miércoles, 13 de febrero de 2008

La música

El otro día subía por el parque de la Dehesa andando después de nadar. Venía distraído, como es normal después de meter 200 largos (199 volteos/giros) en piscina corta, que marea. Cuando vuelvo, atravieso el centro andando, a pesar de que no es el camino más corto. Soria no es grande y da gusto desplazarse andando, con la “prisa de provincias”, de una punta a otra. Por el camino voy escuchando música en el móvil. Subiendo, ya para llegar a mi casa por el parque, sonaba “Subbacultcha”, de los Pixies, y me sorprendí andando al ritmo de la música. Cuando entré en casa para sentarme en el sofá sonaba “Timbarma”, de Ali Farka Touré, listo para relajarme, también al ritmo de la música, como si todo estuviera preparado como una banda sonora personal y sincronizada.




Ayer fui al teatro a ver “Luces de Bohemia”, alguno de los personajes me sonaba de haber leído “Las máscaras del héroe” de Prada y de haber curioseado por “La Sagrada Cripta de Pombo” de Don Ramón, con esos personajillos del mundo de la cultura del Madrid previo a la guerra civil. Fui solo y supongo que a este paso me acabaré haciendo el amigo imaginario que de niño nunca tuve. No quedaban entradas y tuve la suerte de comprar una a unas chicas en la puerta. Por tanto me tocó sentarme al lado de ellas y, en el descanso, aún no sé bien por qué, al oír que hablaban de los personajes, les comenté que merecía la pena ojear las dos obras citatadas anteriormente, pues eran muy curiosas; el comentario inmediato de una de ellas hizo referencia a lo poco agraciado que era físicamente uno de los actores e hizo que yo, tras sentirme tonto con su tontería y descartar que hubiera alguna oscura relación entre mi comentario y el suyo, tomara nota mental de no volver a abrir la boca para mostrarme amigable sin más ni más. Y el resto del descanso me dio por divagar mentalmente... En Luces de Bohemia la música no pesa, pero ir al teatro me hizo pensar en el teatro de la Grecia antigua.


En las tragedias griegas se suponía que tras el desenlace, el público, que no estaba concentrado en los atributos físicos de los actores, se purificaba mediante un proceso de catarsis. Nietsche, el filósofo del martillo, tiene una obra titulada “El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música” (1871). Quién haya tenido la suerte de ver una representación de “Las bacantes” de Eurípides, cosa que recomiendo, se dará cuenta de que el punto álgido, previo a la catarsis, con los actores pululando por los vomitorios, más que una tragedia “intelectual”, roza lo espiritual, lo atávico, lo ancestral; algo más próximo a un ritual chamánico o de la tribu. Se trata de un tipo de comunicación esencial, primitiva, que sobrecoge sin saber muy bien por qué (quizá porque, aunque sepamos lo que nos gusta, no somos entendidos en teatro clásico). Yo no he leído esa obra de Nietsche, pero parece ser que impresionó a Jim Morrison, el cantante de The Doors, que se empeño en llevar su música al extremo mismo de ese tipo de comunicación apurando la tendencia dionisiaca, con las conocidas consecuencias para su salud. Salif Keita, –ojo a la mezcla- un músico y cantante negro albino de Mali de familia acomodada (que le repudió por ser albino, signo de mal augurio en la cultura mandiga), descendiente del fundador del Imperio de Mali (Sundiata Keita), en una entrevista reconocía que no entendía lo que cantaba Camarón de la Isla, pero que cuando le oía cantar se ponía a gritar y a llorar por la emoción; Camarón a mí también me sobrecoge. Yo no entiendo lo que Keita canta y no me he criado en la cultura musical africana que me haga conectar de forma especial con su música, como puedo conectar con la guitarra española o con la gaita escocesa; y no me pongo a llorar, pero a veces “poco” me falta. Hay algo en la música que es universal y que conecta con la esencia del ser humano, sea cual sea su cultura. Es más, me parece que es posible que la esencia misma de la literatura en general esté relacionada con la sonoridad de las palabras (no suena igual “metáfora” que “Hemoal (R)”), el ritmo de los versos y hasta la musicalidad de la prosa que, por ejemplo, hizo famoso a Joyce en su “Ulysses”; hay un “algo” rítmico y musical en común del que se hace uso, con placer, desde la antigüedad. Creo que muchos hemos llegado a un estado casi de furor con la música alguna vez, ya sea tocando el violín en la soledad del hogar (cosa que yo soy incapaz de hacer), ya sea cuando te pilla alguien cantando dentro del coche cuando te has venido arriba con un tema de la radio (cosa que yo soy incapaz de reconocer): ya sabes, no te queda otra que seguir cantando y sonriendo con desvergüenza.

Solía gastarme siempre una fortuna en música y libros; la música solía escucharla toda, los libros se me amontonaban. Aún así, nunca el gasto en balde. Mi actual situación de ruina total quizá me deje ponerme al día con los libros si dejo de perder el tiempo pintando gorros rojos en fotos viejas. La música es, junto con las matemáticas, una de mis dos grandes frustraciones; entender a las mujeres no, pues, si se me permite la broma, para mí ya entra dentro de la metafísica (¡de la patafísica!), dentro de esos misterios que perderían su magia si alguien, iluso, intentara explicarlos. Por eso, volviendo a la música, no puedo dar una explicación musical de este proceso como se puede hablar de pentatónicas tratándose de blues, por poner un ejemplo. Seguro que hay ensayos al respecto que dan toda suerte de sesudas explicaciones. Yo sólo quiero marcar que hay algo en la esencia del ser humano (sea cual sea su cultura) con lo que la música conecta y que la música “altera”.

Algún fisiólogo ha sugerido el uso ergogénico/dopante (¿?) de los antidepresivos. Esto, a mi juicio, no carece de sentido. La mayoría de procesos hormonales del cuerpo están regulados desde la hipófisis, que a su vez está regulada por el hipotálamo. Éste, a su vez, está “influido” por aferencias superiores (de estructuras neurológicas superiores), que, en última instancia, “más o menos” directas, provienen del córtex (la famosa “sustancia gris”). Lo que el fisiólogo venía a decir era que, si las estructuras superiores se encuentran bien (no deprimidas, si no activas), esa influencia caerá “en cascada” sobre estructuras neurológicas inferiores hasta llegar a influir en el eje hormonal. Que yo sepa esto no está probado, pero creo que es indiscutible que un deportista deprimido no puede rendir bien y no creo que sea sólo porque no le apetece entrenar. Así que, en cierta forma, me parece que no es insensata la sugerencia del fisiólogo.

Hay gente que prefiere o necesita el estímulo de entrenar con gente, hasta el punto de buscarse “sparrings”, creo que es una dependencia que puede debilitar mentalmente si se torna indispensable. Yo tengo tendencia a decir muchas tonterías y a guardarme una pequeña parcela de solitaria intimidad, por lo que entreno mucho solo. Solía entrenar con música en el minidisk, pero hace unos años decidí dejar de usarla al considerar que no me iba a fortalecer mentalmente lo suficiente como para saber sufrir luego en competición si ella. La corté radicalmente. Así que el otro día, cuando andaba al ritmo de “Subbacultcha” y me di cuenta de la conexión, me pareció que me había estado perdiendo algo. Sales a rodar con música y ésta te estimula: hay en el torrente sanguíneo un plus de adrenalina que le va a dar un extra de calidad al rodaje. Un extra que no tiene contrapartida farmacológica como la estimulación, por ejemplo, de un café cargado; es un extra natural y fisiológico.

Sigo siendo partidario de hacer entrenos fuertes sin música (así como de hacer otros solo) como vía de mejora de gestión de las (malas) sensaciones, pero me parece que el que tenga que entrenar/estar solo pierde una herramienta/tesoro más si no le gusta la música... perdón: si no se ha dado cuenta de que, como humano, le tiene que gustar la música.

9 comentarios:

Ishtar dijo...

Uhmmm, vayamos por partes:

- Yo creía que yo me enrollaba como las persianas, pero contigo casi me tengo que poner en el Calendar del Outlook una planificación en el curro para leerte ;-))

- ¿Entendernos a las mujeres?, ¿para qué?, simplemente hacéis lo que decimos y ya está, es sencillo ;-) (va, venga, te voy a decir un secreto: yo tampoco ;-))

- La música es genial (aunque los Pixies... ejem), pero para correr prefiero oir el entorno, mis pasos, mi respiración... Aunque reconozco que para tiradas más largas en plan trotón seguro que ayuda a no caer en el aburrimiento. Eso sí, los que llevan música yendo en bici... unos inconscientes me parecen.

- Este año estarás en el Festrival, ¿no?. ¡¡Pues nos veremos allí!! :-)

Anónimo dijo...

HOLA!!
Me atrevería a afirmar de manera rotunda que, a todo el mundo le gusta la música y de no ser así es que no ha dado con el tipo de música adecuada (no es fácil salirse de los convencionalismos y de la música comercial que muchas veces no cambia del compás 4x4 y que nos martillea en la radio y t.v a todas horas).
Por otro lado, yo nunca entreno con música, en parte porque los cascos no se sostienen en mis orejas cuando voy corriendo, gracias a dios, pero en mi mente siempre hay una canción. Si toca un trote no importa ni la canción ni el grupo, cuando tocan entrenos más vivos en mi reserva mental saltan ciertas canciones elegidas o ciertos grupos que me han marcado en fases de la vida, en competición y series saltan (podría parecer inintencionadamente pero no lo creo así) un par de canciones que son siempre las mismas y que intento no escuchar mucho, no de cualquier modo para que no se desgasten, como si de guardarlas en una urnita se tratara. No necesito reproductor, en mi cabeza yo elijo la música que va acorde con el momento (también me sirve para no abandonarme cuando las sensaciones no son buenas).
Saludos.

Sergio dijo...

Bonito blog Clemente...

Hablando de música y matemáticas... googlea sobre música fractal.. es fascinante la relación

verbi gratia:

http://www.oni.escuelas.edu.ar/olimpi99/fractales/musica.htm

Clemente Alonso McKernan dijo...

Ishtar,
A)Éste es más corto que el de entrenamiento, así que la tendencia no es al alza; aún así gracias por la paciencia.
B)Si ya obedecemos...somos más buenos!
C)Sin los Pixies ni nirvana ni grunge ni nada, pero a la primera pegada no entran, hay que darles alguna pegada más. Ya sabes que yo aprecio "el silencio" también, pero hay entrenos aeróbicos que se convierten en entrenos basura por falta de motivación, con música a mi me salen mejor (hasta los de la bici, lo siento, no vivo en Madrid, que no es escusa, pero sí un atenuente.
Tendré la suerte de conoceros en el Festrival.

Anónimo, los dias de sensaciones no buenas son dias de entrenamiento mental, yo lo veo así.

Sergio, mi buen amigo Salva (músico, fotografo...artista) ya me ha dado horas de brasa con todo tipo de fractales, pero me quedo con el link y tantearé por ahí, y ya aprovecho para darle yo, esta vez, la brasa a mi amigo. Gracias.

diego dijo...

a mi todo lo que sea musica me vuelve loco. Entiendo perfectamente lo que dices. Quizas mi mayor frustracion es no haber estudiado musica; es algo que tengo ahi, en el debe, y es algo que sé que haré.
lo de las mujeres es algo a lo yo no llego...me falta capacidad.

Furacán dijo...

A mi me pasa lo que anónimo, no entreno con música pero tengo los temas en mente y más de una vez me sorprendo canturreando por ahí en voz alta.
Las mujeres tampoco las entiendo pero muchas veces han hecho que logre entenderme un poco a mi mismo que ya es mucho :-)

eduardo dijo...

Joder, Clemente, eres mi heroe, además de envidiarte por los resultados me encanta el bagaje metafísico/filosófico/sensorial que aportas a todo este mundo que se mide en velocidades, pulsaciones, y segundos. De todas formas te veo como cuando estudiaba la filosofía matemática o las matemáticas desarrolladas por los griegos en las clases de cáculo infinitesimal, quiero decir buscar de cada situación la esencia emocional, la emoción, sentir que se pone la piel de gallina en cada momento, cuando atraviesas Soria por ese precioso parque oyendo música, cuando ves una mágnifica obra de teatro (sin mentes obtusas a tu lado que deberían estar viedo programas del hígado en la tele)cuando escuchas un aria cantada por Andrea Bocelli pero tambien más o menos cuando acabas (en mi caso) a las diez y media de la noche de nadar, porque cierran la piscina y has conseguido hacer el plan del día, despues de haberte levantado a las seis y media, desesperarte en el curro por tango holgazán y chapuzas, acarrear dos crios por actividades toda la tarde, hacer deberes, baños y cenas y no tenar ganas de nada en absoluto..... y aun así buscando muy en el interior encuantras fuerzas y terminas deslizando bien (para mi nivel) y haces balance del día y te suena a música. La música está en todas partes, en un cuadro, en un amanecer, en un paisaje, en un beso. Lo que falta en este mundo es sentido y sensibilidad y tu nos dejas una buena ración. Gracias por lo que me toca, que no es poco. Me suena a buena música. Saludos desde Pucela.
Ah¡. Las mujeres también son auténtica música, la del teatro de Soría sufría de desafino, pero tendría arreglo, digo yo.

Ishtar dijo...

Clemente, yo soy más de rock que de grunge, también a la antigua ;-), pero por otro ramal. Si me pongo esa música corriendo lo que puede pasar es que los rodajes en aeróbico se conviertan en entrenamientos a umbral si me despisto ;-).

Y respecto a las chicas del teatro, no seáis tan duros con ellas. Igual el arte o la filosofía no les interesa, pero os meten un repaso en física cuántica que os dejan tiritando, que nunca se sabe... ;-)

Besicos!

Clemente Alonso McKernan dijo...

Hola otra vez y gracias por los comentarios.

Diego y Furacán. La música está ahí. Hacemos tres disciplinas ciclicas que implican un ritmo, quizá en parte casicasi hacemos música. Lo de las mujeres no tenía que haberlo mencionado... es un tema sensible...suprasensible... ¡qué sé yo!

Eduardo, me sacas los colores internautas. Muchas gracias. Tute de 6:30 a 10:30 con dos niños imparables ¡eres un máquina!

Ishtar. A mí Pixies sí, pero el grunge tampoco me va mucho, era por marcar su importancia en la música popular moderna. Y lo de las chicas era por marcar el chiste de la cara de idiota que se me debió quedar, que seguro que en física cuantica seguro que cualquiera me da un repaso.

Saludos!