerpo, si no no voy- a descubrir que estaba equivocado tanto en mis sospechas sanitarias (la hipocondria de un licenciado en medicina puede llegar a ser algo acojonantemente desbocado) como en la opinión que tenía de dicho servicio (que no de Zigor, del que siempre he tenido una impresión impecable): mis disculpas. Y aunque nunca hemos llegado a saber a qué se debían, me calmaron diciéndome que se trataba de extrasístoles supraventriculares ("las buenas") y yo de momento no he vuelto a tener esa sensación (ni a tomar tanto café tampoco); eso sí el mes de "acojono" que he pasado no me lo quita nadie.


Hoy, visto lo visto, tengo que desdecirme de lo que respondía antes cuando me preguntaban por Noya y su valvulopatía. Solía decir que como médico o si yo fuera familia suya, no lo aprobaría o tendría reparos (ojo, que no hablo de prohibir, ni quitar licencia, ni nada, que sigo pensando que es el mejor triatleta-drafting que ha habido y una persona inteligente y capaz para tomar sus decisiones), pero -decía- que, si yo fuera él, haría lo mismo. Pues no, no lo haría; ya he dicho aquí que siento admiración por los vitalistas y los vividores, y lo que eso conlleva: vivir (y por tanto, que te "abran el pecho", vávulas mecánicas y anticoagulantes... prefiero evitarlos o postponerlos al máximo, sin por eso dejar de admirar su rendimiento ni ese posible sacrificio que deja sobre la palestra). Ójala el dia 19 gane el mejor, es decir, él, pero sospecho una bici "muy cuchillera".



Así que retomé entrenos tras la Copa del Rey, en Mallorca, donde mi equipo me sacó los ojos al ser yo el 4º del equipo (confiaba en quedarme antes, así que, por otra parte, contento) y donde hicimos terceros con la sensación de poder haber peleado el segundo puesto si hubieramos estado algo más coordinados, que fuimos "algo globeros" en dos o tres cosillas. Eso sí, al entrar en meta, esprintando, mano al pecho (que me he pegado un mes como Napoleón) a comprobar si tenía o no alguna de las dichosas extrasístoles (¡no!).



Al atonómico de Badajoz fui con diez días de entreno. Pensaba hacer bien el agua y, en contra de mi voluntad, mal el resto. Fue justo al revés. Con el asturiano Muñiz y el boquerón Carnevali, los que más me ayudaron entre otros, conseguimos llegar a la cabeza para formar un grupo de unos 30 ó 35. Me encontré fuerte en bici para haber hecho 4 salidas y empecé tranquilo a correr el último de la grupeta, pensando que hasta ahí había dado. Sin embargo empecé a encontrarme bien y llegué noveno remontando mucho. ¿No es cierto que descansamos poco? ¿No es verdad que programamos pocos descansos y nos empeñamos en hacer densas semanas de entreno de imposible recuperación?. Con cosas como ésta cada vez lo tengo más claro. Ahora con tres semanas de entreno (tras un mes parado) estoy mejor que en Zarautz. A mí me gusta machacar, pero no estar enfermo del cuerpo (lo de la cabeza hemos quedado que "entra dentro de la mística"), que es como estaba antes de parar.


Tras Badajoz despejé algunas dudas sobre acudir al Mundial LD. Es poco tiempo para prepararlo, pero con mucho más "reprís" fisiológico por el descanso me noto mejor y recupero mejor, así que iré para allá con un extra de ilusión que supla el ir falto de kilómetros.



El domingo corrimos en Valladolid, como todos los años, no se podía faltar. Últimamente estaba saliendo el primero del agua (como en la foto de abajo, del año pasado), pero después de Badajoz ya no sabía que esperar. Los primeros 400m los hice en cabeza, pero iba pinchando poco a poco. Menos mal que un ex-nadador (Iván López) me había cogido los pies y me pasó. Gracias a él mantuvimos la pequeña brecha con respecto a Fidalgo que yo había abierto, para mi el claro favorito. Al empezar la bici, éste no iba a más de 50m y seguí tirando yo solo con la intención de que se cansara un poco, ya que era el mejor corredor. Sin embargo no empalmaba y, aunque Iván López no podía darme relevos, decidí tirar "palante". Quien haya corrido en Valladolid sabe que no es el sitio para escaparse, pues hay muchas giros que rompen el ritmo; pero con tres semanas de entreno no tenía nada que perder y me hice la bici solo, como hace años que no hacía, bajándome con tiempo suficiente para gestionar mi dolor de piernas los dos primeros kilómetros y mantener la ventaja los últimos tres para llegar primero (la tercera vez en Valladolid). Sobre todo contento por el cómo, no por el cuánto o el tanto. Hay que aprovechar con fenómenos como Fidalgo ahora que se puede; si es bien llevado, con previsión y paciencia, va a funcionar muy bien (ya ha dado un gran paso nadando este año).



Hoy salida larga con triatletas salmantinos de distintas "hornadas": Abel (1ª hornada), "servidor" (2ª hornada), "Píter" (3ª hornada) y Dani Calvente (4ª hornada), que tiene mucho potencial y hoy al pasar de 100K ha pillado una pájara de las de antes del drafting, que se caracterizan por: ritmo petrolero, ausencia total de cambio de ritmo, ausencia total de expresividad en la cara, ausencia total de ganas de montar en bici (en particular las cuestas), ausencia total de capacidad fonativa (exceptuando "si", "no" o "no sé"), ausencia total de visión (salvo por la rueda de delante), ausencia total de voluntad (nos tiramos a la cuneta y él viene detrás) y -dicen los fisiólogos- ausencia total de glucógeno muscular; en cuanto reponga en dos o tres dias nos saca los ojos. Por lo que a mí respecta hoy hemos bautizado a un nuevo triatleta, que se ha ido a casa a comer un plato de pasta con el carné de ciclista recién estrenado.