miércoles, 30 de enero de 2008

Entrenamiento

Wittgenstein estuvo rumiando su “Tractatus...” mientras combatía en la I Guerra Mundial. Ese Tractatus es la obra filosófica principal del s.XX o, al menos, la que más literatura especializada ha generado luego. Es un “librito” denso que habla, desde el punto de vista filosófico, del lenguaje. Termina con la lapidaria frase “De lo que no se puede hablar es mejor guardar silencio”. De Wittgenstein, a pesar de mi ignorancia, quizá tenga la osadía de hablar otro día, pero de su vida, que de lo que no se puede hablar es mejor guardar silencio. Voy con la frase: no sé si se puede hablar de esto (porque “esto” es algo difuso) y quizá por eso puede que me quede algo enrevesado y largo (¡aviso ya!); podría ponerlo por partes, pero sería el mismo post y el mismo tema, así que cada uno que lo lea, si lo lee, como quiera.

Algunos días voy a nadar a la hora de comer. Es de esas horas perras en las que no se hace nada bien más que estar en una nebulosa en el sofá o de excursión por el Serengueti de la dos. Hay personas que se extrañan cuando se lo digo y lo hacen como si nadar a la hora de comer (por buscar tranquilidad en mi caso) fuera una extravagancia. El concepto de normalidad es de mucha utilidad estadística. Si consideramos que toda la población se puede representar gráficamente para una determinada característica o valor con la campana de Gauss, se puede decir que normalidad es todo aquello que se encuentra en la parte central de la campana de Gauss (se quitan las “puntas”) y que representa un área mayor. Podríamos afirmar, terminológicamente, que los que están en los extremos están fuera de la normalidad y, por tanto, son “anormales”.

Hace años, quien fuera seleccionador, Eduardo No, preguntó al entrenador australiano Sutton por algún consejo, por su parecer. La idea, según mi pobre memoria, era que si quieres andar como los demás, tienes que entrenar como los demás; si quieres andar más que los demás, tendrás que hacer algo diferente a lo que hacen los demás, hacerlo mejor. Yo interpreto que se refería a que hay que innovar, no encasillarse y que no por que lo haga todo el mundo quiere decir que esté bien hecho o que no se pueda hacer algo nuevo o hacerlo mejor.

Yo en este punto paso a la cuestión del límite. Me refiero al límite en el entrenamiento. Vamos a pasar un poco por encima el principio de adaptación biológica en que se basa el entrenamiento (estímulo sobrepasa “límite”, que marca a qué se está ya adaptado, produciendo adaptaciones para poder hacer frente a ese estímulo en el futuro, “salvaguardando” el organismo). Para mí está más o menos claro que hay dos límites que me interesan: el límite que produce adaptaciones y el límite por encima del cual el cuerpo se “desadapta” (sobreentrena). Permitidme esta terminología casera y me explico: en términos metabólicos, el primero “construye” y el segundo, si es excesivo o se sobrepasa a menudo, “destruye”. En alto rendimiento nos suele interesar sólo el segundo, para acercarnos por debajo. Curiosamente el primero no nos suele interesar, habría que acordarse de él más a menudo para no hacer a veces “basura” por debajo.

Otra pieza más de puzzle: En entrenamiento pesan más las herencias que la fisiología. Me explico. Es muy frecuente, por ejemplo en atletismo, hablar de interval, dando igual que sea uno de 200 o los de 800 que llegaba a hacer Zatopek, sin mecionar los descansos, que se trabaje umbral o que se corra con la chorra fuera. En natación, eso sí bastante más científico, los entrenadores manejan un diversas zonas de trabajo (que sí representan rangos fisiológicos) que, en la práctica y a mi juicio, según cómo se ejecute el entreno puede ser difícil saber si se solapan unas con otras o si se deja de hacer lo previsto porque el nadador no se entera o no se quiere enterar. Aunque etéreo en la práctica y oscuro para el nadador (oscuro o que se la suda), sigue una “lógica fisiológica”.


Yo he leído “algo” de fisiología del esfuerzo y he estudiado “bastante” de bioquímica y fisiología humana (aunque sólo sea porque ninguna la aprobé a la primera y me tocó “re-estudiarlas”). Para mí, más que zonas de entrenamiento (AER, AEL, AEM, AEI, PAE, PLA, CLA, CALA, PALA), están las rutas metabólicas, los sustratos y las enzimas de dichas rutas, funcionando todas a la vez, interactuando y manejándose de distinta forma en el tiempo. Desde luego el uso de esas zonas de entrenamiento es una forma práctica y útil de sistematizar el trabajo y no olvidar nada. Da la sensación de que el entrenamiento en natación está mucho más “avanzado” que en atletismo, pero éste posee una efectividad empírica heredada que funciona; de todas formas los deportistas “son buenos a pesar de los entrenadores”. Pero me parece que nos olvidamos a menudo de la fisiología general, de la cinética enzimática (nadie piensa en los mecanismos de activación enzimática calentando, pero un buen calentamiento sigue esa dinámica –ya sé que no depende sólo de eso, eh-), de la bioquímica y de dónde y cómo se realizan todos estos procesos metabólicos.

Voy con el puzzle. Tengo cierta fama de excéntrico, pero yo prefiero decir que no le hago ascos a la anormalidad cuando es en beneficio propio. El que no entiende algo lógico lo tacha de ilógico o de loco, es por lo que suelo considerar esa fama un cumplido de los simples. En la cultura occidental se tiene en cierta consideración la individualidad, la rebeldía, siempre y cuando no nos toque, en contra, de cerca (es algo cultural: en la cultura japonesa –oriental- por ejemplo está mal visto, ahí el ejemplo de Yukio Mishima). Se asocia, a veces generalizando, normalidad a mediocridad, aunque yo querría esperar, de lo que traerá el futuro, una vida, trabajo, familia, felicidad e historia personal de lo más normales. Por desgracia no queremos quedarnos en nuestra normalidad triatlética, queremos mejorar. Y buscamos nuestro límite, un límite que está dentro de nuestra “anormalidad fisiológica” (a lo que no estamos acostumbrados). Yo tengo amplia experiencia en sobrepasar el límite superior que mencionamos antes y (¿os acordáis de “Vídeos de primera”?): “se va el chaval... ¡se va por el barranquillo!”. Pero me parece que esos límites hay que buscarlos y conocerlos, a menos que quieras hacer lo que hacen los demás y ser mediocre en ese sentido. No hacer siempre lo que hacen los demás no sólo en cuanto al límite, si no también en cuanto a formas de entreno: más fisiología y más lógica... menos herencia y entrenamiento empírico (sólo su uso lógico, el “porque sí” sólo tendría que valer cuando las mamás se cabrean).

¿Que he si he intentado ahora encajar las piezas del puzzle? Las piezas: Anormalidad, innovación, límites reales y límites convencionales, fisiología/lógica. Bueno, es que estas piezas no forman un puzzle porque ni siquiera encajan entre sí. Creo que deberían estar dentro de otro puzzle mayor que es el entrenamiento, cubriendo esos huecos que impiden dejar el puzzle perfecto, sin carencias.

A día de hoy no creo que pudiera entrenar a nadie como es debido. Ser entrenador me parece un cargo de responsabilidad. No porque la vida de nadie esté en juego o porque el futuro de alguien peligre al apartarlo de los estudios. Lo es porque está en juego la ilusión del deportista, que lo vuelca todo en su entrenamiento. Actualmente no, pero en el pasado me he labrado un historial de falta de adhesión (que siempre reconocí) al programa de entrenamiento, pero también he de decir que el interés del entrenador de turno no estaba a la altura de mi motivación y mi ilusión (también he de decir que cuando mi interés era correspondido mi adhesión era total). Esa dinámica mutua hacía crecer la desconfianza y la decepción, supongo que ambas reciprocas.

En el futuro me gustaría poder entrenar a gente y me gustaría estar a la altura de esa ilusión. Y, con todos los conocimientos disponibles para el entrenamiento, no me gustaría dejar ninguna de esas piezas de lado a la hora de enfrentarme a ese puzzle. Entrenar es principalmente artesanía, pero para hacerlo bien tiene que haber algo de arte. Seguir un camino propio (no necesariamente normal, no necesariamente anormal: el más útil para cada situación), sin importar si parece extravagante y sin miedo a hacer cosas nuevas, con un tratamiento natural de los límites y más de la mano de la fisiología y de la lógica (pura, no convencional) que de la herencia, con sinceridad, flexibilidad, trabajo y observación dignas de la ilusión de “flipao” del triatleta.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Clemente..creo que en muchos casos, las cualidades extraordinarias de los que llegan a lo mas alto, en diferentes disciplinas..( vease música, ciencia, medicina y un largo etc..)..están rodeadas de una cantidad de factores condicionantes de la personalidad de dichos individuos que les hacen poseedores de esas cualidades en si y sin esos factores quizá no desarrollarían dichas cualidades, como llegan a hacerlo..y me explico..
Es sabido de las excentricidades de muchos genios de la música, el raro comportamiento o ensimismamiento de científicos de la antigüedad y no tan antigüedad..o las excentricidades de deportistas de elite..las cuales muchas veces llevan a mal entenderse por parte a los aficionados..que a su vez sacan conclusiones y juzgan con el "fulanito me cae mal.."..o "a ese se le ha subido a la cabeza"..pero ¿no crees que muchas veces son en si estos factores del comportamiento, inherentes de dichas cualidades extraordinarias? y ¿son capaces de despuntar como genios cuando son capaces de controlar dichas factores inherentes a su condición de genios?
Enhorabuena por tu blog Clemente..te sigo..
Un abrazo..

Carlos Gil dijo...

Clemen,

en el entrenamiento las variables utilizadas para medir o para controlar, llevan siendo las mimas desde hace mucho tiempo. Te pongo un ej. de lo que quiero decir. Nadando se usa el croo y la dstancia como referencias para medir, pero que pasaria si entrnasemos sin etos? Segurament romperimos mas limites y hacer 20x100 no seria una barrera porque harias igual algo de identica carga fisca-fisiologica para el cuerpo pero de cero carga mental. Ahi radica el limite: en la capacidad mental, sobretodo. Calificar de animalada un entreno u otro está basado en as referencias utilizadas para la medida muchas veces. y ahi hay un error, para mi. Si surgiesen medidas para mdir exactamente parámetros fisiologicos, con exactitud y de forma que s epuedes hacer a diario, sería la clave. imagina que avance supondría por ejemplo encontrar un aparato que midiese potencia corriendo? cambiaría mucho la metodica de entrenod e carrera a pie. Por eso, cre que muchas veces por intuición y senscaciones, combinado con honestidad con uno miso 8por arriba por abajo), es lo mas cercano a loq e necetas, te aporta beneficios de verdad y te mejora. Lo de escribir en un pale el entreno, esta muy lejos del alto rendimiento, y del rendimiento medio tb.

Felicidades por el caitulo.

CARLOS

Clemente Alonso McKernan dijo...

Gracias por los comentarios.

Me parece un tema muy delicado, del que probablemente muchos tengan opinión formada.

Anónimo, el tema que propones es interesante. Quizá está un poco más dentro de la psicología. No soy yo muy aficionado a ella, en tanto en cuanto sus fundamentos no permiten una precisión matemática, que hace que la psicología sea un corpus de teorías que no se pueden demostrar como se puede demostrar el teorema de Pitágoras. Por lo tanto sólo podemos opinar con el placer que da la conversación entre amigos, pero no aseverar.

Yo creo que quizá sea un poco de las dos cosas. Sabemos que los niños superdotados tienen problemas de integración. Ser inteligentes no les ayuda a encontrar la forma de adaptarse a su pequeños coetáneos; cabe incluso la posibilidad de que su aislamiento potencie su desarrollo intelectual, al no tener otras vias de escape. Y su personalidad se forja con ese impedimento y, estoy seguro, es distinta a lo que sería si se hubieran criado con gente de su misma inteligencia. Creo que hay muchos casos distintos como para generalizar de la forma tan simple que hemos usado para la inteligencia. También que esas cualidades causan comportamientos distintos así como en otras ocasiones los comportamientos distintos ayudan a conseguir ciertas cualidades (no creo que haya un solo maratoniano que no sea un currante disciplinado, no creo que haya raiders buenos que antes no tuvieran una aguante exagerado a la adversidad fisica y medioambiental.

Los siento, no aporto mucho a tu pregunta, pero, siendo un tema delicado, no he pensado en él lo suficiente como para opinar siquiera.

Saludos

Clemente Alonso McKernan dijo...

Carlos,

creo que lo que propones es uno de los caballos de batalla de la fisiología del esfuerzo actual. Sabes que se puede hacer un control e carga externa que resulta más o menos fácil en función de la paciencia que tengas para medir todo lo que se puede medir. La carga externa es toda la carga que se hace de lo "manda el entrenador". Es cuantificable relativamente. Distancias, W, velocidad, consumo O2, pulso, etc. La interna es la carga fisiológica que supone para el cuerpo.

Yo tengo mi opinión para esto, pero es una opinion de intruso, porque yo no entreno a nadie, pero tengo mucha experiencia de manejarme a mí mismo. El entrenamiento está dentro de la biología, y como tal está más sujeta a la matemática de Caos, con lo que resulta imposible de medir con exactitud. Llevo unos dias con dolor de muela -se me ha roto un empaste-: de qué sirve el control de carga externa esclavizante si no estoy durmiendo bien y mi entrenador no lo sabe. Llevar cierto control está bien, pero ya sabes que hay entrenadores que no ven la piscina porque la pantalla de su ordenador está en medio. Control externo hasta cierto punto.

El control de carga interna es un mundo por explorar. Se usan parámetros bioquímicos, hormonales, nerviosos, etc. Pero a fecha de hoy creo que nadie ha dado con algo práctico y que resulte que no sea la observación de un entrenador responsable y preocupado.

Hace poco el ex-entrenador de quien guardo mejor recuerdo, Julio Calleja -un fenómeno-, defendió su tesis sobre control de carga interna que ha hecho bajo la supervisión de Terrados (nada menos). Le llamaré a ver que me comenta, porque no he tenido oportunidad de que me hable del tema, de su trabajo. Ya cuando sepa algo más te comento, que te debo un correo, pero estoy en ello, eh.

Lo de la parte mental. Uff eso requiere un post aparte que me llevara meses preparar. A ver si pudieramos tomar un café tu y yo antes y hablar del tema. Seguro que sacabamos cosas en claro.

Gracias por tu seguimiento. Ya sabes que es mutuo.

un abrazo

robert mayoral dijo...

pues de todo lo expuesto me quedo con lo de " si quieres andar más que los demás tendrás que hacer algo diferente a los demás"....aunque claro, no todos tenemos la calidad para pasar por delante....
felicidades por el post!!!

Ishtar dijo...

Pufff, como ya te he dicho en otro comentario, no tengo las nociones de biología o fisionomía humana como para captar el 100% del mensaje, pero aun así lo intento asimilar.

Veo que compartimos opinión sobre la psicología (debe ser "deformación profesional" de los que somos "de ciencias" ;-)) y también sobre lo terriblemente complicado que debe ser eso de entrenar gente. Son tantos los parámetros... (y más en las mujeres, con nuestros ciclos hormonales que parece que no pero influyen muchísimo!).

Oye, el japo ese de la foto es el loco este que cultivó su cuerpo hasta el extremo y luego se suicidó, ¿no?. Leí su historia en el blog de Kirainet, creo... un tipo curioso...

Besicos!

Sergi Sierra dijo...

Hola Clemente.

Pero, ¿cómo saber cual debe ser la carga idónea para el deportista?. ¿Con qué carga no lo someteremos a un estímulo muy por encima de sus posibilidades? Es tan complicado, por no decir, imposible todo esto...

Cada cuerpo es un mundo y, a igual que existe un umbral del dolor o una tolerancia a éste, estoy convencido que también se posee un umbral que posibilita la adaptación al estímulo planteado y para el cual, el cuerpo es capaz de asimilar y regenerarlo. Otros, en cambio, lo sobrepasan y caen en el sobreentrenamiento absoluto.

Y aquí viene la gran quimera: “¿cuándo sabremos en que momento alcanzamos ese punto?” Creo que ahí ya hay muchos factores que influyen y que no dispondremos porque no toda la carga viene a través de la carga ofrecida durante el entrenamiento (familia, trabajo, descanso, sueño, alimentación, etc.). Si desconocemos la carga aplicada (entendiendo que estos factores ajenos al entrenamiento lo son) y tampoco conocemos cuál es el limite del deportista en cuestión, llegamos a la conclusión que muchas veces –por no decir casi siempre- acabamos entrenando por sensaciones a pesar de los pulsómetros, potenciómetros, ... que utilicemos. Todo acaba derivando en la experiencia del propio deportista y del propio entrenador (con ese deportista).

Dos ejemplos:
Primero, Gregorio Rojo (DEP) entrenó tanto a Abascal como a Reyes, y él mismo nos comentaba la gran diferencia a nivel de volumen y de sometimiento al entrenamiento que necesitaba tanto uno como otro, y las grandes diferencias que existían entre ambos a nivel de entrenamiento (evidentemente, en la misma prueba).

Segundo y aprovechando el ejemplo del interval de Zatopek. Conocidos fueron sus 70x400m. con recuperación de 200 metros ligeramente más suave y le funcionó a él, en cambio, ¿cuántos se “quemaron” por tratar de copiarlo? Él fue un innovador –digámosle “anormal”- al cual le funcionó su “anormalidad”, en cambio otros deberemos adaptar nuestras “extravagancias” a nuestras “condiciones”.

Un saludo y me encanta tu blog.

Clemente Alonso McKernan dijo...

Gracias por los comentarios.

Robert, dale tiempo al cuerpo, verás. El curro sale, mientras, como dice Higuero, lo importante es sumar.

Ishtar, Mishima era todo un personaje. Culto a cuerpo, montaron un miniejército para rebelarse contra el poder establecido en el que la cúpula militar, digamos, se amancebaba entre sí. No lo cito como ejemplo a seguir, si no como caso extremo de rebeldía y de seguir el camino propio en un pais donde es muy dificil hacer tal cosa. Quizá su anormalidad, apartando lo "menos vistoso", le permitía escribir cosas que a muchos gustan.
(Por cierto, siendo un inútil internetero, te he plagiado un poco el blog, espero que no te importe: hay que tomar ejemplo de lo bueno).

Sergi, lo del control de carga, como le dije a Carles, es un tema de moda. Yo personalmente creo que no es todo malo cuando la cagamos alguna vez: se saca mucha información. Los datos que se comentan son útiles y, teniéndolos todos en cuenta, dan una idea general. Mi idea en el futuro sería la de "entrenar" en el deportista también la capacidad de reconocer la evolución del proceso de entrenamiento propio, potenciando el autocontrol, la gestión de las sensaciones de fatiga que, al mismo tiempo, sirva para implicar más al triatleta en su entrenamiento, haciéndole más responsable (y así motivando), y hacer útil, a medio y largo plazo, información tan de primera mano como la que hay dentro del cuerpo que se está entrenando (que la cabeza sea una herramienta más). Imprevistos e imprevisibles siempre hay, un deportista responsable y conocedor de su fisiología siempre está en el momento y lugar adecuados para resolver cualquier dificultad, el entrenador quizá no.

Saludos a todos

Ishtar dijo...

¡¡Claro que no me importa!!. Además, los chicos de Accuweather no te defraudarán!!, son los que más aciertan... a veces incluso clavando el pronóstico horario :-O. Y eso, para los que montamos en bici que nos pasamos el día mirando al cielo para saber si podremos salir, es toda una ventaja ;-))

BEsicos!

Mabel dijo...

Me ha encantado esta frase: "El que no entiende algo lógico lo tacha de ilógico o de loco, es por lo que suelo considerar esa fama un cumplido de los simples"

Me atraen las rarezas poruqe esconden algo que que no tengo y quisiera tener.

Te sigo. Saludos de cabellera rubia.

aitor alberdi dijo...

Hola Clemente!

Soy Aitor Alberdi.

¿Como te va? Salseando por internet he encontrado esta página y la verdad...IMPRESIONANTE!

Lo del entrenamiento estoy de acuerdo contigo; a ver si tenemos la ocasion alguna vez para poder comentarlo con tranquilidad.

Julio Calleja un autentico jefe!

Yo si viviera cerca de madrid ya tendrias un voluntario.

Clemente cuidate y dale caña!!

Un abrazo!

Aitor