lunes, 24 de marzo de 2008

La humildad

Voy a aprovecharme otra vez de la monserga filosófica para el post de hoy. Yo tengo cierta debilidad por Shopenhauer, pero no del Shopenhauer filósofo, si no del Shopenhauer persona; tanto que hasta el nombre me gusta lo suficiente como para repetirlo tres veces en la misma frase. Hace un tiempo, cuando alguien me pedía recomendarle un libro le aconsejaba “El mundo como voluntad y representación” y hacía un esfuerzo por no reírme, que es lo que suelo hacer cuando intento gastar una broma, estropeándola automáticamente. No que el libro sea malo, cosa que no sé, pues, aunque lo tengo comprado, no lo tengo leído. Pero se trata de un “troncho” de mil páginas muy densas en las que nada más empezar a leer el autor te pide primero que te pongas las pilas con Kant, que si no no te vas a enterar de nada, y luego que lo leas dos veces, “la primera con mucha paciencia”. La madre de Shopenhauer, de la que alguno se acordará peleándose con “El mundo...”, era una escritora de cierto éxito en la época, que llevaba una vida libre y desenvuelta que contrariaba a su hijo, lo que solía provocar bastantes disputas entre ambos. Cuando el hijo pasó a la madre su tesis doctoral ésta se burló diciendo “Debe de ser un libro para boticarios”. “Se seguirá leyendo –replicó el joven- , cuando ya no quede un solo ejemplar ni en los trasteros”. Ella contesto: “De los tuyos, la primera edición estará completa por vender”. Ambos acertaron.

Shopenhauer sabía de su talla intelectual, pero no era modesto:

“¿Qué es la modestia, sino una humildad fingida, por medio de la cual se quiere, en un mundo rebosante de infame envidia, mendigar el perdón por las cualidades y méritos, de aquellos que no las tienen?

Desde luego, la virtud de la modestia es un invento que vale muy bien para los desarrapados; puesto que todo el mundo tiene que hablar de sí mismo con modestia... como si no hubiera otra cosa que desarrapados.”

Shopenhauer es algo extremo a la hora de expresar lo que piensa, aunque en el fondo no le falte razón. Yo por mi parte tampoco soy de modestia; quiero pensar que soy humilde, me esfuerzo por ser humilde. Pero de la misma forma que no conozco a nadie que diga de sí que es mala gente, cuando me consta por experiencia que hay mucha, yo podría estar equivocado y no ser humilde, aún cuando lo pretendo. Cuando alguien, exagerando, me alaba lo agradezco con modales, pero preferiría que se pusiera en mi lugar y no lo hiciera, pues, aparte de que las alabanzas debilitan, a mí me hacen sentir incómodo. Coincido en que la modestia es una humildad fingida o, al menos, forzada, pero concedo que es una herramienta útil para la convivencia social de la que hay que echar mano según con qué personas y según con qué situaciones. Identificamos falta de modestia con arrogancia; me parece un error conceptual: la modestia es una expresión forzada (socialmente hablando) de una humildad real o fingida, pero no se deja de ser humilde por no mostrarse modesto. Lo que no aguanto es la modestia fingida, sobreactuada (¿humildad “requete”-fingida?), como cuando en pre-escolar te venía algún compañero enseñándote su dibujo, diciendo, con cara de pena, “¡Mira que mal me ha quedado!” ... y tú, con inocencia y bondad infantiles, adivinabas que tu labor social y amistosa era desmentirle y darle un poco de jabón para que se fuera reconfortado y seguro de sí mismo a casa. Digamos que la humildad real es una actitud para con uno mismo que trasciende para con los demás, en ese orden y no al revés, que es lo que la modestia pretende aparentar. Pero dejemos ya las definiciones.

Y sin embargo la humildad...

Seguro que alguno ha oído alguna vez mencionar la diferencia de carácter que hay entre fondistas y velocistas. Sólo hay que ver que el gasto energético que los corredores de 100 lisos realizan en su prueba se debe principalmente al numerito que montan justo después de quitarse los tirantes (que es donde realmente exhiben una velocidad prodigiosa) para enseñar pectoral. El fondista, sin embargo, está sometido continuamente a ejercicios de humillación: el entrenamiento consiste, resumiendo, en reventarse, en llegar al punto donde ya no puede, donde es incapaz, donde es “poco”: lo que no deja lugar al ego desmedido (donde se es o se cree que se es “mucho”). Debe haber en el fondista, para el que son necesarias tantas horas de entrenamiento, una dosis natural de humildad para saber, al acabar cada entreno, por muy bien que haya ido, que falta por hacer, que prima la constancia y que el talento nunca es suficiente si no hay un sacrificio de horas y horas de paciente trabajo: aquí la arrogancia y la soberbia no tienen lugar. Éstas impiden el seguir trabajando; te hacen bajar la guardia y caer.


Voy a poner un ejemplo concreto. En el 97 quedé 3º en el mundial junior, en el 98 gané el europeo junior y quedé subcampeón de España absoluto, siendo junior; los tres resultados con relativo poco esfuerzo, sencillamente es que estaba en buena forma, supongo por esas rarezas hormonales que tiene el final de la pubertad y el ir relativamente descansado (entrenar recuperando). Nunca me he excedido con la modestia (creo que cansa pronto), porque me parece de una hipocresía y falsedad sangrantes y llega a ser una forma lastimosa de adulación, pero tampoco creo que tuviera soberbia excesiva para alguien de 19 años (...19 años, algo de soberbia sí, supongo, ¿por qué iba yo a ser distinto?). La posibilidad de la olimpiada estaba ahí y, aún con los resultados obtenidos, yo no había olvidado la importancia del trabajo. En el 99 entrené como un salvaje sin cuidar recuperaciones y en ese aspecto yo sí parecía humilde (dejo de lado este tipo de humildad: el fondista que no sepa que hay que trabajar lo lleva claro). Sin embargo, llegadas las competiciones yo no estaba a un nivel decente por diversos motivos (lesiones, anemias, cansancio... entrenar y no recuperar: ¡qué simple parece! ¿no?). Hasta aquí, cosas que pasan. Ahora bien, yo me estaba retirando en demasiadas carreras, y estaba dejando de competir por estar mal. ¿Ocurría que yo no aceptaba ir a un nivel por debajo del que yo creía que me correspondía? Mark Allen decía “Si estás al 80%, intenta dar el 100% del 80%”. Yo no tenía humildad suficiente para aceptar la situación y hacerle frente (sí para reconocerla). ¿Cómo iba a sacar todo lo que llevaba dentro de mí cuando estuviera en forma, si no era capaz de buscar recursos personales para exprimir mi rendimiento yendo mal, cuando era más necesario? Esa actitud me llevaba, incluso estando en forma, a tirar la toalla a la mínima, quedándome sólo, como única opción, la carrera perfecta... que no existe. Por suerte me di cuenta, pero sigo viendo gente, después de muchos años, que cuando se tuercen un poco las cosas se retira o se deja ir. A veces, posteriormente, he llevado el planteamiento opuesto (sufrir hasta el límite), al extremo de la humillación pública, concentrado en el proceso interior que a mí me interesaba, tanto que incluso el año pasado en una prueba me costó mucho retirarme a pesar de que estaba clarísimo que era lo más inteligente y necesario en diferentes aspectos.

Después estuve entrenando unos años con César Varela, del que aprendí muchas cosas, principalmente a trabajar duro a pesar de la adversidad (cosa que llevé a extremo y que me ha estado dando problemas estos años de atrás: sobreentrenamiento); pero otro problema relacionado con la humildad me estuvo dando problemas esos años.

Aprendí a trabajar a pesar de los problemas. La moneda de cambio era el curro. Creo que nadie me puede echar en cara ser vago como triatleta (como nadador vago fui un “jefe”). Así que llegaba el momento en que me ponía en forma y no me daba por pensar mucho en la humildad. Ícaro tampoco debió pensar mucho en ella por ahí arriba. En muchísimas carreras, por el ansia de querer más, me excedía entrenando y llegaba hecho polvo a pruebas importantes, aún estando muy en forma. Creo que ha habido muchas copas del mundo que he estropeado de esa forma. No tenía la humildad suficiente para ver que ya estaba el trabajo hecho, que hasta ahí daba (no hay milagros a última hora: y si tienes fe en los milagros, guárdala para el tri... ¡deja algo para el tri!), que había un plazo X de tiempo de recuperación para un humano, que el hacer una machada a última hora no implica una competición buena, etc.etc.

Otro tipo de humildad es la que nos hace respetar a los rivales, sean del nivel que sean. Generalmente el no valorar a los demás es cuando... nos la meten doblada (quería usar una expresión más suave, pero esta es la que nos sale cuando... nos la meten doblada; disculpad otra vez). Pues que sea porque no hemos dado para más, no por crecidos.

Sé que se trata de “humildades” muy sutiles, pero, a mi juicio, esenciales. De todo se aprende. Yo he puesto mi ejemplo hoy aquí, no como un ejemplo de culto al ego ni tampoco para mi escarnio por mis actitudes incorrectas en el pasado, si no por no usar ejemplos de otros deportistas que tantas veces veo para que nadie se sienta ofendido; de todas formas –dicen- con los años uno va aceptando lo que es y dejando de lado lo que uno se empeña en creer que es o lo que a uno le gustaría ser.

A mi juicio, actualmente, no hay un sistema de control de carga eficaz y cotidiano (accesible a cualquiera) que te dé información objetiva sobre lo que haces y cómo lo lleva tu organismo. Una de las herramientas que yo me esfuerzo por usar es la humildad. La humildad que me obliga a currar abnegadamente tanto como (muy importante para los que atendéis una extenuante vida laboral:) la humildad que me hace ver hasta dónde puede mi cuerpo (para, a partir de ese punto, dedicarme a recuperar), pasando por la humildad que me permite realizar la mejor competición, sacando todo lo que llevo, sin subestimar o sobreestimar a nadie ni a mí mismo. Sobre todo, sin traicionarme a mí mismo y sin dejar de esforzarme por saber de verdad quién soy y cual es mi situación (...ya sabéis: “Conócete a ti mismo”).

8 comentarios:

edecast dijo...

Como no te gusta que te alaben ;-) no me extiendo en “alabanzas”. Sólo decir que un placer leerte. Aunque te cueste escribir un poco ;-) Eso sí, cuando lo haces te explayas, y se agradece. Saludos.

Juan Vergara dijo...

joder , ese año de 1998 en el cual fuiste 3º de europa fue un bombazo!!, yo recuerdo que , siendo de mi quinta del año 1978,(en aquellos tiempos era nuestro ultimo año junior), habias sido capaz de todo eso... y encima estudiando medicina!!!
yo cuando lo comentaba con algunos compis alucinabamos.
tb gran carreron el que hiciste en águilas '98. guardo un buen recuerdo de aquel campeonato de españa. trisaludos;-)

Ishtar dijo...

Uhmmmm, sobre la modestia, a veces, como dices, solo se busca una palmadita en la espalda, que a todos nos hace falta de vez en cuando, así que hay que reclamarla si no te la dan ;-). Humildad siempre... pero ser huilde, en el caso de gente que consigue grandes cosas, no está negado con reconocerse sus propios méritos. Y, esto, a veces se podría confundir con vanidad, y nada más lejos de la realidad. Vamos, que si Vanessa Fernandez es la mejor triatleta de la actualidad, que ella diga de sí misma que es normalita, no es de ser humilde, es de ser bobo, por ejemplo....

Respecto a lo de las retiradas... siempre he tenido curiosidad por lo mucho que os retiráis la élite. Vale que si te vas arrastrando es una bobada terminar (y yo soy la primera que lo digo aunque aún no he tenido que retirarme nunca, porque no se ha dado el caso), pero eso de retirarte en cuanto la cosa no sale perfecta me parece un absurdo, que de las malas carreras se puede aprender mucho más que de las buenas y, al fin y al cabo, como buen entreno siempre sirven, ¿no? ;-). Bueno, supongo que no querrán "manchar" su curriculum y se ve que un "no presentado" mancha menos que un "suspenso"...

Besicos!

Nacho Cembellin dijo...

Personalmente siempre he creido que nuestra sociedad en general es un tanto envidiosa y falsamente modesta. Tenemos una forma de ser curiosa que aparentemente nos alegra más oir conversaciones como:
Cómo te va??... bueno, regular... y así conseguir que el interrogante se compadezca y se una a tu aflicción, que contar tus exitos y alegrias y consigas que te miren con recelo.

Esta actitud no es una actitud de falsos amigos, es una actitud que creo no deberia ser tolerada y vista como una falta de educación.... perooo.... "semos asin".

Así cuando una persona se siente agusto por como es, y lo expresa, se lanza con ilusión a sus proyectos, y lo cuenta mostrando seguridad en si mismo (cuidado que se acercara segun quien a la prepotencia), siempre aparacerá alguien que generalmente te quiera y te aconseje a no mostrar estas facetas para que te protejas un poquito más por lo que pueda pasar si algo que vas a hacer no sale del todo bien.

Pero bueno, es una condición humana.

POr cierto, para ser el mejor, no sólo hay que valerlo, sino hay que creerselo. ES eso inmodestia, es eso prepotencia. Si lo dice si, si se lo calla no, será entonces hipocresia, o por el contrario una eduación refinada que hace que sepas controlar tus emociones para con los demás?.

Dónde están las lindes para ser modesto o no, donde están los limites para ser alguien seguro de si mismo o prepotente... supongo que en la crítica de los demás. Así pues,mejor olvidarse de los demás y ser como sientes siempre y cuando no hagas mal a nadie.

Anónimo dijo...

Socio, eso de afrontar lo que hay, encarar y aceptar la situación sale innato o debería. En nuestras carreras de fondo, yo al menos, he asumido que para que triunfemos una vez vamos a fracasar otras 9 pero la gloria de esa victoria compensa el resto de humillaciones hacía nosotros mismos por no conseguir lo que queremos o lo que creemos merecer.
Yo solo conozco un antídoto y es el trabajo duro y escuchar nuestros instintos hoy acallados entre la multitud.
El fracaso es la prueba de que no hemos deseado algo con suficiente fuerza.
sonia

Clemente Alonso McKernan dijo...

Saludos y gracias por los comentarios.

Edecast, el post llevaba escrito más de 10 días. Soy perro para ir a un ciber y "fabricar" el post. Gracias de todas formas por el cumplido.

Juan, tempus fugit. Qué mayores nos hacemos en nada...

Ishtar, yo como cuasiélite o pseudoélite (y no es modestia, es cuestión de criterios de alguién que no saca del deporte ni para vivir en su ciudad) creo que me retiro poquísimo últimamente. Hace dos años en la WC de Madrid por rotura de fibras (cualquier otro no lo hubiera intentado) y cuenca el año pasado (era una pura cuestión de matemáticas). Hace dos años en pulpi, cto de españa, con una crisis asmatica me arrastre corriendo el diezmil el 5' más de lo normal... en fin. De todas formas "Vanitas vanitatum, et omnia vanitas". Supongo que hay divergencia entre espectativas y realidad que muchos no son capaces de tolerar: es una forma de engañarse, ¿no?

Nacho, el tema de la humildad, en términos generales, da para mucho. Yo quería abordar más el enfoque de cómo vará el entreno y la competición en cuanto a variaciones sutiles de la humildad, que creo que a la larga pesan mucho.

Sonia, tu sólo has fallado este mes de marzo, te queda lo mejor de la temporada que vendrá con lo que has aprendido esta primera mitad. Seguro.

Saludos a todos y gracias.

Clemente Alonso McKernan dijo...

Por cierto, Sonia, estos pequeños fallos tuyos creo que son un regalo para hacer bien la temporada. El que mucho abarca... Si te fijas, muchos de los que se han concentrado en el verano han levantado el pie hace ya tiempo.

Furacán dijo...

Uf vaya, otro tema interesante aunque a estas horas me resulta difícil hacer un comentario coherente. Mañana si tal lo releo y completo lo que voy poner a continuación.
Según la entiendo yo tanto humildad como modestia son 2 actitudes positivas a cultivar a lo largo de la vida aunque estoy bastante de acuerdo contigo en lo de la falsa modestia y también con el comentario de Nacho.
Según mi punto de vista:
Modestia implica el no buscar el éxito basado en el reconocimiento social, tu valor te lo das tu a ti mismo, no te lo da el resto de la gente por lo que piense de ti. No tienes porque andar pregonando por ahí lo bueno que eres aunque sea cierto.
Humildad significa el ser consciente de que no vas alcanzar la perfección en nada de lo que hagas, que no te puedes dormir en los laureles, que tienes que darlo todo a diario... que en el momento que no aspires a mejorar es que has dejado de ser bueno...

Un poco por ahí va mi forma de pensar...

Saludos!