jueves, 6 de diciembre de 2007

El silencio

No es exactamente el silencio, pero para mí es lo más parecido al concepto que tenemos (o que tengo) de silencio. Es más, cuando en verdad hay silencio nos parece que queda un residuo acústico, un pitido sordo que puede resultar ensordecedor si se ha estado recientemente un entorno ruidoso.

Hoy fui a patinar durante un rato, con bastones, como si fuera ski de fondo, por Valonsadero. Desde luego es mucho mejor en nieve donde hay veces que sólo se oye como deslizan los esquís. Lo que yo oía, si me concentraba en oír con las orejas como decían los de Gomaspuma, eran los bastones clavándose en la pista, los patines –primero uno, luego otro- y mi respiración, más o menos por ese orden; sin embargo, abandonándome a mí mismo, la sensación era de aislamiento total, de un silencio absoluto. La voz que tiene el silencio es la de mi conciencia: en estos momentos se da un monólogo interior del que soy lejanamente consciente (“parole interieur” que dirían los seguidores de Joyce), donde no dirijo mis pensamientos y mi cabeza navega a la deriva, pero con una lucidez indiscutible, sin dudas, sobre temas que, a menudo, casi ni a mí me interesan. Es un rato que me dedico a mí mismo, pero vaga y distraídamente. Me gustaría saber lo que pasa por las cabezas de los alpinistas cuando pasan horas callados por encima de 6000m de altitud, mientras ven cómo sus pies van poniéndose uno delante de otro sucesivamente como algo que les es ajeno.

Hace poco leí en un foro en el que discutían qué era lo que se pensaba en tantas horas de silencio en larga distancia. Se concluía por allí que lo que había que pensar era el desarrollo correcto, cuándo hidratarse, cuándo comer, etc. Bueno, creo que esto es cierto en parte, pero lo que se tarda en pensar estos asuntos es mínimo, la mayoría de las veces se decide en un segundo y en segundos dispersos a lo largo de toda la prueba; son pensamientos esporádicos. El resto del tiempo uno va consigo mismo. Cuando técnicamente nadas bien, no vas pensando “tengo que meter el brazo así, y respirar de tal forma e ir mirando...”; cuando vas bien todo eso está automatizado y cuando estás inspirado la fluidez es total. De la misma manera, cuando has hecho los deberes, en larga distancia la mayoría de las cosas salen solas y las cuestiones importantes se deciden en instantes. La gestión de las sensaciones me parece de bastante más peso y tampoco es tanto el tiempo que se emplea en ella; mantener las exigencias altas y no ceder en ningún momento son cosas que durante la mayoría del tiempo (salvo en las crisis) se hace de un modo automático. El resto del tiempo vamos en silencio, en un silencio que yo imagino que debe ser similar al de esos alpinistas. Esto no creo que sea algo cualitativamente distinto en otros deportes de fondo. Hay un pequeño libro de Sillytoe que se titula “La soledad del corredor de fondo”. Yo creo que esa soledad y el silencio que acarrea son especiales, aunque después de leer el libro dudo que el autor la haya experimentado mucho. Sin embargo, creo que la mayoría de los que hemos entrenado (o andado por el monte, por ejemplo) muchas horas solos sabemos, aunque sea grosso modo, de qué va la cosa.

Son esos ratos donde nos descubrimos de una forma en que la mayoría de la gente no puede y no entiende. Esos ratos dan una fortaleza de carácter fundamental y por eso yo creo que hay que entrenar sólo de vez en cuando, sin música, sin distracciones, gestionando las sensaciones, el ritmo y la soledad que nos van a acompañar compitiendo. Pero lo de la soledad ya es un tema aparte, más que temerla como otros tengo cierto apego a conservar ciertas parcelas de solitaria intimidad.

Otra forma de valorar el silencio. Anoche unas vecinas decidieron hacer un botellón. Tenían unos invitados en esa edad en la que es algo más fácil ser imbécil; a ellos sin duda alguna era algo que se les daba bien (yo también lo hice bastante bien en su momento… espero que ya no, o no demasiado). Sólo se les oía a ellos gritar y yo necesitaba silencio para dormir y, oyendo las cosas que decían, me di cuenta de que es mejor estar callados. Todo el mundo habla, pero no importa porque generalmente nadie escucha. Así que para rematar este enfoque y para lo que hay que decir creo que es mejor estar callado muchas veces; es difícil saber si lo que vamos a decir será mejor que el silencio.

En las imágenes un esquiador de fondo con un estilo que me gustaría tener (seguro que yo tengo más estilo cayéndome, es algo que trabajo siempre que voy), en la segunda el aislamiento en la bici del ironman (Stadler manteniendo 280w durante 180Km) y después vemos una imagen del K2, no sé si de la ruta de los Abruzzi, que era lo que estaba buscando.
Ya estoy en Soria y tengo donde vivir. Ya empecé a entrenar. El cuerpo es un cabroncete desagradecido o algo olvidadizo, y cada entreno que hago me regala una pequeña excursión al Gólgota en los últimos minutos. Y sin embargo disfruto y espero todo lo que está por venir para que me cambie y sea otro a cada instante para “a eterna novidade do mundo” como dijo Pessoa. Y, por que imagino que aquí en Soria pasaré otro montón de horas solo y en silencio y me acordaré de la admiración de la generación del 98 por los campos de Castilla, me dio por hablar de esto hoy.

9 comentarios:

TriAndres dijo...

Hola Clemente, me gusta el rollito filosofico que le das al blog.
Estoy de acuerdo contigo en que a veces es necesario entrenar en silencio y dejarse llevar por las sensaciones, olvidarnos del pulso, no mirar el cuenta, no fijarnos en el reloj al llegar a la pared de la piscina...
Aunque a veces cuando hago esto pienso si estamos un poco locos, jejejeje.

Bueno, desearte que puedas cumplir todos los objetivos de la temporada y te vaya bien por Soria.
Cuidado con entrenar con los atletas!!!

Un saludo

Anónimo dijo...

Parece que desde hace tiempo estabas necesitado de una limpia, refiriéndome a una enagenación parcial de la sociedad o de cierta sociedad al menos. Es un proverbio árabe el que dice que si algo no es más bello que el silencio no lo vayas a decir.
Es ese silencio del que hablas el que debe ir acompañado de cierta soledad para que echemos la basurilla fuera y divaguemos un rato, es por eso que me encanta correr o los deportes individuales en su defecto.

Anónimo dijo...

Y ahora me pregunto.. son esas cavilaciones acerca del silencio y todo lo demás, normales o sólo forjadas en aquellos caracteres que eligen deportes individuales. Es decir un jugador de un equipo de hockey, por ejemplo, se plantea acaso algo similar?

Clemente Alonso McKernan dijo...

Esta última pregunta me parece muy buena. Un poco en parte como lo del huevo y la gallina. Quizá un poco de ambas cosas. Antes de empezar con deportes individuales a la cabra ya le tira el monte. Después, una vez allí, puede que a la cabra le guste más aún el monte, o puede que se dé cuenta de que para hacer triatlón, a ojos de los forasteros, se de cuenta de que hay que estar un poco como una cabra para hacer triatlón. Bromas aparte, supongo que tendremos una predisposición de ánimo para esto. Gracias por los comentarios

Furacán dijo...

Totalmente de acuerdo, no lo habría podido expresar mejor (ni sabría).
No hace mucho escribí en mi blog algo al respecto: "...a veces me doy cuenta del valor que tiene poder escuchar el silencio y lo bueno que es para nuestra salud física y mental" y ahora releyendo tu post coincido contigo en que cuando escuchamos el silencio también nos estamos escuchando a nosotros mismos sin tantas interferencias externas.
Es interesante lo que plantea anónimo, a veces también me lo he preguntado. No lo sé, quizás se dé en un mayor porcentaje en los deportes individuales pero creo que no todos los triatletas/fonderos se plantean estas cosas, por lo menos veo alguna gente que son buenos competidores en el sentido físico pero que luego su conducta no es la de alguien que haya asimilado este proceso reflexivo, mucho desarrollo físico pero muy poco interior... no sé, es mi opinión, supongo que daría para otro debate.

un saludo!

triluarca dijo...

Si habeis conocido escaladores (tanto aplinistas como deportivos, aunque cada uno por su lado) y surfistas, podriais pensar que los triatletas no estamos muy lejanos, aunque sí algo distantes, y quizas demasiado egocentricos

Iván Tejero Vázquez dijo...

Son reflexiones que me encantan, tendré grabadas muchas de tus palabras, gracias por ellas.

anónimo Sánchez dijo...

Llego tarde a los comentarios pero he descubierto hoy el blog, via Marc Roig. Mi primo surfero me decía siempre que los triatletas somos los únicos pijos que sudamos. Dicho esto con toda la buena intención del mundo me pareció cierto hasta cierto punto.

Anónimo dijo...

Hola Clemente, mi Enhorabuena por tu blog, esta genial.
Me quedo con esto:Mejor estar callado muchas veces; es difícil saber si lo que vamos a decir será mejor que el silencio.
Moni